jueves, 28 de julio de 2011

Ruta de los Cinco Cerros

Desde la extensa llanura ondulada donde se encuentra Torrijos, mirando hacia cualquiera de sus horizontes, podemos distinguir sin dificultad hacia el norte el abrupto y joven Sistema Central y hacia el sur los suaves y longevos Montes de Toledo.
Ambos sistemas encauzan al río Tajo en su andadura por tierras toledanas haciendo de columna vertebral a una extensa llanura cerealista. Llanura que queda salpicada por pequeños montes isla en su margen derecha como pueden ser las mesas de Barcience, Rielves, Villamiel, Villaseca; o cerros testigo por su margen izquierda como los de Noez, Layos, Pulgar, Sierra de Nambroca o Sierra de la Oliva. 

El objetivo de esta ruta era ascender a estos cinco cerros testigo del margen izquierdo del río Tajo, que establecen una línea bien definida, previa y parelela a los Montes de Toledo.

[Mira la ruta y descárgatela para GPS]

Debido a la fecha en la que estamos y el lugar donde nos situamos, (la segunda quincena de julio en Toledo es calurosísima) decidimos tener una hora de salida que coincidiese con la salida del Sol. Así pues a las 7:00 estábamos en Pulgar preparados con el Sol asomando en el horizonte tras el pico de Layos.

Amanecer sobre el pico de Layos, desde Pulgar.

Salimos por la carretera de Noez y en menos de un kilómetro sale un camino a la derecha hacia una granja ganadera que dejamos de lado para llegar a los pies del primer ascenso de la mañana, el "aperitivo" como lo definiría Javi. Para subir a este pequeño cerro existe un camino bien adecentado y flanqueado por pinos que nos lleva hasta la mitad de la ladera, terminando en un precioso mirador. Este mirador nos muestra, siempre hacia el sur, una imágenes espectaculares de Pulgar y sus campos hasta la línea del horizonte definida por los ya próximos Montes de Toledo.

Mirador del cerro de Pulgar, con Pulgar al fondo.

Del mirador sale un sendero con una pendiente no apta para las bicis que asciende a lo alto del cerro, asi pues, haremos el primer "empujing" de bicicleta de unos cortos 100m que nos situarán en lo alto. Arriba ya las pendientes se suavizan y sobre la bici podemos dar un pequeño rodeo para observar el Sol levantándose tras el cerro de Layos al Este. Detrás de él, la sierra de Nambroca y a lo lejos, con dificultad, podíamos observar los gigantes eólicos de Almonacid. Mucho más próximo, hacia el norte, nuestro siguiente objetivo, el pico de Noez. 

Tras colocar simbólicamente el GPS sobre el vértice geodésico, 872 msnm, (gesto que repetiría sobre los cuatro vertices restantes) inciamos un descenso peligroso con mucha pendiente y cantos puntiagudos sueltos por un pseudocamino que competía con ser un cortafuegos hasta la base para retomar el mismo camino por el que hicimos la aproximación y vuelta a Pulgar.

Ahora saldríamos de Pulgar por un camino rural asfaltado hacia el Oeste, para rápidamente enlazar con un largo, recto y ondulado tramo hacia el Norte, con Noez y su sierra de fondo. Unos 8 kilómetros de recorrido que sirvió para observar lo rápido que levanta el Sol al amanecer; bella estampa a la derecha de nuestro sentido de marcha, y mentalizadora cuando alzábamos la vista al frente, con el "primer plato" del día ante nuestros ojos. 

Dentro de esta localidad sale el camino muy bien acondicionado que ascenderá hasta la mismisima cumbre de la cima. Camino en tan buen estado que es posible subir en vehiculos a motor. La pendiente media de un 13% superada solo por las curvas de herradura donde se pronunciaba más la inclinación.

Se comienza el ascenso por la falda sureste llegando a pasar en algun corto tramo por la cara norte. Antes de llegar a la cima varias curvas de herradura muy seguidas aumentan el desnivel, que sumado al desgaste del ascenso hace pesar las piernas, pero la motivación de estar en la cima contrarresta el cansacio. Una vez arriba, hay una plataforma donde se encuentra el vérice geodésico y una piedra de granito grabada con los nombres de los pueblos que se divisan desde la cima.

Cima de Noez, al fondo las Barrancas.

Hacia el norte observamos Las Barrancas desde una perspectiva casi aérea. Hacia el sur divisamos los campos por donde nos hemos aproximado y el cerro de Pulgar.
 
Empezamos a echar de menos unos prismáticos para sacar partido a las vistas de estos ascensos, pero lo bien acondicionado de la subida nos apacigua para realizar una futura subida motorizada.
 
Tras colcar el GPS sobre el vértice, 1013msnm, sin demora y con cuidado, comenzamos el recuperador y disfrutón descenso, aun con frescor en el ambiente.
 
En Noez, ahora si, giramos rumbo Este, que será la dirección a tomar para el resto de la jornada, en busca de la alineación de estas elevaciones geológicas. Asi pues, salimos por el camino de Casas Buenas, hacia esta misma localidad rodeado de campos de cultivo hasta el arroyo de (...). Desde aquí el camino ondula, ahora entre olivares. El tramo en todo momento es asfaltado y con un ligero descenso de cotas, lo que nos permite rodar eficazmente para economizar tiempo.
 
Cruzamos Casasbuenas y tomamos el camino que desciende hasta la cola del pantano de Guajaraz. Este tramo es en parte arenoso y tendremos que ser hábiles sobre nuestras bicicletas si no queremos poner pie a tierra, aunque siempre estos bancos arenosos se realizan en descenso, lo que ayudará a nuestra habilidad para mantenernos sobre la bicicleta.
 
Cruzamos el arroyo de Guajaraz, seco en está época estival. Comenzamos ahora un bonito tramo trialero muy divertido que bordea la parte trasera del susodicho pantano y que nos evita cruzar por el medio de la Urbanización del Campo de Golf de Layos. Estamos en el punto más bajo de la ruta, unos 612 msnm.
 
Cola del pantano de Guajaraz.

Este mismo tramo trialero nos va a dejar, sin pérdida, a una calle que asciende directamente al pueblo de Layos, dejando a la derecha todas las instalaciones de la gran urbanización Campo de Golf.
 
Aquí son las 9:30 de la mañana y paramos en un bar a tomar un refresco antes de afrontar el "segundo plato". Hablamos con alguno de los lugareños sobre nuestro objetivo; nos advierten que es una finca privada pero a pesar de ello se puede pasar. Y se ríen cuando les comentamos nuestro propósito de ascender hasta lo más alto. Afirman que es imposible y apuestan que no lo vamos a conseguir.
 
Retomamos las monturas y continuamos la aproximación hacia los pies del cerro, siempre hacia el este. A medida que nos acercábamos, la cumbre imponía respeto. Cuanto más cerca estábamos más asustaba la subida, sobre todo cuando al fondo comenzaba a percibirse lo que suponiamos el camino de ascenso, una auténtica línea recta hacia el cielo que hacía caso omiso a las curvas de nivel sobre las que suelen bailar los caminos para hacer un ascenso lo más ameno posible. Un paredón rojo se abría entre las encinas y vegtación silvestre típica de la zona.
 
Encontramos la primera de las tres placas rojas que rezaban "Propiedad privada. Camino particular" que parecian apiadarse de nosotros a nuestro paso, ignorantes de lo que nos esperaba metros más adelante.
 
Tras ascender el paredón rojo, recto, pero con la piedra compactada, sabiamos que el camino comenzaba a bailar sobre la falda hasta llegar a la cumbre, lo que nos hacia esperar una pendiente algo más suave para la conquista de la cima. Pero cual es nuestra sorpresa cuando vemos que, efectivamente los porcentajes disminuyen relativamente (no dejan de ser un 14-15%) pero el camino esta completamente roto. Andar sobre él era avanzar dos pasos y deslizarnos hacia abajo uno. Por momentos algunos pequeños tramos mejoraban y los usábamos para montarnos y descansar nuestros gemelos que comenzaban a cargarse por el ascenso en estas condiciones empujando la bicicleta. Así hicimos los dos tercios de subida restantes.
 
Aún hoy me pregunto porque razón subimos en esas condiciones; por una épica personal, por un reto absurdo, por decir "yo estuve alli" o por contradecir a los lugareños de Layos, en parte, porque realmente no subimos montados en la bici, si no que subimos con la bici.
 
Alto de Layos, al fondo el pantano de Guajaraz.

Sea lo que fuere, allí nos presentamos. Vistas más espectaculares aún si cabe que los dos ascensos anteriores; y confirmando su definición de cerro testigo o monte isla. Porque realmente existe la sensación de estar sobre una isla rodeado de un mar de tierra con tonos cálidos, marrones, rojizos, amarillos... Experiencia rara pero muy gratificante a la vez, que de nuevo pagó todo el esfuerzo realizado en la sacrificada subida.
 
Alto de Layos, al fondo el pico de Noez.

Dejamos las bicis y fuimos en busca del vertice geodésico, esta vez escondido entre la vegetación. 1063msnm. Techo de la ruta.
 
Vértice geodésico de Layos.

El descenso es extraordinariamente técnico. Lo bueno de sufrir con la bici a rastras es que luego desciendes sobre ella disfrutando de una de las modalidades más agresivas y técnicas de este deporte. Cero penalizaciones en la bajada, pero sí un par de sustos a pesar de la prudencia mostrada. Al final las muñecas muy cansadas de la continua tensión ejercida sobre ellas. Por primera vez deseé el término de un descenso debido al sufrimiento de los antebrazos.
 
Una vez abajo retomamos el camino hacia Ajofrín para cruzar entre elevaciones menores que rodean esta mole en medio de la llanura y bordearlas. Antes de llegar a esta localidad nos desviamos para salir a curzar la carretera N-401 que une Toledo con Ciudad Real.
 
Tras el peligroso cruce por esta transitada carretera, nos situamos a los pies de la sierra de Nambroca. El calor comienza a apretar, hemos perdido mucho tiempo en el ascenso a este último cerro.
 
Cogemos unas rodadas que separan el límite entre las tierras de cultivo y la ladera de la sierra que nos permite bordear esta alineación contínua de seis cerros unidos por pequeños collados hasta situarnos a los pies del cuarto y más alto cerro de los que se compone.
 
Antes de iniciar el ascenso descansamos unos minutos a la sombra de un olivo y nos percatamos de que estamos faltos de líquidos. Tras descansar dos breves minutos iniciamos el ascenso al "postre", el cual se nos atragantaría un poco.
 
El ascenso es como el de Layos pero a escala más pequeña. Un rampón recto, duro, con piso mas o menos ciclable que acaba en una cadena que corta el paso y donde el camino zigzaguea timidamente para salvar el desnivel que resta hasta la cima, pero ahora con una pista impracticable para montar la bicicleta. Es decir la misma historia que en la subida anterior pero con mucho menos metros de ascenso. Javi insiste en subir con la bici los últimos 100m donde los cantos parecian estar más que sueltos, vivos... Era mirarlos y derramarse hacia abajo. Yo decido dejar la bici a la sombra y subir ese pequeño tramo andando.
 
Tramo con piedras sueltas y gran desnivel.
 
Una vez arriba, nuevas vistas. El parque eólico quedaba ya muy cerca hacia el este, pero las fuerzas empezaban a flaquear. Al oeste podiamos observar los tres cerros ya conquistados.
 
Cerros de la sierra de Nambroca y molinos eólicos al fondo.
 
GPS en el vértice, 922 msnm. Y descenso, primera parte andando, segunda en bici y a faldear hacia el este por una preciosa vereda de un palmo de anchura que va bordeando la sierra hasta que esta acaba para salir directamente a un camino ancho y adecentado que coincide con una de los trazados de las Rutas del Quijote que viene de Nambroca y se dirige hacia un descansadero a modo de oasis en el que esperábamos encotrar una fuente con agua.
 
Descenso por la vereda de la sierra de Nambroca.

No encontramos agua en el descansadero, causa que realmente limó mucho nuestra motivación por afrontar nuestro último ascenso a la Sierra de la Oliva, convertido en parque eólico. Pero estaba tentadoramente cerca y el ascenso parecía muy adecentado para los servicios de mantenimiento de los cinco molinos eolicos que componen el parque. Así pues nos liamos el manto en la cabeza y comenzamos la aproximación.

Antes de iniciar el ascenso encontramos dos chicos de mantenimiento con su furgón en la caseta que da paso a la estación eólica. Les preguntamos si tenia un grifo de agua para rellenar los bidones y muy amablemente nos dieron una de sus botellas de litro y medio de agua fresca que nos resultó más que revitalizadora. Bebimos, rellenamos los bidones e iniciamos el ascenso con nuevas fuerzas, tanto físicas como mentales, al "café" de la comida.
 
La subida como supusimos fue la más sencilla de todas, camino ancho, adecentado, cuidado y sin mucho porcentaje de desnivel; excepto en la subida al último coloso con aspas. Alli, en el más situado al este pudimos obsevar el castillo de Almonacid en otro de los montes isla de la zona. Pero este lo dejaremos para otro proyecto.
 
Almonacid con su castillo en lo alto, desde el parque eólico.

Los gigantes imponian desde su base y el ruido y velocidad de sus aspas atemorizan a cualquiera que por alli deambulase. Eran las 12:45. El sol pegaba con rabia y ya no teniamos de nuevo nada de agua.
 
Molinos de la Sierra de la Oliva.

Faltaba el regreso. Al fondo veiamos el cerro de Pulgar en la lejanía que resutaba demoledor psicologicamente, pero no teniamos mas opciones que volver o... volver.
 
La ruta estaba indicada con vuelta por caminos, aunque había hecho una puerta de escape para un supuesto caso como este de emergencia en el que se nos fuese el tiempo o las fuerzas. Ese era el caso.
 
Descendimos hasta el descansadero de la Ruta del Quijote y tomamos el cruce de caminos hacia el sur buscando la localidad de Chueca. Paramos a reponer líquidos y muy amablemente nos llenaron los bidones de hielo y agua fresca que junto a las dos Coca-colas y los 5 minutos a la sombra hizo que nuestros cuerpos cargasen las fuerzas suficientes y definitivas para llegar a nuestro destino.
 
Era la 13:00 cuando salimos hacia el oeste en busca de Ajofrin por un camino agrícola asfaltado. Las piernas volvían a responder y llegamos pronto a la localidad. De Ajofrín tomamos la carretera vecinal TO-4004 que nos puso a las puertas de Mazarambroz.
 
En Mazarambroz tomamos hacia el oeste la CM-410. Las piernas volvian a responder y por su ancho arcén tomamos medias de 30/40 km por hora. Tras un largo llaneo y un par de breves repechos nos plantamos sin darnos cuenta en la salida a Pulgar por la TO-7815 que nos dejaría en la localidad de inicio en tan solo 45 minutos después de haber iniciado el regreso desde la localidad más alejada, Chueca.
 
Ruta dura y muy sufrida por los tramos de "empujin" en Layos y Sierra de Nambroca y sobre todo por el calor a partir de media mañana. Al menos ya podemos decir cuando pasemos con el coche "yo estuve alli arribota con la bici", espero que al menos esto justifique es esfuerzo de hoy. Por otro lado, los tramos trialeros de la cola del pantano del Guajaraz y la vereda de la sierra de Nambroca han dado un punto muy disfrutón junto con los descensos a esta nueva ruta a compartir.

2 comentarios:

  1. Muy bonita la ruta, nuestra Meseta Castellana también tiene su encanto incluso en verano. Por cierto, tenemos un proyecto común, la etapa de la Vuelta que pasa por Mijares.

    Saludos y pedaladas ....

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  2. Hola Jose Luis! gracias por leer el blog y por comentar. Respecto a lo de la etapa de la vuelta, se me habia ocurrido hacer un mixto por parte del ascenso y pistas forestales de la zona. Aprovechando que cae en sabado y el paso por el puerto es sobre las 14:30 horas. Podemos ir, hacer la ruta y quedarnos a ver la subida. Ya lo hablamos. Un saludo!!!

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