martes, 11 de junio de 2013

Desierto de Tabernas & Sierra de la Alhamilla

ESTA RUTA VIENE PRECEDIDA DE "PARQUE NATURAL DEL CABO DE GATA"

Tras el merecido descanso en la parcela del Camping de Cabo de Gata, la cervecita en la terraza de su bar y la suculenta cena de pasta por nuestro chef Alfonso, nos marchamos a dormir entre mosquitos dentro de nuestro mortorhome.
Alfonso, nuestro querido chef.
La mañana siguiente nos recibió con un sabotaje de los gatos a nuestra basura, pero el reconfortante desayuno a modo de zumo de naranja recién exprimido, tostadas con mermelada y Nutella y vasos de leche caliente con Nesquik nos dio las energías suficientes para poner rumbo a Tabernas y recorrer su cinematográfico desierto con un apéndice de altura por la Sierra de Alhamilla.


En el parking público situado en la entrada de la localidad establecimos nuestro taller ambulante para la puesta a punto de las bicis. Un poco más tarde de la hora programada salíamos rumbo al seco, peculiar y recortado Desierto de Tabernas.
Puesta a punto en el parking público de Tabernas.
Dirigidos por una de las rutas del libro "Rutas en bicicleta de montaña" de Juanjo Alonso editada por El País-Aguilar, salimos por un camino asfaltado por debajo de la N-340 para cruzar, casi consecutivamente, las ramblas de la Galera y Benavides. Éstas, aparentemente sobre la bicicleta, son simples ondulaciones del terreno en las cuales no hay un solo atisbo de humedad en sus cauces.

Un camino en buen estado, con un ascenso muy leve nos permite ir cogiendo altura poco a poco. Balizado mediante hitos con marcas cinematográficas nos recuerdan que estos paisajes fueron escenario de muchas de las películas del western americano de los años 50.

Cuando ya hemos tomado una altura considerable nos encontrarnos un panel informativo a la derecha de nuestro sentido, a penas a 3 kilómetros del inicio de nuestra partida. En él se nos muestra la diferentes localizaciones de decenas de películas dentro de este llano de Benavides, cercado por lomas características del cine del oeste y su afamado Cerro del Búho.
Panel informativo con localizaciones de películas.
Continuamos con nuestra marcha pasando un nuevo barranco, en esta ocasión denominado del Chamino y con las mismas características de los anteriores. Nos topamos con unas cancelas en mitad del camino que salvamos sin ningún problema, donde no vimos ningún cartel de "Propiedad privada" a pesar de que nos llevaba directamente a un semiderruído y abandonado caserío. 

Tras él nos adentramos en un laberinto desordenado de ondulaciones con escasa vegetación. Divertido tramo en el que nunca dejamos de tomar altura por que que serpenteamos alternando porcentajes de desnivel. Estamos transitando por las Lomas de Gérgal.

Estos primeros kilómetros mantenían una leve y continua pendiente desde casi el principio de la ruta. Alfonso y Juanjo habían puesto un ritmo que me obligaban a subir un punto mi nivel. Siempre detrás de ellos sin perderles de vista pero disfrutando también de este paisaje y su historia cinematográfica.
Por las lomas de Gérgal
Por momentos las sintonías de Ennio Morricone resonaban en mi cabeza. La imagen de Clint Eastwood mascando paja en algunas de sus exitosas películas como "La muerte tenía un precio" o "El bueno, el feo y el malo" se asomaban en la mente como si fuesen a aparecer detrás cualquiera de estas lomas con revolver en mano.

A los 7 kilómetros del inicio, el camino llega a una caseta y las rodadas del suelo desaparecen. Es aquí donde debemos sacar nuestras dotes de orientación y complementarlas con la información adquirida mediante una conversación privada en Facebook con el propio Juanjo Alonso, el cual me recordaba que la guía que estábamos siguiendo fue editada hacía ya 8 años, y que tal vez algunos tramos estuviesen borrados por la vegetación.

Estábamos en ese punto, sabía dónde tenía que llegar, a penas 300m mas allá, al otro lado de la rambla de las Cañadas; pero no parecía haber habido ningún camino que comunicase ambos puntos, ni ahora ni cuando se editó la guía. Así que pusimos modo "raid" en el GPS y trazamos una línea recta entre este punto y el siguiente.
Alfonso en el tramo de porteo de la bici.
Unos minutos más tarde, después de empujar un poco la bici y salvar la susodicha rambla, estábamos de nuevo sobre un camino bien marcado y en el punto más alto de nuestro recorrido por el desierto, 652msnm, y muy próximos al Cerro Colorado (668msnm), techo de este árido paraje.

Tocaba ahora disfrutar de la bajada. En este caso las posiciones se alteraron, poniéndose Alfonso delante, yo en medio y Juanjo detrás. Otra tónica habitual en todas las bajadas de esta escapada.

Un rápido y peligroso descenso por unas tierras rojizas y un gran desnivel negativo. La pista, cada ciertos metros era atravesada diagonalmente por intencionadas elevaciones para drenar las posibles lluvias y evitar la erosión del terreno, canalizando el agua hacia los laterales.

Estos eran utilizados por Alfonso a modo de rampas para volar algunos metros con su máquina, actitud que ninguno más de sus compañeros nos atrevimos a realizar.
Cerca del punto más alto del desierto.
De nuevo la velocidad nos obligaba a centrar la atención en la pista impidiéndonos disfrutar de las peculiares vistas que todo este diferente enclave nos ofrecía gracias a la altitud conseguida. Tras tres kilómetros de un vertiginoso descenso, llegamos hasta el Cortijo de la Haza Blanca.

Para salir de este caserío seguiremos la pista que se dirige hacia la carretera, pero para llegar a ella debemos descender hasta la rambla de Valderecho. El camino cruza de frente pero nosotros nos desviaremos para seguir por la propia rambla, "aguas" abajo.
Geomorfología espectacular, debido a las erosiones.
Es en este momento cuando disfrutamos de una conducción entre piedras, tarays y bancos de arena donde debemos elegir la mejor trazada para salvar los obstáculos que la naturaleza nos pone en nuestro camino. Las pequeñas dificultades que nos podamos encontrar son fácilmente solventadas por la leve inclinación negativa que nos facilita nuestro pedaleo.
Rodando por la rambla.
Tramos anchos con otros estrechos donde deberemos ponernos en fila de uno, pero siempre rodeados de espectaculares paredes erosionadas por las lluvias torrenciales que repentinamente aparecen en la zona.

El tramo serpentea por desfiladeros por los cuales, de vez en cuando, nos hacía alzar la mirada como si nos sintiésemos observados por los Sioux mientras que cabalgábamos con el Séptimo de Caballería.
Cienematográficos desfiladeros.
A uno y otro lado de este lugar se levantan escenarios de poblados del Spaguetti Western, unos olvidados, otros rehabilitados como reclamo turístico. De una u otra forma tienen todos su interés.
Uno de los poblados rehabilitados.
Esta rambla por la que circulamos desemboca en la rambla de Tabernas, la cual tomamos a la izquierda. En esta ocasión rodaremos "aguas" arriba disfrutando de unas de las vistas más filmadas por Sergio Leone.

Deberemos estar atentos para tomar un sendero que sale a la derecha de nuestra marcha, que asciende la loma recortada de la rambla para salir en busca del Parque Temático "Mini Hollywood"
Saliendo de la rambla de Tabernas.
Cruzamos la carretera N-340 y llegamos al parking de este lugar. Aquí Alfonso decide dejarnos y llegar hasta Tabernas por la carretera. Su espalda se resiente y prefiere no forzar. Juanjo y yo decidimos seguir con la segunda parte de la ruta.

Esta segunda parte es la del ascenso hasta el Pico del Puntal (1288msnm) dentro del Paraje Natural de la Sierra de Alhamilla. 18 retorcidos kilómetros que ponen a prueba la paciencia de todo biker que se precie. Las omnipresentes antenas de telecomunicación se toman como referencia desde el inicio del ascenso. Unas veces visibles y otras escondidas entre las laderas de la propia montaña.
La Sierra de la Alhamilla, con sus antenas.
Juanjo pone su ritmo, imposible para mí. En los primeros kilómetros ya le pierdo de vista. El camino es una pista asfaltada, pero en muy mal estado de conservación. El viento hacía presencia y debido a las interminables recurvas, en unas ocasiones ayudaba al ascenso y en otras lo hacía más complicado.
Desiesto de Tabernas. Al fondo, Sierra Nevada.
Abajo quedaba poco a poco el desierto de Tabernas. Y por momentos, más al fondo, se asomaba imponente Sierra Nevada.

Con la altura comenzaba a aparecer la vegetación la cual tapaba todo tipo de referencias visuales con la cima.

Una y otra curva, una tras otra. Una sucesión continua de revueltas que consigue limar la paciencia de cualquier ciclista. Ya no sabía si tomar con referencia los kilómetros lineales recorridos o los metros de altura restantes hasta la cima. Una parada técnica para ver a ubicación exacta respecto del ascenso y oxigenar mis cansadas piernas.
Primera parte del ascenso, con escasa vegetación.
Con tenacidad, constancia y una pizca de testarudez conseguí llegar al collado del Aljibe que daba paso a la ladera sur. Sus vistas recompensaban todo el esfuerzo realizado. Levantando la mirada podíamos observar todo el Golfo de Almería y el Cabo de Gata.

Juanjo había coronado hacía ya bastantes tiempo y decidió descender para acompañar mi tortura en los últimos metros finales.

Pero aún quedaba ascender un poco por esta otra vertiente y conseguir pasar bajo los pies de las antenas que veíamos lejanas hacía ya más de una hora y media. Rodamos hasta llegar al punto más alto de la ruta, 1308msnm. Una veintena de kilómetros más allá se divisaba de nuevo el intenso azul del mar.
El mar Mediterráneo, desde la Sierra de Alhamilla.
Definitivamente comenzamos el descenso, largo, interminable. Directo hacia Tabernas. De nuevo por su ladera norte y pasando por el caserío de Los Góngoras. 13 kilómetros de bajada en la que pudimos sentir el aumento de temperaturas a medida que descendíamos cada uno de esos mil metros de desnivel acumulados. Al igual pudimos también sentir el taponamiento de nuestros oídos debido a la diferencia de presión de alturas.
Iniciando la bajada, las omnipresentes antenas.
Ya en la última parte del descenso entramos en una nueva rambla que nos conducirá directamente al paso con la carretera N-340. Evidentemente no tomaremos su paso natural bajo el puente y saldremos al asfalto, por el que apenas queda a un par de kilómetros hasta el punto de salida.
Ultimo tramo del descenso, por una rambla,
Allí nos esperaba Alfonso, con la mesa preparada para comer. Cual padre de dos descerebrados críos que llegan de hacer trastadas con su bici por el monte.

Comida rápida para ponernos en la carretera con la autocaravana rumbo a las Alpujarras granadinas.

miércoles, 5 de junio de 2013

Parque Natural de Cabo de Gata

Esta es la historia de una gran experiencia, y mejor aventura, realizada con dos grandes amigos y compañeros de fatigas. Los tres unimos ese amor incondicional por la bicicleta que nos ha llevado a programar estas vacaciones del puente del Corpus y de la Comunidad de Castilla La Mancha con nuestras inseparables máquinas de rodar.

Llevaba mucho tiempo queriendo hacer una escapada con una autocaravana. Varias y diferentes opiniones son las que recibí acerca de la comodidad y practicidad de este peculiar vehículo. Pero necesitaba la mía propia. Estos cuatro días, de finales de mayo y principios de julio, eran perfectos para ello.

La idea tomó forma con bastantes meses de antelación. Después de muchas idas y venidas de gente que por compromisos o trabajo no pudo acompañarnos, quedamos definitivamente tres mosqueteros; Juanjo "Zapatitos", Alfonso "Brother" y el que escribe.
Los tres mosqueteros.
Durante este tiempo, hasta el mismo día de partida,  fuimos realizando diferentes gestiones como el alquiler de la autocaravana, la búsqueda de campings o la edición de rutas por la zona a recorrer, que en un principio fue Asturias. Fuente De, Lagos de Covadonga, Angliru... A falta de unos días todo estaba preparado para que nos diese el visto bueno las previsiones metereológicas.

Estas previsiones no nos permitieron tomar rumbo norte, así que dos días antes de partir decidimos cambiar  hacia el sur, asegurándonos el buen tiempo, gracias a la flexibiliad que te permite viajar en autocaravana.
Nuestro "motorhome"
El problema era localizar lugares de interés natural y cultural, y editar rutas adaptadas a nuestro nivel en tan poco tiempo. Después de dos estresantes tardes tenía un "tríptico más uno" de rutas. Cabo de Gata, Desierto de Tabernas-Sierra de la Alhamilla y La Alpujarra. A las que se uniría una participación el último día en la IV Marcha "Los Cañoneros" Memorial Elías Chaves organizado por el CD La Tormenta de Lanjarón, gracias a los contactos de un compañero de trabajo de Alfonso.

El viaje se nos hizo largo, ya que nuestra casa rodante fue más lenta de lo esperado. Por tanto llegaríamos a nuestro destino más tarde de media noche, lo que nos impediría hacer la recepción en el camping. Es por ello que decidimos cenar tranquilamente en una gasolinera de la A-7 y llegar con tranquilidad para hacer noche en el parking vigilado del camping
Preparando las torillas con piemento en algun lugar de la A-7

Nuestro lugar de partida es el Camping Cabo de Gata, situado en un camino que parte del punto kilométrico 9 de la carretera AL-3115.

La mañana amanece tranquila, no tenemos miedo a las temperaturas en esta época del año, que aún son benévolas, pero sí al viento tan característico de la zona. Este se mantendría tranquilo hasta las 15:00, momento en el que comenzaría a preocupar su presencia.

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Nos ponemos a rodar por una zona llana durante los primeros nueve kilómetros, que nos vendrían muy bien para calentar y poner en acción las piernas después del largo viaje del día anterior. Por unos caminos llegamos a Pujaire, de aquí un leve tramo de carretera para desviarnos de nuevo a una pista que bordearán las Salinas del Cabo de Gata por su perímetro norte. Es curioso como la altimetría del GPS te marca que ruedas a 4 metros negativos bajo el nivel del mar debido a la depresión de estas salinas.
Salinas del Cabo de Gata
Este tramo nos saca al núcleo de La Fabriquilla para rodar nuevamente por asfalto y dar por concluido el tramo de calentamiento. Ya estamos a los pies de las lejanas ondulaciones de origen volcánico que divisábamos al iniciar nuestra jornada de hoy. Éstas comenzaban a dificultarnos el terreno para llegar hasta el siguiente punto de interés. El faro del Cabo de Gata.
Aproximándonos al faro de Cabo de Gata
El azul intenso del mar, unido al azul suave del cielo, hacían de opio para nuestras piernas en estas primeras y duras rampas que se escarpaban entre la roca volcánica para acceder a este estratégico punto del sureste peninsular.

Al doblar a nuestra izquierda por primera vez, el elevado Cerro de San Miguel nos recompensó nuestro esfuerzo con una espectacular instantánea para los ojos. Nuestra cara reflejaba una contrapuesta sensación de esfuerzo y alegría conjunta al recoger nuestra primer regalo visual de los muchos que recibiríamos a lo largo de la ruta de hoy. El faro del Cabo de Gata.
Faro del Cabo de Gata
Pasamos junto al Arrefice de las Sirenas y el del Dedo. Peculiares salientes puntiagudos desde el fondo del mar y muy próximos a la costa, que llaman nuestra atención a nuestro paso. Rodábamos ahora tranquilos antes de batirnos en duelo con el próximo promontorio rocoso.

Arrefice del Dedo
Arrecife de las Sirenas
La siguiente batalla con este paraje volcánico lo acometimos contra el Collado de la Vela Blanca, y su imponente torre vigía convertida en la actualidad en antena de telecomunicación. Aquí es la primera vez que se rompe el grupo. Son apenas dos kilómetros de ascensión pero con desniveles cercanos la veintena porcentual. Juanjo por delante, Alfonso detrás y yo cerrando el grupo. Sería la tónica de todo el viaje.

Pero al igual que antes, todo esfuerzo supone una recompensa. Si miramos hacia detrás, estábamos dejando este espectacular paraje de Parque Naturall.
Vista atrás desde el collado de la Vela Blanca.
Aquí nos encontramos con una cadena que cortaba el paso a todo vehículo rodado a motor, impidiendo el tránsito a las célebres playas de San José. Una sinuosa, pero ancha, pista nos descendería hasta estas turísticas playas y calas, ahora desérticas.

Descenso hacia las playas.
Rodando de nuevo de manera calmada, transitamos por la Cala Carbón, Cala Media Luna y por la cinematográfica playa de Monsul donde se han rodado famosas películas como "Indiana Jones y la Última Cruzada".
Playa de Monsul.
Con cuidado de no pasarnos la salida a la derecha de la pista por un pequeño sendero, nos desviamos para aproximarnos a la espectacular playa de los Genoveses. Una amplia y kilométrica ensenada que el día de hoy se encuentra vacía pero que en los meses de verano es tomada por cientos  de turistas.
Playa de Genoveses
Bordeamos la playa sin introducirnos en la arena por un bonito pinar que la da acceso y tomamos rumbo hacia la Cala de los Amarillos para bordear el cerro del Ave María y acceder al primer núcleo de la jornada por un bonito sendero junto al mar. Pero antes debemos pagar el conseguir esta bella imagen con un leve tramo de empujabike de menos de 100m.

Ya en San José, una breve parada técnica y continuamos nuestro camino por su paseo marítimo para salir por la parte casi posterior de la localidad permitiéndonos bordear el Cerro de Enmedio.
Paseo marítimo de San José
Una buena pista nos dirige hacia la Cala Higuera. Una cadena vuelve a cortar el paso rodado a motor. En breve debemos tomar un desvío a izquierdas que empeora el piso y comienza a ascender. Se nota que es un tramo menos transitado que serpentea por la ladera del Cerro de la Higuera hasta llegar a un punto donde la pendiente pone a prueba de forma conjunta tanto nuestra habilidad como potencia sobre la bicicleta. Son apenas 50m, que a pesar de la buena tracción, consigue romper nuestro pedaleo.
Ascenso al cerro Higuera, al fondo la rampa inciclable,
De nuevo una preciosa recompensa a modo de horizonte azul. Con cinco kilómetros de nuevo paralelos al mar por una pedregosa y ancha pista bordeando la ladera del Cerro de los Frailes, que con sus 492msnm es el pico más elevado de todo el Parque Natural.

Es éste un tramo de leves ondulaciones, pero rápido. La velocidad nos obligaba a centrar nuestra atención en el piso para realizar trazadas seguras. Fue un sector de continua lucha de atención entre ambos objetivos oculares, el irregular piso y el impresionante horizonte. Tuvimos más de un susto innecesario. Pero era un delito no levantar la vista y observar la instantánea de estas escarpadas laderas muriendo de forma recortada en un suave y tranquilo mar mediterráneo a modo de calas y puntas.
Por la loma del Cerro del Fraile
De repente, casi sin darnos cuenta, la pista se convierte en un larga y recta bajada. Las escarpadas laderas desaparecen y dan paso a una llanura. La costa se hace rectilínea en la zona de Los Escullos, con su imponente castillo de San Felipe, ahora casi a nivel del mar. Rodamos paralelos a la playa de Piedra Galera. Zona de marcha veraniega con el afamado Bar de Joe, la discoteca Chaman y las Jaimas. Todo ello inactivo en estas fechas.
Los Escullos
La pista de tierra se convierte en un vetusto asfalto para dejarnos en la carretera AL-      por la que rodaremos a penas unos kilómetros para desviarnos por un escondido sendero que sale a la dercha de nuestra marcha y nos guiará hasta la localidad de la Isleta del Moro. Es un bonito tramo que zigzaguea para vadear un torrente seco y dejarnos definitivamente dentro de este nuevo núcleo urbano.

Para salir de este lugar tomamos el asfalto que lo une de nuevo con la carretera que habíamos tomado anteriormente, pero tomamos un atajo que nos permite ahorrar kilómetros de asfalto para sacarnos más adelante y enfrentarnos a la inevitable subida al Cerro de la Amatista con sus cortas, pero duras, rampas de subida que nos dejarán en su espectacular mirador, primero, y más tarde nos dará paso al extenso valle de la minera villa de Rodalquilar.
Valle de Rodalquilar
En la bajada por la carretera tenemos que estar atentos de no pasarnos el desvío a la derecha para adentrarnos en un tramo alejado del mar. Transitamos ahora por diferentes cortijos y zonas de cultivo imposible. Palmitos y cactus sitian el camino por el que rodamos. Un pequeño laberinto de caminos nos dirige hasta la cómoda pista hormigonada que da acceso a la turística playa de El playazo, previo paso por unas de las multitudinarias torres vigías existentes en la zona.

De nuevo volvíamos a divisar el intenso azul del mar. Llegábamos al parking de esta playa que ya por estas fechas tenía bastantes inquilinos a modo de caravanas y acampados.
El Playazo.
Nuestra ruta gira hacia la izquierda en busca del castillo defensivo de San Ramón desde donde podemos encontrar unas espectaculares vistas de esta playa a la que protege.

Entraremos en una zona que nos indica que es una propiedad privada y en la cual están sembrando cactus y vegetación de la zona para impedir el paso, muy próximo a la fortaleza. Pero si nos separamos un poco hacia el interior podemos encontrar el camino marcado como sendero local que une esta playa con el Camping de Las Negras, en la Cala del Cuervo; nuestro siguiente objetivo.
Hacia la cala del Cuervo
Deberemos empujar un tramo de a penas 10 metros para superar una rampa imposible de ciclar. Entraremos ahora en una parte complicada, no muy larga, pero que nos obliga a desempolvar nuestras habilidades sobre la bici. Es una zona donde no hay lugar a errores, ya que el directo acantilado hacia el mar es bastante respetable. En algún momento tuvimos que echar pie a tierra por precaución y para poder disfrutar de las vistas que este tramo nos ofrecía. Pero todas estas molestias bien merecen la pena.
Preciosas instantáneas.
El descenso hasta el Camping de la Caleta es por senderos donde deberemos descender con precaución por alguno de los diferentes senderos que bajan hasta la Caleta del Cuervo, donde está ubicado este camping.

Una vez abajo tomaremos el camino asfaltado que une esta ubicación con la población de Las Negras. Este sector es un tramo ancho, muy bien adecentado y cómodo que nos permite descansar de la aventura de los acantilados anteriores. Poco a poco, siempre con el mar a nuestra derecha, el promontorio de la Molatilla nos va presentando la pequeña y tranquila población de Las Negras.
Llegando a Las Negras
Un breve callejeo nos permite observar que se trata de un bohemio lugar de casas blancas y calles tranquilas, al menos en esta época del año. Buscamos el paseo marítimo y nos damos de bruces con la arena de la playa. Los edificios daban salida directa al mar, sin paseo que hiciese de forntera natural.

Tanto nos llamó la atención este bonito lugar que hicimos una parada obligatoria para reponer líquidos, energías y hacer una importante toma de decisiones.
Chiringuito en Las Negras
Coca-Cola en mano, era consciente de que lo más duro estaba por llegar. El acceso y, sobre todo, la salida de la Cala de San Pedro se me antojaba complicada por lo poco que pude investigar con el ordenador en el breve tiempo del que dispuse antes de partir.

La otra opción era tomar la carretera hasta Fernan Pérez y volver a nuestro camping por asfalto. No lo veía claro, pero era el primer día y teníamos muchas energías, ganas e ilusión. Decidimos seguir adelante, ignorantes de lo que nos esperaba.

Salimos de Las Negras para tomar la pista de aproximación hasta la Cala de San Pedro. Tres kilómetros de acceso hasta una explanada a modo de parking desde la cual el trazado se convierte en estrecho sendero. Onubilados de lo que se nos asomaba frente a nuestros ojos, seguimos nuestros pasos, teniéndonos que bajar de la bici en momentos puntuales. De nuevo nos topábamos con un paraje excepcional, pero con una ruta que poco a poco se iba complicando a medida que nos acercábamos a esta incomunicada y escondida garganta, utilizada por los piratas como punto de actividades ilegales.
Cala de San Pedro
Mi mirada al frente, me hacía observar el Rellano de San Pedro, un altiplano de 200m sobre el nivel del mar con una falda casi perpendicular por donde supuestamente deberíamos hacer la salida de este lugar. Era el punto negro de la jornada, pero no sabía hasta que punto sería de complicado.

Más preocupado por este aspecto que por disfrutar del paisaje, llegamos hasta la playa obligándonos a separarnos de nuestra montura y pasar junto a una fuente donde podemos reponer agua.

Pendiente del GPS para buscar el temeroso ascenso, deambulamos por el fondo del barranco hasta que mis ojos ven lo que no querían encontrar. Un sendero roto, de montaña, con un desnivel imposible zigzagueando la loma.

Recordaba el comentario de la persona de la que tomé este tramo "es una pendiente donde tocará empujar mucho la bici"  ¡¡¡Mentira!!! No empujamos para nada la bici, la cargamos a nuestra espalda para ascender casi un kilómetro por un sendero donde ni siquiera con botas de montaña se ascendiese con seguridad.
Cala de San Pedro desde su rellano
Mil rayos, demonios, truenos y relámpagos pasaban por nuestras mentes. Sudor, calor, temblor. No me importa sufrir con la bici, pero esto era pasar un peldaño más, esto era penar con la bici.

Más de media hora nos llevo hacer este sufrido y desaconsejado tramo hasta que llegamos a lo más alto. Pudimos entonces rodar un poco hasta que llegó nuestra segunda e inesperada sorpresa. Ahora deberíamos bajar casi todo lo ascendido, de nuevo bajados de la bicicleta. A penas 500m mucho más rápidos que los anteriores que terminaron en una pista pedregosa donde Alfonoso se vio obligado a quitar presión de su amortiguación.  Rodábamos casi cresteando un precipicio a nuestra derecha del que poco a poco nos fuímios separando para adentrarnos en un sendero rápido.
Sendero pedregoso
La Cala del Plomo apareció ante nuestros pies, el descenso de nuevo muy técnico nos puso en evidencia en más de una ocasión. Agua Amarga quedaba apenas a unos kilómetros para concluir nuestro recorrido previsto, pero este último tramo había acabado con nuestra paciencia. Habíamos perdido más de dos horas para rodar poco menos de 10 kilómetros. Abortamos llegar hasta esta localidad y tomar la pista que parte desde la Cala de Plomo hasta la carretera que hubiésemos tomado en un principio. Un pequeño recorte por la Rambla del Plomo, que no varió los kilómetros finales .
Cala del Plomo, al fondo Agua Amarga.
Fue en este tramo donde me dio un bajón fisico. La falta de agua, el calor y la fatiga de portar la bici en demasía me pasó factura. Tanto es así que mi deseo solo era llegar al asfalto. Ignorante de mi tan solo estaba empezando mi tortura.

Diez sufridos kilómetros hasta que llegamos a Fernan Pérez, sin agua, sin fuerza y con un exceso de hora. Eran las tres del medio día, hora tope para llegar al punto final debido al aumento de vientos en la zona. Alfonso me ofrecía agua, y unos leves empujones para concluir el ascenso por el asfalto hasta el punto más alto de la ruta.

Fernan Pérez llegó como un oasis, botellas de agua fría tenían más valor que el oro. Apenas tenía saliva en la boca y me preocupada la deshidratación. Algo de comida y un relax en las piernas. Paramos para 10 minutos, pero estuvimos casi 45.

Cuando nos pusimos de nuevo en camino aun quedaban 25 km para llegar, el viento que se levantaba nos daba lateral, y debíamos descender hasta el nivel del mar, al menos en eso tuvimos suerte. Una fuerte ritmo impuesto por Juanjo y Alfonso me hicieron rodar con soltura.

Por caminos vecinales asfaltados pasamos por Los Martinez, Los Albaricoques y El Barranquete. Localidades de paso que marcaban una línea casi recta hacia nuestro camping.

En esta última nos desviamos paralelos al seco Barranco Morales que nos dejó en la carretera de acceso a la localidad de Cabo de Gata y en su kilómetro 9, el camino hacia nuestro camping.

A las 17:00, ocho horas más tarde, habíamos llegado a la caravana con 100 km en la piernas y unos demoledores 1500m d+ rompepiernas. Había merecido la pena. Todo, excepto el tramo de la Cala San Pedro.

Ahora quedaba hacer el ingreso en el camping, merendar, ducharnos y disfrutar del relax que nos ofrecia este casi vacío lugar.



CONTINÚA LA ESCAPADA EN "EL DESIERTO DE TABERNAS Y LA SIERRA DE ALHAMILLA"


lunes, 20 de mayo de 2013

II Marcha Villa de Camarena

Esta gente de Camarena llevan tan solo dos años organizando marchas, y no me equivoco si digo que es de las mejores a las que he asistido en la zona. Amor por la bici, humildad y trabajo. Tres ingredientes básicos para que una jornada como la de este domingo 19 de mayo saliese a la perfección.
Bajada del Cerro Madrid, a poco de concluir la carrera.
Y sí, 19 de mayo, festividad de nuestro Santísimo Cristo de la Sangre de Torrijos. Dejamos los deberes hechos antes de este día, lo que suspuso algún mal trago sobre la bici a más de un compañero durante la jornada.

Pero el buen sabor de boca del año pasado, unido al compromiso mostrado por nuestros compañeros de Camarena en quedadas anteriores, nos hizo presentarnos en nuestra vecina localidad a más de una veintena de ciclistas torrijeños.
Tramo controlado, espectacular serpiente multicolor.
El formato de hacer unos 20km controlados en un primer tramo, por unas pistas asequibles, a un ritmo de unos 15km/h para todos los públicos y posteriormente un segundo tramo libre de 37km, está resultando ser muy aceptado para la mayoría de los participantes de diversos niveles físicos. Si a esto le unes una gran selección de premios y mucha variedad de sorteos, se convierte en una jornada exitosa como la que vivimos ayer en Camarena.

PINCHA AQUÍ PARA VER LA CLASIFICACIÓN

Las lluvias repentinas durante la semana pusieron a los organizadores sobreaviso, dudando hasta el último momento qué decisión tomar. El agua vendría muy bien para compactar esta zona arenosa de la comarca teniendo simplemente que modificar el tramo controlado, el cual se había establecido por una zona mucho más arcillosa.

Así pues unos primeros 15 km muy tranquilos que vinieron muy bien para despejar a más de un componente torrijeño aún con la fiesta en la cabeza. Tras ello, diez minutos de reposo para prepararnos para el segundo tramo libre.

Siempre me ha gustado narrar las rutas que realizo paso a paso, de forma ordenada intentando que el lector vaya acompañandome en mi ruta con su imaginación kilómetro a kilómetro. Pero en esta ocasión, bien por el carácter competitivo o bien por el "perfecto desorden" de la ruta no lo realizaré de manera analítica, pero sí con una estructura globalizada.

Pincha aquí para ver la ruta.


El segundo tramo resultó muy interesante con una perfecta combinación de pistas, senderos, veredas y trochas. Subiendo todos y cada uno de los cerros que rodean la población. Serpenteando entre pinares, ascendiendo por lomas desbrozadas, llaneando por pistas lineales. Embarrándonos por charcos estancados o arroyos crecidos. Pura bicicleta de montaña en medio de esta ondulada llanura.
Tramo controlado, entre la vegetación.
Tan pronto usábamos un desarrollo grande como teníamos que meter plato pequeño, sin abusar tanto de una cosa como otra. Subidas técnicas y lentas, pero también largas y de ritmo.

Senderos rápidos y lineales de menos de una cuarta de anchura, pero tramos zigzagueantes entre olivares. Vadeos de arroyos y cruces de carreteras por alcantarillado.

Toda una perfecta combinación de los escasos recursos que existen por estas tierras tan llanas y lineales. Gran trabajo el realizado por los organizadores.
Compitiendo, buscando un lugar en la carrera.
Había dormido poco, y mi intención era la de no competir. Situarme atrás del grupo y poner mi marcheta. De hecho empecé así, dejando marchar al grueso de los corredores. Pero a los 5 kilómetros de la marcha, observaba que poco a poco, sin variar mi ritmo ni esforzar mi corazón, iba adelantando corredores. Uno tras otro iban cayendo a mi marcheta. Así fui adelantando a muchos compañeros torrijeños durante el primer tramo rodador; antes, durante y después del bonito sector del pinar.

Tras este tramo, la densidad de ciclistas disminuyó y conseguí ponerme a rueda con Gonzalo. Juntos hicimos muchos kilómetros disfrutando del "bello caos" de la ruta.

Sobre el kilómetro 16, aparece un bonito sector serpenteante por la loma de un cerro con duras rampas y precioso zigzag que consigue elevar mis pulsaciones. Pero tras ello, un acertado pisteo para poder recuperar las pulsaciones y rodar con alegría mientras llegábamos a la cota más alta de la ruta justo al lado de un vértice geodésico. Perfecta combinación de ambos recursos.
Tramo controlado, entre campos espigados.
Tras el avituallamiento, Gonzalo se quita de rueda y comienzo un tramo nuevo en solitario. Nunca me ha gustado competir con la bicicleta, bastante ya lo he hecho jugando al fútbol, pero hoy tenía buenas sensaciones. Controlaba la respiración y las pulsaciones de mi cuerpo. Siempre he manejado mucho mis sensaciones corporales manteniendo muy lineales mis constantes vitales, es por ello que sobre la bicicleta disfruto y saco más rendimiento yendo solo a mi ritmo. Y así hice.
Tramo libre, saliendo del paso bajo la carretera.
Era curioso como en ciertas pendientes algunos ciclistas me tomaban rueda o me adelantaban pero al llegar al llano o subidas leves, mi constancia, potencia o rueda de 29, o tal vez la combinación de todo ello, me permitían pasarles y seguir adelante. Soy consciente de que mi fisionomía no me permite escalar con fluidez, pero sí rodar con gran cadencia.

Así llegamos a los últimos kilómetros, rodando fuerte pensando en lo que sería el final de la carrera ya que veíamos el pueblo de fondo. Pero no sabíamos que aún quedaban varias desvíos en las entradas de la pobalción, lo que nos hizo sufrir hasta en tres ocasiones unas cortas, pero duras subidas antes de llegar a la meta.
Llegada a meta.
Como conclusión; gran trazado, gran mañana, gran ambiente. Grandes sensaciones para realizar estos 37km que han acumulado un desnivel positivo de 520 metros, dentro de un margen de cotas entre la más baja y la más alta de tan solo 70 metros de diferencia.

Un meritorio 35 posición de 227 participantes en la general y un 19 puesto de 110 en mi categoría de Master 30; que dadas las circunstancias, no está nada mal.

Enhorabuena a todos los participantes y sobre todo a nuestros amigos camareneros.

PINCHA AQUÍ PARA VER LAS FOTOS (por Victor Alcaide)
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