martes, 29 de noviembre de 2016

Microreserva Garganta de Las Lanchas

Los vetustos y, cada vez más, privatizados Montes de Toledo guardan aún escondidos y públicos rincones para el disfrute libre por parte de senderistas. Es este el caso de la bonita microrreserva natural situada en la ladera norte de la Sierra de Sevilleja; una de las múltiples y desordenadas elevaciones que componen este modesto sistema montañoso.

Las Hunfrías, de donde parte esta ruta, es una humilde pedanía de la localidad Robledo del Mazo. Situado en la cabecera del nacimiento del río Gévalo, está enclavado en el suroeste de la provincia toledana. Una zona tranquila y con un encanto especial para pasar una bonita jornada de senderismo.

Primera chorrera
La ruta recorre de manera lineal la Garganta de las Lanchas, que nos presenta orgullosa sus cinco chorreras estacionarias. Es por ello que es recomendable visitarlas tras épocas de lluvia para poder disfrutar en plenitud de su bella exuberancia.

Powered by Wikiloc


La ruta se inicia junto al cementerio, por una ancha y cómoda pista forestal que nos introducirá en busca de la microreserva. Un cuidado pinar y varios cortafuegos nos indican que nos encontramos en una zona de intenso trabajo forestal.

Antes de llegar al tercer kilómetro de camino, veremos una caseta que nos da la bienvenida al verdadero objetivo de la ruta.

Justo a sus espaldas, y tras cruzar el propio cauce del arroyo, sale un desvío a la izquierda que nos aproxima a la base de la primera chorrera.
Acceso a la primera chorrera
Atónitos nos quedamos al oír como el agua caía tras la densa vegetación que en su base se concentraba, pero más estupefactos nos sentimos aún cuando llegamos a tener el contacto visual directo con ella.

Las aguas de las lluvias de la última semana traían un caudal casi irrepetible. Para ser sinceros, aún seguía lloviendo el mismo día de realización de la ruta, dato que nos permitiría disfrutar aún más de este bello paraje que manaba agua por doquier.

Tras el embelesamiento al que fuimos sometidos, volvimos sobre nuestros pasos para continuar en busca de la segunda chorrera. La pista la debemos abandonar definitivamente, tomando ya un bonito sendero indicado que sale a nuestra izquierda flanqueado por jaras y encinas.

Poco más adelante, y tras cruzar un bonito pasadizo natural entre rocas, la senda nos deja en un idílico lugar donde confluyen la base de la segunda chorrera con la parte superior de la primera que pocos minutos antes habíamos disfrutado desde su base.
Segunda chorrera
Tan solo habremos andado poco más de tres kms y ya habremos disfrutado de estos dos lugares excepcionales. Continuaremos nuestro trayecto en búsqueda de la siguiente parada.

El camino se transforma en un bonito sendero. Unos hitos de madera confirman el trazado que debemos seguir.

La senda serpentea entre robles, helechos, jaras y alguna desorientada encina. El otoño hace acto de presencia con una mezcla de colores donde esta diversa vegetación pigmenta el paisaje. Así pues, los tramos de una a otra caída de agua son amenizados con estos bellos parajes.
Meza de colores otoñales
El cauce siempre nos acompañará a nuestra izquierda. Aproximadamente a los 4km de ruta llegaremos a un enorme canchal, típicos de estos montes. Paramos, y oímos el rugir del agua que fluye bajo nuestros pies, filtrado entre las rocas. No lo vemos, pero lo sentimos.

Seguimos con nuestra mirada lo que nuestros oídos nos indican y encontramos un sendero que desciende de manera abrupta hacia el cauce. Debemos, pues, abandonar el camino y descender ayudados de una valla cinegética que queda justo a nuestra derecha y la cual debemos bordear.
En busca de la base de la tercera chorrera
Una vez en el cauce, buscamos agua arriba la base de la tercera cascada. Un bello rincón nos hechiza nuestros pasos. La vegetación de ribera y la humedad existente crea un áurea digna de otras latitudes.

El sonido nos guiará nuestros pasos para asombrarnos con un "tríptico en caída". Un zigzag que hipnotiza. Izquierda, derecha, izquierda. ¿Estamos en Toledo?
Tercera chorrera
Al otro lado del cauce, justo en un voladizo de la montaña, existe un libro de visitas situado allí, dicen por la familia de un joven de la cercana localidad de Robledo del Mazo que sufrió un accidente en este lugar.

El instinto nos lleva a intentar ascender para aproximarnos a la parte superior de esta espectacular cascada. Por su derecha, y siempre pegados a la pared, accederemos por un estrecho paso que nos deja en la parte alta de esta caída de agua.
Parte superior de la tercera chorrera
Volveremos sobre nuestros pasos en este bonito rincón de la ruta con la que ya podemos darnos por satisfechos. La subida de nuevo al trayecto original bordeando la valla, ahora a nuestra izquierda, nos permite dudar sobre si es suficiente por hoy, o no.

La fina lluvia no incomoda, pero nos mantiene en alerta. Hasta aquí no habremos llegado a los 5km de ruta aún. Pero es un día excepcional para ver las otras dos chorreras restantes con agua. Tienen menos grandiosidad que las primeras, la gente suele volver sobre sus pasos, sobre todo si vamos en familia; pero bien merecerá la pena el continuar hasta el final.
Camino pedregoso entre robles
El camino desde aquí tiende a desaparecer. Pero unos hitos a modo de pirámides de guijos nos guiarán en nuestro camino.

Si decidimos seguir, como fue nuestro caso echando un órdago al tiempo, llegaremos a la cuarta cascada antes de llegar a los seis kms de ruta. El desnivel es muy suave y cómodo, pero el piso se torna pedregoso. La posibilidad de perderse es nula teniendo en cuenta que debemos seguir aguas arriba el arroyo, quedando este siempre a nuestra izquierda.

La doble chorrera que presenta este cuarto punto de interés de la garganta puede observarse desde el propio camino, sobre una lancha de granito que invita a observarla desde cierta distancia.
Cuarta cascada, observada desde el camino
Medio km más allá llegaremos a la quinta y definitiva caída de agua. Con un total de 6 km de distancia desde el inicio de la ruta habremos llegado al final de la ruta. La base de esta caída se encuentra escondida entre la vegetación que deberemos apartar con cuidado para disfrutar de el contacto total con la naturaleza.

Podemos rodear la caída y ascender los 4 m de esta humilde chorrera para observar desde la enorme lancha que presenta su parte superior.
Quinta chorrera
Habremos conseguido nuestro objetivo. Tocaba ahora desandar nuestros pasos con ligereza ya que la lluvia comenzaba a ganar el pulso al que le habíamos sometido.

Con premura, y con la sensación de haber disfrutado de una jornada exclusiva en la zona por la cantidad de aguas que manaban por doquier. Nos dirigimos sin paradas hacia el coche.

11 km y tan solo 400m de desnivel acumulado son los datos para esta ruta; muy recomendable realizar tras periodos de lluvias. Tampoco es necesario ser tan agonías e ir un mismo día de lluvias, pero es lo que pasa cuando tienes un amigo en Canarias y te pide por favor que echa de menos la lluvia y el frío.

Todo sea por los amigos...

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Granada: Pico Veleta. La carretera más alta de Europa.

Por mucho que les pese a los países alpinos; ni Francia, ni Italia, ni Suiza o Austria poseen la carretera más alta de Europa. Sí es cierto que Francia tiene el puerto de montaña más alto, con paso y continuidad hacia la vertiente opuesta que es el Col d´Iserand (2770m) en lucha con el propio narcisismo francés y la peculiar historia de la Cime de la Bonnette (2802m)

Pero es España, en Granada, donde se encuentra la carretera que asciende al punto más alto asfaltado en todo el continente europeo.

Llevaba tiempo con muchas ganas de subir al Pico Veleta desde Granada. Cuarto pico más alto de España tras el insular Teide, su vecino Mulhacén y el pirenaico Aneto. Las nieves residuales en sus 3.395 m solo permiten el ascenso en fechas señaladas. Dependiendo del año, este abanico suele cubrir los meses agosto, septiembre y parte de octubre.

Quisimos apurar la visita al máximo para evitar el calor, pero una inesperada nevada el miércoles previo nos impidió conseguir el objetivo al completo. Eso sí al menos estas tierras estériles quedaron bellamente engalanadas con un manto blanco que sirvió de opio para el esfuerzo del ascenso.
Curvas del Veleta
Existen varias opciones para realizar el ataque a este puerto. Nosotros elegimos la subida del Duque y bajando por el Purche. De esta manera la intención que buscábamos era la más circular posible y con menor tráfico. Pero tristemente, la aventura terminaba tras haber ascendido durante 40 kms y llegado a los 3.250m de altura. A falta tan solo de 2km y 150m de desnivel para hacer cima.

En resumen, 100km para ascender casi 3.000 m de desnivel, con noche previa rondando las hermosas calles de esta bella ciudad.


Powered by Wikiloc


El humilde hostal Atlántida sería nuestro cuartel general, con todos sus defectos y virtudes. Allí llegamos Alberto y yo la tarde-noche del viernes para asentarnos y sin más dilación que la de dejar el coche en un lugar adecuado, nos marchamos a patear la ciudad.

La gran avenida de los Reyes Católicos nos introducía hacía las céntricas calles de la ciudad para ver su catedral y la afamada calle Navas. Allí cenaríamos de tapas en varios de sus bares; rodeados de bordones y estampitas. Un café en alguna tetería de la calle Calderería nos haría sentir con en el continente vecino.
De tapas por Granada
El paseo vino bien para nuestras entumecidas piernas. Una vez ya en el hostal, decididos a descansar; pero las paredes de papel lo permitirían poco. Es parte de la aventura.

El despertador no tiene piedad y nos despierta siendo aún de noche. Nos vestimos de "gladiadores" dejamos los enseres en el coche; y ya sobre nuestras monturas calentamos nuestro cuerpo ascendiendo por las empedradas y empinadas calles del Albaicín hasta el mirador de San Nicolás.

Aquí partiría oficialmente la ruta. La Alhambra a nuestras espaldas y al fondo Sierra Nevada con la silueta característica del Veleta recortando el horizonte... Estamos locos.

Amanece y las calles aún están vacías. El descenso hasta el paseo de los Tristes se realiza con especial cuidado. Un desayuno a las puertas de la Alhambra nos llena de energías para la jornada de hoy.
Mirador de San Nicolás
Un leve ascenso por los jardines del nuestro bello monumento, nos da paso a la cómoda carretera que une Cenes de la Vega con Pinos Genil. Es aquí donde la carretera se retuerce para salvar el desnivel de la presa del embalse de Canales.

Tras cruzar Güejar-Sierra la carretera se estrecha y desciende hasta llegar a la abandonada estación de Maitena, por donde incluso seguiremos por la extinta vía del tren cruzando un par de estrechos túneles.

El camino cruza el río Genil y es ahora donde nos situamos en los kms más duros de todo el ascenso. Porcentajes con dos cifras se mantendrán durante varios kilómetros, curvas con hormigón rasgado nos avisará de la dureza del lugar. Pero también de su belleza. Carretera estrecha, cerrada por castaños que nos eleva por las primeras lomas. El antiguo Hotel del Duque, ahora seminario, da fe de este pequeño calvario.
Subida por El Duque
Tras cruzar por delante de una lustrosa fuente donde podemos reponer agua, el camino suaviza, pero sin dejar de ascender.

Es ahora cuando el bosque se abre y deja ver el ascenso realizado con referencia sobre Güejar-Sierra, e incluso podemos observar el tortuoso trazado de Hazallanas, otra de las opciones de ascenso. Seguimos rodando en busca del centro de visitantes de El Dornajo.

Cuando las casas de éste asomen sobre el horizonte, tomaremos un desvío a nuestra izquierda para seguir el ascenso por la antigua carretera de Sierra Nevada. Trazado con mucho menos tráfico que la subida natural. Y con más revueltas que le hacen más entretenido. Los pinos casi habrán conquistado la carretera y la pendiente se afirma sobre el 6-7%.

Será un tramo solitario hasta llegar al collado de Las Sabinas, donde en el horizonte hará presencia la silueta de nuestro objetivo. Ya para no desaparecer jamás ante nuestros ojos.
Veleta desde Albergue Universitario
Una tortuosa recta nos queda por delante en busca del albergue universitario. Pero antes el Centro del Alto Rendimiento Deportivo y la estación invernal de Pradollano, aparecerán a nuestra derecha bajo nuestros pies.

Habremos llegado a los 2500m cuando la barrera nos corte el paso a tráfico motorizado. Pocos metros antes, paramos a reponer fuerzas junto a otra compañera de fatigas extranjera que pretendía hacer el paso hacia la Alpujarra con alforjas.

Un refresco y algo de azúcar; unido a una espectacular tortilla de patatas, nos dio la energía suficiente para afrontar los últimos 13km de ascenso cierta incertidumbre sobre la posibilidad de llegar al objetivo.
Tramos reasfaltados tras la barrera
La carretera pierde calidad en su asfalto, pero recientemente han reasfaltado tramos que la dejan en un estado excepcional para el uso de la bicicleta. Tal vez por la posibilidad de traer la Vuelta´17.

El ascenso se torna motivante, pero la falta de oxígeno detiene nuestro ímpetu. La Virgen de las Nieves observa detenida nuestro paso. El cuerpo parece sufrir más de lo que la cabeza cree.

Bajan ciclistas, preguntamos sobre el estado en lo alto. Placas de hielo. Pero somos testarudos. Continuamos el ascenso, queremos verlo con nuestro propios ojos. Venimos del mundo de la MTB, pero sin olvidar el sentido común.

Las vistas que nos regala este anticiclónico día nos hace evadirnos del esfuerzo. Pequeñas ráfagas de viento normales a estas alturas que rozan lo 3.000.
La nieve acecha la carretera
El Sol brilla en lo más alto de un límpido cielo azul. Senderistas acortan sus trazado por la nieve y nosotros debemos hacer alguna parada para inmortalizar el momento, y también de manera encubierta; descansar.
La nieve empieza a ganar la partida
La nieve empieza a ganar la partida al asfalto. Cada vez son más las placas de hielo que aún podemos sortear. Pero que más adelante, cruzarán el trazado y nos obligará a bajar de la bicicleta. Esta no tiene tacos.

Algunos ya se habían dado la vuelta al conquistar la cota 3.000 pero nuestra testarudez nos permitía continuar la marcha. Alberto comenzaba a quedarse rezagado, y no por aspecto físicos. Pero había que llegar, al menos, al collado de la Carigüela. Y allí llegamos.
Asfalto impracticable
Empujando la bici por un asfalto impracticable, solo con el único objetivo de doblar la ladera y poder ver con nuestros propios ojos el Mulhacén. Montaña más alta de la península. Allí aparecía luchando contra unas nubes que comenzaban a copar estas altitudes. Y allí nos quedamos. Mi mirada hacia la cumbre se disipaba al volver la mirada hacia mi compañero.

No era factible. Casi lo habíamos conseguido. Pero sería una excusa perfecta para volver y completar ese par de kms para tocar el vértice geodésico del Veleta... Y quien sabe si no también del Mulhacen; eso sí, con MTB.
El Veleta, desde La Carigüela.
El descenso con especial cuidado por este tramo de placas y frío hasta la barrera. Una breve parada para comer y calentar nuestros huesos de nuevo en el albergue universitario.

Un descenso, ahora por la estación invernal de Pradollano y la nueva carretera de Sierra Nevada. Con la intervención de la carretera del Purche. Que puso a prueba la paciencia de Alberto... al igual que sus frenos de disco. Empinada como ella sola. Ojo si subimos por aquí. Monachil. Preciosa localidad que nos da paso a Cájar antes de volver a rodar por las amplias avenidas de Granda.

Ahora sí podemos decir que hemos rodado por la carretera más alta de Europa. Por mucho que les pese a italianos, franceses y suizos.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Pirineos leridanos, franceses y navarros

Viaje por las entrañas de los Pirineos. Frontera natural que separa tanto como une regiones y culturas.

Desde Lleida hasta Navarra, pasando por Francia; con el epílogo de País Vasco y Burgos.
Todo un recorrido histórico-natural-deportivo para conocer monumentos arquitectónicos y naturales; como las iglesias románicas de La Vall de Boi, el desfiladero fronterizo de Mont-Rebei, los pasos imposibles de Montfalcó, las regiones con espíritu propio como el Val d´Aran, las cascadas infinitas de Gavarnie, las fisuras en las montañas como las de Kakoueta, los puertos y carreteras fronterizas como Larrau, las extensas selvas de Irati. Pueblos escondidos, ciudades santas...
Pasarelas de Montfalcó
Todo ello aderezado con techos estrellados e hipnóticos amaneceres que solo un espíritu nómada te puede permitir.

Con un merecido y original descanso, amenizado con el apéndice veraniego... ¡¡¡Ya sabemos lo bien que vivía Tarzán!!!

DÍA PRIMERO: LA VALL DE BOI
El primer día sirve de asentamiento en el lugar de origen de nuestro viaje. Después de más de 500 km de desplazamiento desde el centro peninsular decidimos visitar este peculiar paraje en el pirineo leridano, a las puertas del Parque Nacional de Aigüestortes y Estani de Sant Maurici.

Aquí nos encontramos con localidades con edificaciones románicas que crean una arquitectura peculiar y particular. En Taül podremos disfrutar de la iglesia de St Climent, con un campanario que nos llamará la atención.
Iglesia románica de St Climent, Taül (Lleida)
Un breve paseo por sus calles con encanto y una cerveza en una de sus terrazas mirando al valle, bien merecerán la pena. Y si a ello le unimos que por coincidencias puedas encontrar algún festival como el del queso, podrás degustar las diferentes variedades por los puestos de sus calles, como fue nuestro caso.

Barruera y Boí, son otras de las localidades de esta comarca que también merecen un buen paseo si tenemos tiempo de sobra. Pero no era nuestro caso, teníamos que desandar por la N-230 hasta el Puente de Montañana, siguiendo el cauce del río Ribagorza para hacer noche en las proximidades de nuestro objetivo del día siguiente.

Un desvío tras cruzar el puente sobre el río Ribagorzana, nos llevará por un vetusto asfalto hasta el punto de inicio de la ruta preparada para mañana. Una buena cena siguió a una calurosa y estrellada noche a los pies del embalse de Canelles y con los muros de Mont-Rebei recortando el horizonte.

DÍA SEGUNDO: CONGOST DE MONT-REBEI Y PASARELAS DE MONFALCÓ

La mañana amaneció plomiza y gris. Situación que no esperábamos debido al soleado día anterior, pero que agradecimos con el descenso de temperaturas que nos ofrecía. Habíamos pasado la noche en el mismo parking del parque natural, 4€ tuvieron la culpa. Pero solo teníamos que desayunar y ponernos a andar. Todo un lujo.


Powered by Wikiloc



La ruta que se nos presentaba sería lineal, de unos 14km entre ida y vuelta, sin la necesidad de llegar al otro punto de inicio de ruta, la Ermita de Sta Quiteria en lo alto del Montfalcó.
Congost de Mont-Rebei
Se trata de una ruta muy completa con dos principales atractivos; el desfiladero de Mont Rebei y las actuales pasarelas que descienden por la pared vertical de Montfalcó. Ruta que gracias a las inversiones en los Caminos Naturales por parte del Ministerio de Medioambiente, se han podido unir por el paso del puente del Segre que une ambos atractivos naturales.

Así pues, las paredes de Aragón y Cataluña quedan anexionadas, ofreciendo un espectáculo visual para todos los senderistas que se lancen a realizar este peculiar paso.
Camino abierto en el desfiladero
El camino es sencillo en sus primeros kilómetros que bordea el embalse hasta llegar al primer puente colgante que pondrá a prueba nuestro vérigo. Poco después, el camino irá tomando altura hasta llegar a la pared vertical tallada del desfiladero que da nombre a esta ruta.

A penas serán un par de kilómetros, muy cómodos, incluso con bancos y pasamanos a modo de cable de acero.

La dificultad física aparecerá al terminar el paso por el camino tallado. Aquí habrá una zona de subeybaja hasta el desvío que debemos tomar a la derecha en busca del puente del Seguer que nos dará paso a tierras aragonesas.
Puente en el estrecho de Seguer
Será este paso un lugar estratégico donde reponer fuerzas de cara al duro ascenso por un camino "inventado" entre la piedra que nos dejará en las puertas del abismo de Montalcó. El segundo punto de interés de la ruta que bien merecida tiene su fama.

Ojo si llegamos aquí con niños, mochilas voluminosas o un mínimo de vértigo, por que costará descender por esta pasarela hacia el infinito.
Pasarelas de Montfalcó
El descenso será lento, pero muy atractivo. Una vez abajo continuamos nuestro camino hacia unas segundas pasarelas, poco más de un kilómetro más allá de este primer paso.

Las segundas pasarelas no son tan largas pero sí están voladizas sobre el propio pantano. Será aquí donde daremos la vuelta sobre nuestros propios pasos para llegar al punto de partida.

Pero antes, descansaremos, comeremos nuestra merienda disfrutando de las vistas que nos ofrece este rincón escondido de nuestro país.
Descansando con vistas
A la vuelta, debemos tener especial cuidado en la bajada hacia el puente del Seguer, una vez abajo, las murallas de Aragón y Cataluña se mostrarán desafiantes al paso de los senderistas. Ahora solo queda tomar un poco de aire para ascender la ladera de cara a la vuelta al punto de partida.
Paredes de Aragón y Cataluña
Una vez en el coche. Seguiríamos la serpenteante  N-230, por el valle Noguera-Ribagorzana hasta llegar al túnel de Vielha que nos daría paso al particular Val d´Aran. En Bossots tomaremos el puerto del Portillon para acceder a nuestro país vecino.
Bossots, desde el Portillon
Carreteras que unen la termal ciudad de Bagneres-de-Luchon con el turístico lago de Val Louron, previo paso por el mítico paso de Peyresourde y sus clásiscos crepes de azúcar.
Col de Peyresurde
Una zona eminentemente ciclista, con vistas espectaculares pero que se disfrutan más sobre la bici que sobre un vehículo motorizado. Arreau y otro paso clásico ciclista, el Col de Aspin que da acceso al valle de Campan con sus clásicos monigotes decorando las fachadas y calles de esta región próxima al Tourmalet.
Col de Aspin
Pero el encapotado cielo nos obligó a desviar nuestro objetivo hacia la ciudad santa de Lourdes, donde visitaríamos brevemente su basílica, antes de llegar al objetivo final de hoy. El camping de Gavarnie. Lugar donde pasaríamos la noche, cercano a la ruta propuesta para la siguiente jornada.
Basílica de Lourdes
TERCER DÍA: CÍRCULO DE GAVARNIE Y GORGOS DE KAKOUETA
A la mañana siguiente las nubes bajas nos impedían disfrutar de los recortados Pirineos, pero por contra, resultaba mágico ver como las brumas aparecían y desaparecían jugando entre las paredes montañosas.

La gran cascada
Madrugamos, y nos desplazamos a la localidad de Gavarnie, separada tan solo por cinco kms de nuestro camping. Aquí es complicado aparcar (todos son de pago pero el camping nos dio una tarjeta para evitarlo)


Powered by Wikiloc


La ruta comienza por las calles aún dormidas de esta bonita localidad. Son las 9:00 de la mañana y el paseo nos muestra negocios que comienzan a despertar.

El asfalto deja paso a una ancha pista cómoda que acompaña al río Gave. Las nubes impiden la visión de nuestro objetivo que en condiciones normales ya podría disfrutarse visualmente desde estos primeros compases de la ruta.
De camino al circo
Si queremos meter un poco de picante, y para evitar realizar la ruta linealmente, decidimos abandonar la pista que asciende directo al circo de Gavarnie, para subir por la loma de la montaña que se nos presenta a la izquierda de nuestra marcha.

Un duro tramo de dos kms por el camino Pineme nos ascenderá hasta superar 400 m de desnivel donde podremos disfrutar de unas vistas elevadas de este bucólico valle.

El hito que nos indica el camino que baja del Refugio Espuguettes y la dirección de la Cabaña Pailla, nos indica el final de este ascenso. Muy cerca queda ya esta cabaña Pailla donde poder tomar un refrigerio antes de continuar la jornada.
Mirando el valle desde las alturas
A penas llevaremos 3 km cuando entramos oficialmente en el Parque Nacional de los Pirineos. El camino se torna suave y con ligero descenso. Las paredes verticales quedarán sobre nuestros ojos.

Cantidades de regueros caerán sobre nuestras cabezas, saltando al vacío de un valle que cada vez queda más alejado.

Poco a poco vamos girando para irnos encontrando con la majestuosa imagen del circo que nos espera tras las paredes de la montaña.
El circo tapado por las nubes
Poco a poco el camino comienza a descender hacia el Hotel del Circo, pero antes unas particulares flores manan de las paredes donde unos paneles informativos nos indican que se tratan de un tipo de plantas carnívoras típicas de esta zona pirenaica.

Una vez en el Hotel, podemos hacer una nueva parada, pero llevaremos tan solo seis kms. Aquí la ruta se une con la pista que dejamos a la salida de nuestra jornada.

Podemos volver. Pero queremos llegar hasta la base de la gran cascada. Más de 200 m de caída que la hace la segunda cascada más alta de Europa. Al otro lado, en lo alto de la arista, nuestra querida España.
Buscando la base de la cascada
La aproximación se hace más duro de lo que en un principio aparenta, pero ya puestos en la brega, debemos completar nuestra empresa.

Ahora sí. Siete kms después de iniciar nuestra marcha habremos llegado a nuestro objetivo. La premura con la que iniciamos la jornada nos permite disfrutar casi solos de este espectacular rincón pirenaico. Merece la pena madrugar solo por disfrutar de este momento de soledad en la montaña.

La parada, sirvió para descansar recuperar energías y observar como la muchedumbre comenzaba a llegar a nuestra ubicación.

En la vuelta por el mismo camino hasta el hotel del Circo pudimos cruzarnos con centenares de senderistas como si de una peregrinación se tratase.
Objetivo cumplido
En el balcón del hotel, una vista atrás para despedirnos de esta imponente obra de arte natural. Solo quedaba descender por la pista que transita por el fondo del valle de camino hasta el pueblo de Gavarnie con la sensación de haber renovado cuerpo y mente.

Una cerveza en un coqueto camping a orillas del rio antes de llegar a la zona urbanizada, nos repuso los líquidos necesarios para seguir nuestra jornada de hoy. Que aún quedaba mucho por descubrir.

Ahora nos quedaban muchos kms para disfrutar de las montañas pero desde la cómoda posición de la conducción del coche.
Col d´Aubisque
Un descenso hasta Argeles-Gazost para atacar la peligrosa y bonita carretera que une los puertos de Soulor y Aubisque.

Laruns, Bielle hasta llegar a Arette donde comienza el ascenso al la Pierre de St Martin que luego se unirá camino de Sanit-Engrace, localidad donde nos encontramos con el segundo destino de hoy.
Gorgos de Kakoueta
Los Gorgos de Kakoueta, son una fisura en las montañas pirenaicas, que nos presentan otro de los rincones que guardan estas bellas ondulaciones.

Es este un lugar más adecentado para todos los públicos, cuesta la entrada 5€. Pasarelas voladizas permiten el paso sobre el cauce y nos dirigen hacia unas cuevas, previo paso por unas bellas cascadas por las que puedes andar por sus propias espaldas.
Brecha en la montaña
Serán solo 2km (4 km ida y vuelta). El paisaje merece la pena pero la abundancia de público le quita ese aurea especial. No es mala opción si vamos de paso. Y para toda la familia, en unas dos horas habremos realizado el trayecto completo.

Powered by Wikiloc


Otra vez en el coche, circularemos hacia Larrau y su puerto fronterizo donde haremos noche a medio pie entre España y Francia, con el testigo del pico Orhi. Pero la brisa se transformó en ventisca, y las nubes taparon el horizonte. No sabíamos que nos estaban preparando un auténtico regalo para el día siguiente.
Cena especial en el Pto de Larrau
CUARTO DÍA: SELVA DE IRATI
La noche daba sus últimos coletazos. Las vistas del recortado horizonte, subrayadas de tonos rosáceos-anaranjados de un sol que aún estaba por despertar, me informaban de que iba a poder disfrutar de un amanecer idílico.
Puerto de Larrau
Preparado para la ocasión, cual cazador de momentos, con máquina fotográfica en mano intentaba obtener todas y cada una de las perspectivas que me ofrecía esta estratégica posición fronteriza.

Mientras Afri organizaba el coche para poder continuar nuestra ruta, yo corría de un lado para otro para poder inmortalizar los pocos minutos que ofrecía esta luz única de un sol perezoso tras las montañas.
Pico Orhi
Ya en suelo español, el asfalto nos recordaba la cercanía de la impresionante selva de Irati, uno de los más extensos hayedos de Europa. El desayuno nos lo tomamos en la bonita localidad de Otxagabía. Un buen homenaje, porque nos lo merecíamos. De aquí sale la carretera hacia la Selva de más de una veintena de kms que nos introduce en el corazón de Irati.

Un parking vigilado nos cuesta 4€. Son las 9 de la mañana y somos los segundos en llegar. Aún no está abierta ni la casa del Parque. Nuestros cuerpos están cansados de la actividad de todos estos días y decidimos realizar una ruta sencilla que nos permita conocer el hayedo siguiendo el cauce del río Irati.
Hayedo de Irati
Hay infinidad de opciones para conocer y disfrutar este paraje, pero escogimos la temática donde nos irían explicando la historia de este hayedo. Ruta internacional, donde además llegaríamos a cruzar a nuestro país vecino.

Powered by Wikiloc

Durante los primeros pasos la ruta discurre un una ancha pista que no hace honor a la belleza de la zona. Pero pronto oímos a nuestra derecha el rugir del agua que saltaba en la cascada del cubo. Nos desviamos para acercarnos al cauce y disfrutar de sonido que produce el salto en medio del silencio de este imponente bosque.

Volviendo sobre nuestros pasos para retomar la ruta, nos vamos encontrado con paneles informativos sobre la vida que tuvo esta zona y su aprovechamiento en equilibrio con la naturaleza.

Merece la pena parar unos minutos para leer y conocer más con la información facilitada a nuestro paso.
Paneles informativos.
Poco a poco la pista se vas estrechando hasta convertirse en un bonito camino que continúa a paso firme hasta el punto fronterizo que coincide justo con la rampa más dura de la jornada.

Aquí no encontraremos ningún cartel ni valla que delimite ambos países, solo el chivato del GPS es capaz de demostrar en qué momento estaremos pisando terreno francés.

La caminata llegará a su punto más alejado cuando momentáneamente salimos del bosque para descender por asfalto y cruzar el punte sobre el río para hacer la vuelta por la vertiente contraria.
Bello sendero en terreno francés
A la vuelta, acompañando ahora el sentido de las aguas, alterna tramos de pista por sendero local con pequeñas inclusiones en el hayedo. Los trabajos de tala de árboles desdicen mucho la tranquilidad de la naturaleza y las horrendas huellas de las máquinas de trabajo sobre las pistas nos llegan a molestar en nuestro apacible paseo. Toda una denuncia la de esta actividad en este escondido lugar.

Por contra, el bosque vuelve a encantarnos con sus colores, con sus olores, con su tranquilidad.
Un breve descenso hasta el mismo cauce nos permite llegar al corazón y razón de esta selva, la humedad.
La humedad reina en cada rincón
Estábamos llegando al final de nuestro recorrido temático. Tres horas más tarde de nuestro inicio. Un bello paseo sin mucho desnivel apto para cualquier persona que guste del disfrute de un hayedo con larga historia y de un paso fronterizo invisible.

Quedaba ahora, un recorrido en carretera para llegar a otro bosque, pero ahora para disfrutar del más sincero relax, cerca de Otxandio (Vizcaya)

QUINTO DÍA: CABAÑA EN LOS ÁRBOLES, FRÍAS Y PEDROSA DE TOBALINA

El último día resultaría para la relajación y el máximo disfrute de la naturaleza desde una perspectiva mucho menos activa, y no por ello atractiva.

El descansar en una cabaña construida sobre un abeto a 17m de altura, una cena y desayuno servido en polea para disfrutarlo en la terraza. Y tumbarse en la cama redonda con vistas exclusivas a la copa del resto de los árboles que componen este bosque vizcaíno.

Lugar más que recomendable para disfrutar. Ya puedo decir que sé lo bien que vivía Tarzán.

Cabaña Txantxangorri
A la mañana siguiente y de camino a casa, un pequeño desvío en nuestra ruta nos permitió visitar el histórico pueblo de Frías desde una posición estratégica.
Frías (Burgos)
Y después de un buen baño refrigerante en la espectacular toba de Pedrosa de Tobalina, donde sus verdes aguas caen desde una altura de unos 15m para hacer del disfrute de los amantes de la naturaleza y el agua.
Pedrosa de Tobalina (Burgos)