3ª QDD MoreOcio: La Ruta de los Castillos del Medio Tajo

3ª QDD MoreOcio: La Ruta de los Castillos del Medio Tajo. 5 de mayo. 70km, 670m d+.

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lunes 9 de enero de 2012

Torrijos: Mesas de Torrijos

Una de las propuestas para estas vacaciones navideñas era realizar el mayor desnivel acumulado positivo lo más cercano a Torrijos. Objetivo complejo debido a la orografía que nos rodea definida como una “llanura ondulada”.

Pero en una línea virtual trazada desde la parte norte de Torrijos hasta Villamiel, paralelo a la carretera N-403, existen unas accidentes geográficos denominadas Mesas, que no son mas que "una zona elevada de terreno con una cima plana y cuyos lados suelen ser acantilados abruptos. Su nombre deriva de su forma distintiva, semejante al tablero superior de una mesa"(Wikipedia).


Así podemos detectar las mesas donde se sitúa la Casa del Guarda, el Castillo de Barcience, la Mesa de Rielves, el Cerro Cabezas…

Me propuse, pues, una ruta de unos 60km en los que subiría todos y cada una de estas mesas que me encontrase al paso entre Torrijos y Villamiel, población situada a unos 13km de la primera.


-Ruta de Las Mesas de Torrijos para GPS, pincha aquí.





El primer objetivo fue el cerro donde se asienta el restaurante El Olivar de Sta. Teresa. Preciosa perspectiva que posee este restaurante de nuestra localidad desde esta ubicación. Una vez arriba, descendí por el mismo camino en busca de Barcience, rodando por el camino alto y dejando a la izquierda, arriba, la Casa del Guarda que sería mi segundo objetivo.

Desde Barcience realizaría tres ascensos; el primero a la mencionada Casa del Guarda, desde la cual se divisa perfectamente un bonito skyline de Torrijos. La vuelta a Barcience es por el mismo camino para afrontar un nuevo ascenso, este mucho más corto pero con una rampa muy dura, una auténtica pared de 30 metros que nos situa en una granja en la parte trasera del Castillo de Barcience.Vuelta de nuevo hasta esta localidad por el mismo camino y ascenso al Castillo. En la bajada por el pinar nos encotramos cantidad de rampas de madera cuidadosamente colocadas por un club de descenso que nos invita a hacer algun saltito, siempre con mucha precaución. Una vez de nuevo en la población, nos ponemos rumbo a Rielves.

Llaneamos y antes de llegar a la localidad ascendemos hacia Huecas siendo esta la subida más larga y continua de todas. Una vez arriba volvenos sobre nuestros pasos y nos desviarnos para afrontar la subida a la Mesa de Rielves, la cual es un ejemplo orográfico de este tipo de elevaciones. Encotramos arriba el vértice geodésico y los primeros puestos de caza.

Preciosas todas y cada una de las vistas que nos regalan estas "atalayas", que nos recomponen el esfuerzo durante el breve tiempo que permanecemos en ellas.

Descendemos y continuamos hacia el norte en busca de dos pequeñas lomas que salen a ambos lados del camino. No tienen nombre pero las he definido como “Puestos de Caza” por la cantidad de parapetos que había en estas elevaciones. Estas son las más cortas en su longitud de subida, pero una de ellas, la de la derecha, resulta divertida de transitar por su ondulada cresta.


Sin más demora proseguimos en el mismo sentido, cruzamos la carretera de Huecas y giramos al este en busca de Villamiel por un camino bonito pero casi conquistado por la vegetación, que en momentos me obliga a salir del camino y rodar por el propio sembrado aún muy poco crecido.


Desde Villamiel afrontamos el ascenso más distante de nuestra localidad a los Cerros de las Cabezas, dos auténticas mesas una junto a la otra con espectaculares vistas de las llanueras onduladas de nuestra comarca.

Hasta aquí subí todos los cerros programados pero en el camino de vuelta y viéndome con fuerzas subimos un pico que denominé “Puntiagudo” porque en lo alto tan solo cabía una pequeña caseta-refugio de cazadores, rodeado de un pequeño olivar.


Descendemos hasta el Arroyo Renales para volver a subir hasta Huecas. De esta localidad tomaremos la carretera hasta Torrijos, no sin antes ascender por asfalto y de camino ya a casa el Cerro de La Mora, desde el cual se controla toda la localidad torrijeña.

En definitiva 60km con un desnivel de unos 750 m d+. Toda una gesta en esta “llanura ondulada”.

Torrijos: Circulares TO-20, TO-40 y TO-60

Estas vacaciones navideñas han estado marcadas por dos aspectos muy señalados. Uno de ellos es el anticiclón instalado en gran parte de la península que nos ha permitido disfrutar de días soleados con apenas aparición de vientos; eso sí contando con valores negativos en el mercurio en las primeras horas de la jornada. El otro es la famosa y más que confirmada crisis económica que ha hecho que en estas fechas hayamos mirado más de lo normal el aspecto económico, quedándonos en casa estas dos semanas de descanso.

Así rezaba mi estado del facebook hace unos días: “Anticiclón invernal + vacaciones de navidad + crisis económica = bicicleta por nuestros campos que te crió” Una buena ecuación matemática que resume lo que ha ocurrido durante estos días.

Existía un problema, y es que los caminos de esta comarca están más que rodados y explorados. Por tanto, es difícil encontrar una motivación especial e interesante para escribir en el blog fuera de lo que sean típicas salidas rutinarias por la zona.

Pensando se me ocurrieron varias propuestas; una era realizar una serie de círculos concéntricos a Torrijos a modo de circunvalaciones con kilometrajes variados y por tanto radios a la población cada vez mayores. Así salieron las rutas TO-20, TO-40 y TO-60.




Ninguna de ellas cruzaría con otra, excepto el tramo de salida/llegada, que sería el mismo para las tres (la Cañada Real Segoviana).


Son una muy buena opción para realizar en jornadas en las que no tengamos claro las horas de luz, el estado meteorológico o si vamos a salir sin tener un tiempo concreto de marcha; ya que cada una de ellas tienen numerosas escapatorias para anular la ruta y podemos volver a la localidad en tan solo 2, 4 ó 6 km que distan respectivamente al núcleo urbano.



-Ruta TO-20

-Ruta TO-40

-Ruta TO-60


La primera (TO-20)
con unos 17 km de longitud y un radio de unos 2km al centro urbano. Acompañan la circunvalación de la autovía A-40 por la zona norte. Por el sur zigzaguea entre las pequeñas huertas torrijeñas por la zona conocida como La Vega. Al oeste tomará el tramo de la mencionada Cañada Real Segoviana hasta enlazar de nuevo con el camino de servicio paralelo a la autovía.


Perfecta y sencilla ruta para dar un simple paseo en bicicleta muy cerca de Torrijos


La segunda (TO-40), tendría una longitud de unos 38km con un radio al centro urbano de unos 4km. Saldría en busca de la Cañada hacia el norte dejando el depósito del agua del municipio a su derecha. Observación simbólica ésta, que nos indica que rodamos próximos a la cota más alta del término municipal torrijeño.



Aquí giraremos para tomar hacia el este el colada de Maqueda hacia Barcience, rodando por lo alto de una ondulación que deja Torrijos a la derecha, debajo de nuestras ruedas. Al llegar a la vecina localidad de Barcience cambiamos el rumbo hacia el sur por un camino algo empedrado hasta cruzar la N-403.


Hasta aquí la ruta es agradable debido al descenso de cotas que venimos disfrutando desde lo alto del depósito de aguas torrijeño. Giraremos hacia el oeste por el Camino Viejo de Talavera a Toledo en leve ascenso hasta Gerindote, por donde divisaremos los pinos de la antigua carretera a nuestra derecha; seguidamente la depuradora de aguas del municipio (lo que nos indica todo lo contrario a la situación anterior de depósito de aguas, entediendo que circulamos por la cota más baja de nuestro pequeño término municipal, que consta de tan solo 17km2) y por último observaremos los primeros campos de cultivo que aparecen tras las pequeñas huertas de La Vega torrijeña. Nota curiosa; este camino hace de límite municipal entre Torrijos y Albarreal-Gerindote.


Desde Gerindote tomaremos sentido norte hasta Sto. Domingo por el Camino de los Terreros por una zona mas ondulada y divertida. Posteriormente se asciende hasta el Castillo de Caudilla para finalizar el recorrido circular desde lo más alto de la ruta y hacer en descenso el último sector, divisando Torrijos en lo más bajo.


Una ruta ideal para los que se estén iniciando en el mundo de la MTB.



La tercera (TO-60), tiene una longitud de unos 65 km, con un radio de 6km al centro urbano. La salida es idéntica a las anteriores pero con un recorrido que llegará hasta el cementerio de Novés donde tomaremos el desvío para introducirnos en la población. Hasta aquí hemos realizado un pesado y contínuo ascenso por toda la Cañada Real Segoviana.

La salida se hace por el Cordel de Sta Olalla por donde descenderemos por unos bonitos parajes ondulados pero cruzando numerosos aroyos que nos pueden complicar la jornada en épocas de lluvia. De hecho esta zona es muy complicada por su terreno arcilloso y no es aconsejable transitarla en épocas de humedad.

Cruzaremos la autovía A-40 (recomendable salir a la rotonda y volver a entrar al camino, el paso por debajo de ésta siempre está embarrado excepto en verano) para desviarnos hacia el sur por la Vereda Ancha, ya por los olivares de Alcabón. De aquí saldremos siguiendo hacia el sur buscando la población de Escalonilla, ahora en un contínuo ascenso, previo paso por el nacimiento del Arroyo de La Vega.

Al llegar al cruce con la CM-4009 tomaremos brevemente la Cañada y pronto nos desviamos hacia el este por el camino que une Escalonilla con Rielves. Desde lo alto y con unas impresionantes vistas hacia el horizonte lejano, iniciaremos el tramo más cómod
o de la ruta con suaves y largos descensos interrumpidos con dos breves y empinadas subidas que coinciden con las casas de Broguelines y más adelante Azoberines. Tendremos especial cuidado al cruzar las carreteras de Burujón y Albarreal respectivamente.

Llegaremos a Rielves a los pies de la última subida del día, la más larga y continua hasta Huecas. A la izquierda tendremos el castillo de Barcience y a la derecha la Mesa de Rielves. Una vez en Huecas tomaremos el Camino de Escalona, que continúa en ascenso pero mucho más tendido, se cruzará la carretera de Fuensalida y nos situaremos sin darnos cuenta de nuevo en el cementerio de Novés que nos indica que hemos completado la vuelta y debemos tomar la Cañada rumbo sur hasta Torrijos.


Perfecta ruta para los amantes de la MTB que ya estén más rodados.

martes 20 de diciembre de 2011

Ruta del Mazapán 2011

Llega la Navidad, los momentos familiares, las buenas intenciones; todos sacamos lo mejor de nosotros en estas fechas tan señaladas... Se respira buen ambiente, júbilo, amor. El frío comienza a instaurarse de manera contínua en nuestros días, por ello buscamos la calidez y protección en nuestros compañeros, amigos y familiares. Es todo un cúmulo de sensaciones que, sin querer, nos lleva en volandas a tener estos sentimientos de amistad, respeto, tolerancia, perdón.

Se dejan atrás la inevitables asperezas de la convivencia para comenzar el año nuevo; limpios de toda mala consciencia. Celebramos el nacimiento de Jesús, que tan solo pretende limpiar nuestros corazones. Y nosotros, sin darnos cuenta; creyentes o no, practicantes o no; los limpiamos, es el ambiente que nosotros mismos creamos.

El Club Ciclista Torrijeño, viene realizando los últimos años por estas fechas la Ruta del Mazapán. Simbólica ruta que en esta edición ha reunido a más de una treintena de compañeros, para que, juntos y en un ambiente festivo nos desplacemos hasta la capital regional para tomar su dulce tradicional más caracterísitco que, además, es protagonista de las fechas en las que nos encontramos.
El "MoreTeam", como alguno nos ha bautizado ya a Javi, Tomás y a mí; preparamos la jornada desde la tarde anterior. Era nuestra primera ruta mazapanera por lo que queríamos dar alegría y ambiente festivo a esta jornada dominical. Unos gorros de Papá Noel para el casco, un poco de nieve artificial, espumillón para decorar las bicis cual árboles de Navidad... Y el plato especial, unos altavoces luminosos en el trasportín de Javi con villancicos entonados por nuestro maestro, Manolo Escobar. Todo estaba preparado para la fiesta del día siguiente.

A las 8:30 nos dimos cita en la Plaza de España. Foto de grupo y en marcha rápido para no llegar tarde a la comida concertada en Barcience; un buen cocido, del que daríamos buena cuenta a la vuelta de nuestra ruta.



Compañeros de carretera dejaron en esta ocasión su querida flaca para unirse a esta excepcional expedición. Temperaturas bajo cero y un campo helado hicieron que nuestras primeras pedaladas, hasta la cercana localidad de Rielves, estuviesen rodeados de un incómodo frío.

Hasta aquí rodamos tranquilos charlando unos con otros; era una ruta para disfrutar con los compañeros de todos los fines de semana y también con nuevos amigos en ruta. Era muy interesante como se formaban grupos y se unian unos con otros según la conversación que se mantuviese. Ahora con estos, luego con los otros, de nuevo se une otro compañero, después se separa otro. Como si de una reunión de amigos se tratase; pero además disfrutando del uso de nuestra querida montura.

Javi, con Manolo Escobar, paseándose por delante y por detrás, repartiendo villancicos a todo el pelotón. Tomás animando al grupo, mano a mano con Hugo que tarareaba las canciones de Bisbal, cuando se escapaban entre villancico y villancico. Sólo faltaban las cervezas para pensar que estábamos en un bar.

Conversaciones con el presi, agradeciendo su reconocimiento hacia el blog. Con Valentín, sobre la sorpresa que nos tenía preparados para la comida. Con Prieto II, sobre la marcha de sus estudios. Con Eugenio, sobre su habilidad fotográfica y censura de algunas fotos... Con todos y cada uno de ellos había algo que comentar.
El camino es de sobra conocido, al fin y al cabo en esta ocasión era lo de menos; salida por los pinos hasta Rielves por detrás de la antigua discoteca y desde esta localidad, desandando literalmente el Camino de Santiago de Levante, descendimos paralelos al arroyo de Rielves hasta cruzar el Guadarrama. Después, a la izquierda de Tajo por nuemerosas fincas hasta las canteras de Toledo.

Todo llano y en leves descensos hasta que nos encotramos con el único escollo, unos pocos kilómetros antes de llegar a Toledo. Ascendemos por pista ya asfaltada. Unos pocos metros en los que olvidé el carácter festivo, para ponerme un poco a prueba y ascender a ritmo este solitario kilómetro de ascenso. El cual, tras coronar, conseguimos ver por primera vez la silueta de la capital.

Ya solo quedaba aproximarnos por el camino de lavaderos hasta la parte trasera del restaurante El Chuletero para tomar la preciosa senda ecológica que bordea literalmente el río Tajo.

Senda que nos obliga a ponernos en fila de uno, creando una bonita serpiente rojiblanca, serpenteando entre los juncos y árboles ribereños. Cruzando edificios de la antigua fábrica de armas, donde en ocasiones el paso se eleva sobre el río, dejando el agua bajo nuestros pies.
Foto de grupo bajo el nuevo puente peatonal y reanudación de la marcha en busca del hermoso puente de San Martín para iniciar la subida al casco por el enrevesado entramado de calles laberínticas de Toledo, pasando por su catedral hasta llegar a la archiconocida plaza de Zocodover.

El trayecto por las calles toledanas fue digno de obserevar, ni por muchas fotos que pudiésemos realizar, jamas podremos adjetivar la sensación de ir este gran grupo por las calles en filas estrechas. Llamando la atención de los turistas que aprovechaban para inmortalizar esta inusual escena por la urbe toledana.

En la plaza incluso se atrevian a pedinos fotos para llevarnos con ellos a sus respectivos países. Ya podemos decir que tenemos un club internacinal. Incluso alguno aprovechó esta ocasión para flirtear y así poder ponerse la etiqueta de ligón internacional... Estas japonesas...


Tras las fotos y la llegada de algunos compañeros de carretera, nos desplazamos hasta el bar ... Ángel y Eusebio también hicieron acto de presencia vestidos de paisanos entre nosotros. Pudimos llegar a juntarnos unos 40 compañeros del club dentro del acogedor bar, el cual conseguimos rebosar. Cafés, churros, porras, colacaos, tortillas y el buenísimo mazapán de Ireneo, hicieron que recompusiésemos el calor y las energías para volver hasta Torrijos.

Muy buen ambiente, es lo que premió en toda la jornada. La puesta en marcha no se retrasó mucho. Pronto descendíamos por la calle Alfileritos hasta Lorenzana para salir por la Diputación hasta la puerta del Cambrón y descender hasta el río por un acceso peatonal en zig-zag que hizo las maravillas de nuestra vista, volviendo a ver de nuevo esa serpiente ciclista torrijeña.

Al llegar a las proximidades del Tajo, cerca de la senda verde, nuestros compañeros de carretera marchan por su asfalto mientras que nosotros volvemos a nuestra arena... De nuevo pasamos por el bello tramo paralelo al meandro del río para hacer el camino a la inversa que habíamos realizado esta mañana. Dura subida al principio para dejar Toledo atrás, largos y llanos campos de cultivo regadío hasta llegar a la desembocadura del Guadarrama en el Tajo. Ligera y pesada subida hasta Rielves no sin antes adelantarnos dos insensatos cazadores con sus poderosos coches de gran cilindrada por el barbecho... Sin comentarios.

Pequeños problemas mecánicos acompañaron la vuelta... Ese sillín hay que cambiarlo Lorenzo, que algún día te va a jugar una mala pasada... Esas ruedas de nieve Tomás, que no están hechas para el calor toledano... Y Jacin, esa rodilla hace tiempo que dejó de tener 20 añitos...

¡Qué sería del cicloturismo sin estos improvistos donde se saca a relucir el compañerismo!

Llegamos a Torrijos sobre las 2 de la tarde, tiempo justo para ducharnos y marchar a Barcience en busca de ansiado cocido.

Gran comida entre grandes personas. Muchas y muy diferentes; con inquietudes diferentes, edades diferentes, trabajos diferentes, intenciones diferentes, objetivos diferentes, amistades diferentes, vidas diferentes.... Pero unidas por una misma pasión, la bicicleta.

Al concluir la comida y acompañados de un digestivo gintonic, Valentín nos mostró su sorpresa-regalo. Un emocionante vídeo con música y fotos de todos los allí presentes en alguno de los momentos sobre la bicicleta en este último año.

Gracias por ello Valentín. Y gracias a todos por compartir esta pasión. Gracias.

viernes 9 de diciembre de 2011

Montes de Toledo: Risco del Amor

La niebla es un fenómeno atmosférico muy común en nuestra zona. Todos sabemos que son nubes muy bajas y húmedas que impiden la visibilidad y entristecen el ambiente. Además despierta nuestra curiosidad al ver que, si nos desplazamos con el coche unos pocos kilómetros, podemos encotrarnos días espléndidos y radiantes de sol.

Para que se forme la niebla deben darse varios factores: el primero de ellos es que soportemos un anticiclón, altas presiones que dan estabilidad a la atmósfera sin vientos fuertes ni nubes altas (lo que todos conocemos como "buen tiempo"). Lo segundo que tiene que ocurrir es que estemos situados en zonas geográficas próximas a ríos o acuíferos subterráneos, por tanto lugares con cotas bajas donde se encuentre este elemento. Y lo tercero que tiene que suceder es que el ambiente sea frío.

Extrapolándolo a Torrijos; el tercer punto es obvio que siempre ocurra en invierno. El el segundo punto, por todos es conocido que, bajo nuestro suelo tenemos un gran acuífero o reserva de agua, muy mala para el consumo debido a su alto porcentaje en cal, pero agua al fín y al cabo; además que es evidente nuesta baja cota sobre el nivel del mar, que queda patente si vienes por las carreteras de Gerindote, Sto Domingo o Novés. Por último, el primer punto es incontrolable y afecta según los caprichos de la atmósfera.

Así pues cuando vemos en las noticias del tiempo que en invierno va a haber un anticiclón, es muy probable que en nuestra localidad no difrutemos de ese "buen tiempo" porque el sol del anticiclón va a calentar la tierra, que en esta zona tiene mucha humedad y al evaporarse esa humedad, en el momento que se levanta de la tierra se va a condensar por el frío invernal. Por tanto se crearan nubes de no mucha altura. Además estas nubes permaneceran inmóviles porque el anticiclón, con su estabilidad no producirá vientos que disipen o muevan esta mole de agua en suspensión.

Así pues el miércoles del "puente de diciembre" se presentó con este carácter atmosférico y muy previsiblemente ocurriría lo mismo para el jueves festivo de la Inmaculada Concepción. Si levantaba la niebla nos quedaríamos por Torrijos, pero si persistía, nos desplazaríamos a cotas más altas con el coche para disfrutar de este precioso anticiclón invernal.

Dicho y hecho, "robé" una ruta cercana por los Montes de Toledo creada por nuestro amigo JF de la Fuente que amablemente comparte en Wikiloc, por si acaso tuviésemos que salir de la localidad.

A las 8 de la mañana al asomar por la ventana todo seguía igual... ¡Pues coches, y fuera!

Tomás muy escéptico con la teoría de la niebla explicada arriba, no esperaba lo que nos pasaría unos kilómetros más adelante. Junto a Javi, cogimos el coche rumbo a Ventas con Peña Aguilera... Evidentemente a medida que nos acercábamos al canal de Castrejón la niebla iba empeorando. Al salir de este tramo hacia San Manrtín de Montalbán, esta seguía a garrada al suelo.

Por varios momentos, creí que me tendría que tragar mis palabras. Pero de repente, como si un truco de magia se tratase, la niebla desapareció de golpe y el sol se presentó con fuerza y garra en todo lo alto. Estábamos entrando a San Martín cuando este efecto nos sorprendió. Alegres, llamamos por teléfono a Javi que venía detrás, que también se había mostrado incrédulo ante la teoría de dicho fenómeno.

Seguimos ganando altura para confirmar la buenísima mañana de diciembre que nos esperaba por delante, hasta llegar a la plaza de Ventas con Peña Aguilera.

La ruta que íbamos a rodar, ya fue realizada por nuestros compañeros de MTB Leganés. Me llamó la atención por como la presentaban en algunos foros de ciclismo con el nombre de "Vamos a hacer el Amor", jugando con las palabras para decir que "Iban a subir el Risco del Pico Amor", el cual, resulta ser la elevación más alta de nuestra vecina provincia de Ciudad Real con la que compartimos la cota y a su vez hace de límite provincial entre ambas.

PINCHA AQUÍ PARA VER LA RUTA

Así pues haríamos dos techos (Toledo y Ciudad Real) en menos de una semana; interesante reto que se nos presentó sin haberlo programado.

Siempre me gusta innovar o editar las rutas en base a las que encuentro por internet para no repetir lo que otros han hecho y así enriquecer este mundo de posibilidades del GPS; además no me gusta pasar dos veces por el mismo lugar en la misma ruta (como era el caso de la que encontré) para aprovehar y ver el mayor número de sitios en una misma jornada.

Me permití el lujo de hacer una variación a la idea origina de la subida del Pico Amor, junto con la vereda del Fraile y la visita al Monasterio; incluyendo en la ruta el paraje de El Castañar. Así le daría un carácter más circular y no se repetiría ninguna zona de paso. Pero me pasé de listo...

La ruta commenzó, sin poder calentar las piernas con una dura subida por hormigón directo al precioso Molino de Ventas, que vigila permanente los trasiegos de su pueblo desde esta privilegiada situación. Si levantamos la mirada, también podemos divisar la llanura toledana, asi como los pueblos más próximos y cerros como el de Noez, Pulgar, Layos... A lo lejos quedaba Gredos y entre medias, el valle nuboso del rio Tajo, sometido a esa perpetua nieblina.

Tras este rápido parón nos introducimos en la preciosa senda de Los Labrados, ya en ligero descenso. Senda algo técnica, pero muy peculiar, de apenas un metro de ancho, flanqueada por muros de piedra que controlan el abundante ganado de la zona. Flancos en los que a veces debemos tener especial precaución debido a las vallas de pinchos que por momentos sustituyen a los muros derruidos de piedra. Son 6 kilómetros de disfrute total de MTB, aunque debemos tener especial atención en no encontrarnos con alguna moto de cross de frente, afición muy habitual por estos pueblos al pie de los montes. En este caso no tendríamos hueco para los dos.

La ruta ha salido de Ventas rumbo Este y al concluir este sendero nos topamos perpendicularmente con el arroyo de Carboneros, el cual seguimos paralelos hacia el norte por su margen izquierda. En la primera encrucijada de caminos que nos hayamos deberíamos dirigirnos hacia el este de nuevo. Pero los contínuos disparos lejanos que veníamos oyendo, cada vez los sentimos más cercanos y para más sospechas, el camino que había editado sobre el original nos introducía por una cancela que rezaba "Coto Privado de Caza".

El camino era público, la finca privada. Pero estaban cazando y aunque la normativa de caza les obligue a estar situados a más de 300m de los caminos públicos, no estaba por la labor de encontrarme un cazador despistado... Entre una bici y un rifle/escopeta es demasiado evidente quien tiene todas las de perder... Así pues y sin duda alguna, gracias a que también tenía grabado en el GPS la ruta original de JF de la Fuente. Decidimos ignorar mi ruta y centrarnos en la de nuestro gran amigo, a pesar de perder las bases que tenemos a la hora de realizar una ruta.

Por tanto volvimos sobre nuestros pasos, paralelos al arroyo de los Carboneros, pero esta vez hacia el sur y por su margen derecho, paralelos al muro de piedra que delimitaba la finca.
Este camino se realiza en leve y contínuo ascenso que unido a las piedras que comienzan a aparecer sueltas, no hace técnico el camino, pero sí pesado.

Así pues nos topamos de frente con el camino del Fraile, que se presenta perpendicular a nuestra dirección. Hacia la derecha volveríamos hacia Ventas, por tanto tomamos su trazado hacia el este, pero de nuevo nos encotramos otra cancela. En ella había varios carteles, uno de Vías Pecuaria de la Consejería de Medioambiente y otro de Coto de Caza.

Aquí si surgieron dudas, yo no tenía más alternativas, o seguíamos o nos volvíamos a Ventas con 14 míseros kilómetros. Los disparos se seguían escuchando, pero si es cierto que mucho más a lo lejos que antes. Javi, decidido, abre la puerta; Tomás se queda rezagado. Eran evidentes las posturas de cada uno... Ambos mirándome. Y yo escondiendo mi mirada y mi pensamiento en el GPS... Decisión salomónica... Entramos, pero al mínimo disparo que considere cercano a nosotros, nos damos la vuelta... Javi se pone sus cascos y tira delante, Tomás y yo más acongojados que otra cosa le seguimos.

La belleza de este camino pronto hace que nos olvidemos de nuestros temores y nos centremos en disfrutar de uno de los tramos más preciosos que nos regala nuestros desconocidos montes toledanos. Rodeados de un denso bosque de encinas, enebros y jaras, rodamos por el piedemonte con continuos subeybaja, vadeando pequeños y jóvenes arroyos que bajan por la ladera de la Sierra del Castañar, muy próxima a nuestra derecha. Cualquier tipo de descripción de este tramo jamás hará justicia a lo que realmente nos vamos a encontrar.

El camino, según se aproxima al monte, va empezando a ser más empedrado. De nuevo se recomienda una bici doble para un mayor disfrute. Los riñones de mis dos compañeros de viaje con bici rígida así me lo confirmaron al acabar la ruta. Este tramo va a ser compartido de ida y vuelta. De pronto por la derecha llega el camino que horas más tarde descenderíamos desde lo alto del Amor; pero ahora nosotros continuaremos de frente en busca de las Casas del Convento del Castañar.

Rodando tranquilamente y relajado por las vistas, escucho un estruendo que me hace frenar de golpe. El ruido del disparo lo sentí tan cerca que vi evidente el final de nuestra aventura como les había prometido. Javí siguió delante con sus cascos sin darse cuenta de la gravedad de lo ocurrido. Tomás que marchaba detrás, alarmado por mi frenazo, me miró sorprendido. "¿Qué te pasa More?" Yo asustado le respondí que si no había oído el disparo. Tomás tan jocoso como siempre y quitando importancia me informó: "¡Pero si ha sido un canto que ha salido disparado de tu bici y golpeado en la mía!"

Así llegamos hasta las ruinas del Convento del Castañar. Precioso enclave de retiro y oración en tiempos pasados. Hasta aquí y desde Arisgotas donde se encuetra otro convento franciscano crearon los monjes de antaño la conocida Vereda del Fraile. Senda de apenas medio metro que serpentea entre la densa vegetación de la zona con continuos subeybaja que hacen extemadamente divertida y cómoda la zona para la bicicleta de montaña.

Ya por aquí nos encotramos los primeros dos ciclstas de la mañana, lo que nos hizo tranquilizarnos de forma definitiva respecto al tema de los cazadores.

Continuamos la ruta de la que salen infinidad de caminos particulares (no olvidemos que el 55% de los Montes de Toledo son privados). Nosotros aun seguimos rodando por la Vía Pecuaria pública. En uno de estos cruces nos encotramos con un todoterreno aparcado que al pasarlo nos comienza a pitar, le ignoramos y seguimos nuestro camino, pero la insitencia del individuo nos hizo parar y volver sobre nuestros pasos. Sabíamos por donde íbamos y estábamos dispuestos a discutir conociendo nuestros derechos.

Cuando volvemos, el hombre sin bajar del Ranger Rover, nos indica que ese camino es privado. Nuestra indiganción se elevó a la máxima potencia cuando nos lo dijo y le comentamos que nosotros íbamos por la vereda del Fraile, Vía Pecuaria de uso público y ... prohibido al tránsito motorizado. Nos sorprendió cuando nos dio la razón y nos corrigió que la vereda era el senderito que salia, casi invisible, algo escorado a nuestra izquierda.

Tranquilamente nos despedimos. Realmente salimos ganando con el cambio y despiste, pues de nuevo volvíamos al sendero en vez de circular por un vulgar camino.

Poco nos quedaba para que el bosque se abriese y salir a una dehesa a la altura de las Casas del Quinto de San Martín, a los pies de las estribaciones orientales de la que íbamos bordeando. Aquí empezaríamos a variar nuestra dirección para tomar brevemente rumbo sur en busca del camino del Puerto de Valdepalacios que se adentra en el valle formado por esta sierra en forma de Y tumbada.

A nuestra izquierda el arroyo de San Martín de la Montiña que nos acompañaría en la primera parte del ascenso hasta llegar a las Casas de los Caceros. En este primer tramo, nos cruzamos con varios ciclistas que descendían el puerto, dejándoles paso a nuestra izquierda. También nos encotramos un gran grupo de senderistas en nuetro mismo sentido.

El robledal nos indica que estamos ganando altura; mietras tanto, nuestra mirada se levanta para disfrutar de este rincón de la provincia toledana. La ramificación de la sierra a la izquierda de nuestas vistas nos premite ver un densa vegetación con espectaculares claros de canchales en media ladera. Al otro lado de este conjunto de riscos estaríamos ya en tierras ciudadrealeñas.

Entretenidos en las vistas de la ladera opuesta a la que subimos, no nos damos cuenta del canchal que vamos a atravesar en nuestra propia ladera. Era como si de repente estuviésemos rodando sobre las piedras que sustentan las vías del tren pero sin las traviesas de madera, ni los raíles de acero. Toda una prueba de habilidad sobre la bici de apenas 200m que tras pasarlo nos dejó en un pequeño prado donde la naturaleza nos da su pequeño regalo.

En medio de un robledal a medio camino entre bosque y prado, aparecen una familia de ciervos. Javi para y se atreve a acercarse para inmortalizar la escena, pero cuando se aproxima, un ciervo con una cornamenta de los que quitan el hipo, sale de entre las retamas y se lleva a su familia a un lugar más seguro. El susto no fue pequeño y decidimos continuar, ahora ya con la segunda parte del ascenso.

Ocho revueltas, que serpenteaban sobre un espectacular cortafuegos, nos hicieron tomar altura en muy poco tiempo. Estas revuetas cada vez nos permite ver nuevas perspectivas que nos van anestesiando el esfuerzo que llevan nuestras piernas. El camino nos deja en un collado, en el que por segunda vez en lo que va de mañana, podemos ver la extensa llanura toledana. Continuamos ascendiendo, ya por la cuerda de la sierra en busca de la interseccion en Y donde se situa el objetivo principal de la ruta.

De camino a él, las vistas son inmejorables, a la derecha podemos observar todas las tierras de nuestra provincia. Protagonizados por el eje del rio Tajo y delimitado por Gredos al fondo y los Montes de Toledo desde donde observamos las increibles vistas. A medio camino, la nieblina agarrada a las zonas más bajas.

Por momentos la cuerda también nos dejaba ver el sur, en este caso la provincia de Ciudad Real, con preciosas rañas previas al Parque Nacional de Cabañeros y mares de nubes encajonados entre los montes en su parte más occidental.

De camino al Risco del Pico Amor unos muflones salieron a nuestro paso. La visión de estos imponentes animales justificaron el esfuerzo realizado para llegar hasta aquí.

El vértice geodésico del Pico Amor queda desviado unos 80 metros a la izquierda del camino y marca los 1377msnm. Vértice de la Y que forma la sierra del castañar y límite geográfico entre las provincias tolenada y ciudadrealeña.

Fotos, y descenso por el camino, ahora por la falda norte en busca de nuevo del camino del Fraile. Descenso muy pronunciado y excesivamente pedregoso donde de nuevo echaremos en falta una bici de suspensión doble. Seis curvas de herradura nos haran descender de cotas muy rápidamente internándonos de nuevo en un robledal, que dejaremos justo al llegar a un cortafuegos que cruzaremos de frente. El descenso termina por la parte más suave en pendiente pero más pesada en cantos sueltos.

Llegamos perpendiculares al camino del Fraile, que en esta ocasión tomaremos hacia el oeste, desandando los pasos que hacía unas horas habíamos realizado. De nuevo tramo disfrutón hasta el cruce con el camino de Carboneros que dejamos a la derecha pare continuar de frente hasta llegar a las Casas de la Peralosa. Aquí el camino se convierte en una muy buena pista rodadora hasta la localidad.

Preciosa ruta, cercana que no podemos dejar pasar sin realizar. No nos podemos ni imaginar lo que tenemos tan cerca.

Lo único negativo, la cantidad de caminos y fincas privadas y por consiguiente, cacerías en épocas de octubre a febrero. Y también si cabe, la cantidad de cancelas que hay que cruzar por el paso por estas fincas privadas a pesar de ir por caminos públicos.

lunes 5 de diciembre de 2011

PN Cabañeros: Corocho de Rocigalgo.

Personalmente disfruto una ruta en tres partes bien diferenciadas; preruta, ruta y postruta.

En la preruta, se abarcan todos los días previos a la cita de campo. En ella se integran la aportación de ideas interesantes por parte de los compañeros ciclistas, búsqueda de información, documentación y creación o edición de rutas con ayuda de Wikiloc, SigPac, MapSource, Panoramio e incluso correos con bikers que previamente ya han rodado por la zona que tenemos en mente. Todo ello permite que tengas una previsualización de lo que te vas a encotrar el día de la ruta.

Ya en la ruta, mucha de la información trabajada se confirma, pero otras veces, nos encotramos con evidencias que no son como te habías imaginado previamente sentado en tu casa con el ordenador delante, una Coca-cola y calentito con la calefacción... Normalmente queda compensado al compartir ese sufrimiento con compañeros que ruedan a tu lado y que están igual o más locos que tú. Sufres por el "marrón" que les has metido, pero ves que disfrutan con ello y ese sentimiento de culpabilidad queda aguado.

Después aparece la postruta donde comentamos las anécdotas junto a una buena jarra de cerveza, coca-colas o un buen bocadillo de calamares. Análisis de los datos del GPS y la creación de la crónica, compartir fotos... para que nuevos locos como nosotros se animen a realizar nuevas aventuras... ahí dejamos la semilla para que otros realicen el ciclo que acabo de describir...

VER RUTA, PINCHA AQUÍ

Así pasó ayer. 21 bikers nos juntamos para realizar una nueva locura. Gracias y perdón. Conseguir el techo toledano nos cegó, nos hizo sufrir, nos rompió.

A las 9:30 en punto salimos de Los Navalucillos hacia el sur por la carretera que va a Robledo del Buey. Pronto nos desviamos de frente hacia el Camino del Molinillo que va en busca del precioso pueblo de Navas de Estena, en pleno corazon de Cabañeros. Este camino es ancho y muy bien adecentado que nos va a permitir calentar un poco las piernas. Avanza en ligero ascenso, aunque nos vamos a encotrar algunas rampas cortas que levantan el camino en un par de ocasiones, obligándonos a entrar en calor. Los caseríos y las huertas van desapareciendo poco a poco, lo que nos indica que nos estamos alejando del núcleo urbano. Hemos partido del pueblo sobre una altura de 744 m y vamos a llegar a un pequeño collado sobre los 897 m. Aquí dejaremos el camino que continúa rumbo sur para girar 90 grados hacia la derecha.

Nada más tomar este camino, observamos una barrera que nos impide el paso. Como no conocemos la zona y vamos siguiendo fielmente el track del GPS, decidimos continuar por donde nos guiaba el navegador. Nos adentramos en un pinar, el camino ignoraba las curvas de nivel y nos conducía desafiante hacia la Sierra de las Particiones. Pronto las curvas de nivel del GPS comienzan a juntarse y obliga al camino a doblar su dirección para poder salvar el desnivel que cada vez comenzaba a ser más serio. Iniciamos el primero de los ascensos del día. La imagen de Verano Azul disfrutando de la bicicleta desaparece en cuestión de segundos. Cada uno pone su ritmo. Estamos en el primer tramo duro de la jornada. Dos curvas de herradura nos situaron en un pequeño collado con un mirador-merendero a unos 1122m hacia el encajonado valle que surca el río Cedeña. No habíamos llegado a la primera cota del día, pues aún quedaba ascender un poco más. Esta vez con unos porcentajes algo más suaves que los anteriores que nos subirían hasta los 1190 m en el Risco de la Higueruela, donde daríamos por concluida la primera subida de la mañana.

Estábamos en pleno corazón de la Sierra de las Particiones. Una de los cientos de pequeñas, onduladas y desordenadas sierras que forman los Montes de Toledo. Comenzamos el descenso, cruzando zonas de canchales muy pedregosos pero ciclabes. De frente, muy próxima teníamos una espectacular vista de la Sierra de Valleleor, parecía mentira que estuviésemos en la mismísima provincia toledana, sin ningún rastro de la mano del hombre que no fuesen los propios caminos. El eco que producía esta sierra era de las que llaman la antención debido al retardo y claridad con la que se oía nuestra propia voz. Merecía la pena usar los frenos para reducir la velocidad y disfrutar de este paraje tan espectacular en este primer día de anticiclón en pleno mes de diciembre.

Pronto llegamos al Collado de los Pos, pequeño prado, que nos regalaba unas espectaculares vistas hacia el norte, con la Sierra de Gredos al fondo, divisando el extenso valle del Tajo y el imponente Pico Almanzor, nevado en sus cotas más altas. Todo un homenaje para nuestros ojos que nos habíamos ganado a pulso con el sufrimiento de nuestro primer ascenso, que ya empezaba a quedar lejos de nuestro recuerdo.

Estábamos llegando a la cota de 1020m que nos indicaba que pronto deberíamos comenzar a ascender de nuevo. Hicimos un pequeño parón ante el primer cartel de la ruta que nos recuerda que vamos a rodar por el Parque Nacional de Cabañeros. En este punto sopesamos la posibilidad de fuga por el camino de las Calancheras, que continúa descendiendo hasta el paraje de Las Becerras y que se uniría al tramo final de la ruta original. Todos valientes, obviamos esta opción, que puede ser una buena alternativa para proyectos menores.

Así pues tomamos de nuevo rumbo sur, en busca de la Sierra Fría por el camino de Las Cuevas, el cual hace de límite con la nueva ampliación del Parque Nacional, que hace unos años no protegía esta zona norte de los montes toledanos.

El susto fue espectacular cuando al salir de una zona de vegetación densa observamos una auténtico rampón recto y directo hacia dicha sierra que comparte trazado con un cortafuegos. Aquí nos encotramos el porcentaje más alto de toda la ruta 18% de desnivel que debido al piso pedregoso hacía que la sensación de desnivel ascensdiese a la la veintena porcentual.

Pronto nos compensa con un breve descenso para rápidamente dirigirnos hacia lo que denominaré a partir de ahora el "Alpe D´Huez toledano". Once revueltas, once; que nos levantarán hasta lo más alto de la Sierra Fría. A la izquierda quedará el nacimiento del rio Cedeña. A lo alto de todas las curvas, los 1380m que inicia la media de cotas de esta cuerda montañosa. Antes de llegar a ella, a la izquierda pordemos observar a lo lejos una cima con unas antenas, es el Rocigalgo, que por primera vez aparece ante nuestros ojos.

Sensaciones opuestas; de alegría por verlo y de desesperanza por la relativa cercanía desde nuestra ubicación. Las piernas habían subido mucho desnivel y los 4 km que nos quedaban hasta nuestro objetivo se presentaban muy lejanos.

Aquí mismo sería el punto de retorno. Dejaríamos el carácter circular de la ruta para hacer el ataque al Rocigalgo y después desandar nuestros pasos hasta la situación actual y descender hasta el paraje de Las Becerras.

Ante nosotros se presentaba el tramo más duro, más feo, más inhumano. Pero nos podía nuestra ambición. Este apéndice de ruta, bien puede ser evitada si no se tiene el interés único y exclusivo de estar en el techo toledano. Cuatro ascensos y descensos cortos pero muy duros tanto por su pendiente como por su firme rocoso nos hizo plantearnos la vuelta. Algunos con más sensatez y sentido común que otros volvieron sobre sus pasos. Querían disfrutar de la ruta, y hasta entonces ya había sido más que suficiente, tuvieron esa sangre fría de saber decir "no".

Otros continuaron encontrándose sorpresa tras sorpresa, paralelos a las crestas rocosas, hasta en cuatro ocasiones, donde a veces hubo que poner pie a tierra mientras te preguntabas qué demonios hacías aquí.



La cuerda de la Sierra Fría es ciclable, pero las piernas llegan muy muy pegadas a esta altura de ruta. Con más cabezonería que sensatez, siete cabras de las veintiuna personas que iniciamos la expedición conseguimos llegar al vérice geodésico que confirma su altitud de 1477 msnm. Aunque con una consecuente desilusión al ver una cima fea, vallada y con antenas, que no hacía justicia a su dureza. No obstante, estábamos en el techo de nuestra provincia...

La vuelta hasta el punto de retorno se hace por el mismo camino; lo que antes habíamos bajado con cuidado ahora lo subíamos arrastrando la bici y viceversa.

Cierto es que el camino de vuelta hasta este punto se hizo mentalmente más corto que el de ida. Aunque hay que tener en cuenta que la última subida antes de llegar al punto de descenso, es mentalmente demoledora.


Ya una vez en el punto que nos une al tramo circular iniciamos un vertiginoso descenso con porcentajes de desnivel negativo superiores al veinte porciento. Si en toda la ruta, la orografía de piedras hace agradecer el rodar con una bici de doble suspensión, en este descenso debido a la velocidad es casi imprescindible si no queremos reventar alguna cámara por la cantidad de cantos que componen la pista.

Es muy dificil tener la sangre fría de ir despacio ante tan evidente disfrute, pero esta es la solución para no tener problemas en esta bajada si no contamos con una bici doble. Además, su gran pendiente nos pone a prueba nuestra técnica de descenso obligándonos a poner el trasero lo más retrasado posible si no queremos salir por delante de nuestra compañera.

Así pues, llegamos hasta el arroyo de El Chorro, el cual debemos vadear para llegar hasta el parking de la famosa ruta de El Chorro, donde una caseta controla y da información sobre el Parque Nacional.

Aquí al grupo que venía por delante con GPS pero sin el track dibujado les indicó el camino correcto para llegar hasta Los Navalucillos, no sin antes, advertirles que estaba prohibido el ascenso al Rocigalgo en bicicleta.

Tomamos la pista forestal que nos dirigiría hasta Las Casas de las Becerras pero antes de cruzar el puente que salva el arroyo del Matón nos desviamos a la derecha para evitar el temible ascenso que llega hasta la carretera.

No más lejos de la realidad, cuando pensamos que ya solo queda llanear o descender, las pequeñas rampas que nos presenta este camino hasta su final, hará parecer que el pueblo ha desaparecido de su ubicación natural. No hay que olvidar que venimos de hacer una ruta muy dura mental y psicológica, y lo que supone en condiciones normales un paseo, se puede convertir en una tortura psicológica.

El nuevo camino, denominado de la Nava, seguirá los pasos del arroyo de El Chorro primero, y del río Pusa después. Al cruzar el arroyo de El Chorro, llega una pista que desciende desde el collado de los Pos, por el cual pudimos acortar la ruta unas horas atrás. Seguidamente pasaremos por las casas de la Puilla, las cuales fueron utilizadas para hacer escenas en la pelicula "El Che" de Benicio del Toro.

El camino se adecúa a las vicisitudes del terreno haciendo grandes curvas para salvar el arroyo de Pinilla, y tras esto llegamos al encajonado embalse del río Pusa con su precioso cortado.

De aquí a la salida a la carretera, el camino hace un subeybaja que quema a nuestras cansadas piernas pero que en condiciones normales no debería costarnos lo más mínimo salvar. Llegaremos a la carretera que une Los Navalucillos con Robledo del Buey y en 4km nos dejará en nuestro lugar de inicio.

Reto conseguido, pero más duro de lo que en un principio habíamos previsto. Ahora a disfrutar del postruta.

GRACIAS A TODOS POR COMPARTIR ESTE DÍA...

lunes 28 de noviembre de 2011

BiciCrítica Toledo (Noviembre)

QDD BiciCrítica (todos los últimos jueves de mes): - Toledo; parking Toletvm, 19:30, jueves 24 de noviembre. El movimiento BiciCrítica llega a Toledo. Hace cinco años apareció en Madrid; un grupo de ciclistas hicieron una quedada sin organizar para protestar por la seguridad de los ciclistas en las calles madrileñas. Un lustro después, ese valor se ha expandido por muchas ciudades de España todos los últimos jueves de mes. En Toledo es su tercera edición.
Daremos una vueltecita por las calles de Toledo vestidos de paisanos y luego unas cerves en Sta Teresa, para recordar tiempos universitarios.

Así anunciaba la salida del pasado jueves y no defraudó. Habíamos hecho rutas nocturnas por caminos y es muy gratificante las sensaciones contrarias que te ofrece. Hace poco estuve por Sevilla haciendo una ruta nocturna urbana con motivo de mi visita a mi gran amigo Jose. En aquella ocasión éramos dos vulnerables ciclistas por la capital andaluza.

Ahora queríamos repetir la experiencia de una ruta nocturna-urbana, pero arropados por la multitud de unos 100 ciclistas que se esperaban en esta convocatoria.

Tomás y yo nos presentamos en el parking de Toletvm y allí había una auténtica diversidad de ciclistas; urbanos, de descenso, de carretera, mtb... bicis antiguas, nuevas, con alforjas... Llamaba la atención la variedad de ciclistas que se habían unido para una misma causa.

La ruta salió de la "Rotonda del Caballo" hacia la "Rotonda de la Reconquista", pequeño bucle por la Plaza de Cuba para ascender toda la Avenida de la Reconquista, tomar la cuesta de Recaredo hasta San Juan de los Reyes y ascender hasta Sto Tomé, y por la calle Alfonso X paramos en la plazueleta de la Iglesia de los Jesuitas (situado en la cota más alta del casco toledano) depués descendimos por la calle hombre de Palo y del Comercio hasta Zocodover. De ahí bajamos por la cuesta de las armas hasta la puerta Bisagra y vuelta al punto de inicio. Unos 8km que tardamos en recorrer aproximadamente en una hora y media. Apta para todos los públicos a pesar de las conocidas rampas toledanas que quedaron en evidencia ante las pedaladas de todos los componentes.

Resultó muy bonito ver este movimiento pasar por edificios ilustres como la Puerta del Cambrón, San Juan de los Reyes, Palacio de Fuensalida, Iglesia de los Jesuitas, callejuelas toledanas, Zocodover, Puerta del Sol y Puerta de Bisagra... Con su iluminación nocturna que le da más belleza si cabe a cada arquitectura.

El matiz reivindicativo de zonas adaptadas para ciclistas quedó patente en la ruta ante los cánticos de "No gasta, no mancha" y otras muchas más.

La parte negativa la puso la policía local cuando se puso en contra de esta "quedada no oficial" pidiendo documentaciones y multando a componentes sin luces o sin casco. Una partulla nos acompañó desde el Cambrón y en la parada de San Juan de los Reyes nos dimos cuenta que no estaban con nosostros sino contra nosotros. Al callejear fueron dos motoristas los que nos escoltaron y al llegar a Zocodover, 4 patrullas nos esperaban en la plaza... ¡Cuidado el peligro que llevábamos! (lease con ironía). Por si las moscas, nos bajamos de las bicis para cruzar como peatones la plaza... sin comentarios...

La ruta fue muy tranquila y pacífica, respetando señales de circulación y peatones en todo momento. Y en las cuestas esperando para reagrupar tanto en San Juan de los Reyes como en el Palacio de Fuensalida o en la Iglesia de los Jesuitas...

Buen ambiente, que tras la ruta continuamos, ya sin nuestras compañeras, por Sta Teresa y tomando unas cerves recordando viejos tiempos universitarios. Pero pronto para casa, porque ya no lo somos y al día siguiente había que trabajar.

Proxima cita... ¿BiciCrítica de Madrid?

martes 15 de noviembre de 2011

El Tiemblo: Casillas y El Castañar

El pasado domingo 13 de noviembre volvimos a hacer una nueva escapada fuera de nuestra hipertransitada comarca torrijeña. El lugar, las primeras estribaciones de la Sierra de Gredos Oriental. A los pies de ellas El Tiemblo, lugar de partida y cuna de grandes ciclistas nacionales.

En esta salida nos reunimos 16 ciclomontañeros con ganas de pasarlo bien, pero también de sufrir y disfrutar de las espectaculares vistas que nos ofrece la zona en estas fechas otoñales.



Partimos del Hotel Toros de Guisando situado en la misma travesía del pueblo, justo en la entrada. Rodamos brevemente por la carretera para girar a la izquierda siguiendo las indicaciones de los carteles que nos dirigen hacia "El Castañar".

Callejeamos hasta llegar a un puesto de control que obliga a pagar unas tasas de acceso para los vehículos y viandantes, no así para los ciclistas; que pasamos de forma gratuita.

En estos primeros kilómetros nos hemos juntado con otro grupo de la localidad de Pinto haciendo un pelotón de casi unos 30 bikers. Charlamos brevemente sobre nuestros objetivos del día de hoy y pronto avanzamos sobre ellos.

Estamos ascendiendo desde el primer momento por una pista asfaltada con una pendiente muy suave, que nos permite entrar en calor a pesar de la encapotada jornada que nos esperaba. A la izquierda de nuestro ascenso discurre el arroyo de la Yedra que da nombre a la garganta por la que transitamos; podemos incluso hasta divisar el bonito embalse de la Hinchona, abajo de un respetable precipicio.

Vamos sentido sur, si giramos la vista hacia la derecha deberíamos observar el alto de la Cabeza de la Parra (1639msnm), pero no conseguimos ver puesto que el día es cerrado y las nubes se agarran en la zona alta de la ladera.

De pronto, el asfalto desaparece y continuamos por una buena pista forestal bien compactada que mantiene el porcentaje de ascenso desde el inicio de la subida. Esta pista es compartida con los coches de senderistas que van en busca del parking de "El Castañar".

Pronto, en una revuelta a la altura del arroyo de los Corralejos, nos desviamos de la pista inicial y tomamos un nuevo camino que sale a la derecha. La pendiente asciende de forma notable en un principio pero poco a poco comienza a suavizar, aunque nunca sin dejar de sumar desnivel.




Este cambio nos hace tomar sentido norte. La pista sigue siendo ancha y, aunque en buen estado, tiene algunas zonas menos firmes que la anterior. Sobre ella podemos ya observar de forma significativa la altura que hemos tomado. En puntuales momentos donde el pinar se abre podemos divisar hacia el este, a la derecha de nuestra marcha, el pantano de San Juan.

Al rato llegaremos a una encrucijada de caminos que tomaremos a la izquierda, obligándonos a realizar otra revuelta que nos situará rumbo sur de nuevo. Esta revuelta se hace con un desnivel un poco más serio pero, tras ella, continuamos con un cómodo ascenso faldeando la ladera.

Llevamos ya unos kilómetros de ascenso y todos vamos más o menos agrupados. Los veteranos nos comentan que lo peor está al final y que para poder llegar a lo alto de la primera cima, debemos subir con cabeza, guardando fuerzas para ese último tramo.

Estos kilómetros de ascenso íbamos pues controlando el esfuerzo, sobre todo el de Nico. Nuevo "león" de la manada del que todos temíamos sufriese más de lo debido en la jornada de hoy. Un chaval joven con potencial, pero al que aún le queda mucho por rodar y aprender. En el ciclismo la cabeza es un factor muy importante que a la gente joven le cuesta controlar. Valentín le hizo la subida cómoda, regulándole su esfuerzo, con consejos de veterano. Adolfo subía y bajaba del grupo controlando al resto de los componentes. David marcaba los desvíos una y otra vez. Tomás y yo parábamos de vez en cuando a tomar alguna instantánea. El resto del grupo unido.

A la izquierda aparecían numerosos cortafuegos que descendían vertiginosamente hasta la cota más baja de la garganta. Esta zona limpia de pinar nos regalaba espectaculares vistas sobre el horizonte. Mientras unos parábamos a inmortalizarlas otros más adelante recuperaban líquido en alguna de las fuentes del camino.



Cada vez estábamos más cerca del techo nuboso que divisábamos en el inicio de ruta, allá por las alturas.

De repente una voz firme y tenaz grita “¡A la derecha!”, algunos acompañan extendiendo el brazo hacia esa dirección, recordando la voz imperativa mientras que giramos bruscamente un ángulo de 90º que nos hace despedirnos definitivamente de la llevadera pista forestal.

Aquí estaba lo serio. Prieto, en la mañana del día anterior, me indicó detalladamente la ruta. Pero nunca te haces la idea real hasta que lo sufres en tus piernas. Comenzaba una guerra individual. Cada uno solo con sus propias fuerzas y técnica enfrentado a unas rampas de porcentajes del 18% y un suelo que cada vez se iba rompiendo más y más.

“¡Tú sube haciendo zigzag en el propio camino!”- me resonaba en la cabeza las palabras de consejo del día anterior. Y no es que le hiciese caso en el aspecto físico, es que el camino requería una técnica tal que te obligaba zigzaguear y estar completamente concentrado en el firme, si no querías echar pie a tierra.

Para más "inri", habíamos llegado a la cota de niebla, que hacía si cabe, más épica la subida. Solo entre la niebla, sin poder ver al resto de compañeros. Apenas 10 metros de visibilidad que particularmente me permitía únicamente ver la rueda del compañero que me precedía. Los pinos habían dejado paso a los robles, árboles estos de hoja caduca que se encontraban escuálidos, dándonos una imagen más tétrica de este lugar.

Las tres primeras y bonitas revueltas de este camino las hice por delante del grupo, pero poco a poco, Tomás, Javi, David y Adolfo fueron tomando posiciones adelantadas. Por detrás no tenía ni idea de lo que estaba pasando.

Concentrado en no “penalizar” oí a Tomás decir “¡Coño, un caballo!” Levanté la vista miré a un lado y a otro y me encontré un precioso caballo a mi derecha observándonos, que aparecía de entre las nieblas como un fantasma. Estos dos segundos de desconcentración nos pudo costar muy caro. Tomas hizo un trazo incorrecto que tuvo que rectificar para no caer por la ladera, yo me había pegado excesivamente a él, y sus movimiento y mi cercanía pudieron terminar con nuestros huesos en el suelo. Afortunadamente conseguimos mantener el equilibrio y continuar nuestras pedaladas, por estas difíciles y duras rampas.

David nos avisaba que la dureza amainaba en el momento de llegar a una casa forestal. Allí nos esperó, retomamos el aliento y continuamos el ascenso, notablemente más liviano en sus últimos 600m.

Así pues conseguimos hacer cima en el prado de Cuatro Manos. Nombre muy apropiado y acertado para esta subida… A la derecha Cabeza la Parra y a la izquierda el pico del Mirlo. Ambas cimas que no pudimos divisar, quedarán pendientes para próximas expediciones.



Esperamos a la reunificación de todos los compañeros. Unos sobre la bici y otros acompañándola. Es una subida muy difícil, tanto a nivel físico como técnico.

Sin más demora, porque el ambiente era muy ventoso y húmedo, iniciamos el descenso. Sin darnos cuenta nos adentramos en el Parque Protegido del Valle de Iruelas por un camino prohibido para el tránsito rodado a motor.

Descenso vertiginoso con pendientes del 24% que nos obligan a mantener una buena técnica también de bajada, con mucha precaución, manteniendo el trasero hacia atrás que nos impida salir por delante de la bicicleta en caso de un movimiento o frenazo bursco.

El camino sale a una pista forestal, de nuevo reagrupamos y continuamos el descenso; ahora mucho más sencillo que nos permite disfrutar de unas vistas más lejanas. Rodamos por el Valle de Iruelas, inundado por cantidad de robles con tonalidades cromáticas apasionantes en esta época; al fondo el embalse de El Burguillo. Paramos en una fuente para poder reponer líquidos y aprovechamos a sacar alguna foto.

Un poco más adelante, la pista nos saca al conocido camino del Pto. de Casillas, zona de níscalos que es aprovechada en esta época para su recolección. En este punto comenzamos la segunda subida de la jornada, mucho más suave y corta que la primera. Pero en la que podía pasar factura si no se habían regulado bien las fuerzas en el ascenso anterior.



Así pues, me puse a la altura de Nico, que había subido mucho mejor de lo que todos esperábamos. Pensaba en las palabras de Adolfo en las que me recordaba que la primera subida se puede hacer con un gran esfuerzo pero que si nos excedíamos en ésta, las dos posteriores podían ser un desastre a pesar de ser mucho más sencillas. Por tanto, me coloqué junto a Nico para hacerle la subida. Nos cruzamos con varios grupos de personas haciendo senderismo. Más pendiente de nuestro nuevo león que de todo lo que nos rodeaba conseguimos hacer cima en el Pto de Casillas. A la izquierda con cima del Mirlo y la derecha de el cerro Escusa, a los que tampoco pudimos divisar.

Allí nos esperaba el grupo; unos tomando líquido, otros comida, otros simplemente aire y alguno mosqueado con su “GPS diesel” por el tema de la correcta altimetría…

Iniciamos el descenso por una muy buena pista por la que me atreví a poner a prueba los frenos de mi bici, tal vez arriesgando más de lo debido. La pista pasó a tener un firme asfaltado lo que permitió aumentar la confianza en el agarre de la goma con la nueva cubierta para invierno.

La vegetación había cambiado por completo. Estábamos en la ladera sur y por fin aparecían los preciosos castaños con sus enormes hojas y sus originales frutos.

Al llegar a la ermita de…. Nos desviamos a la izquierda para continuar el descenso por la pista asfaltada cerrada por la cantidad de castaños que abundan en esta zona. Una auténtica serpiente rojiblanca veloz en busca del pueblo de Casillas. Aprovechamos la ventaja tomada en el descenso para grabar un vídeo de todos los compañeros realizando esta bajada.



Una vez en el único pueblo que transitaríamos en toda la ruta; tomamos cafés y refrigerios. Una buena pulga de jamón serrano y la tapita de las típicas patatas machaconas del lugar.

Callejeando por el pueblo observamos la cantidad de cooperativas de castañas que emergen por estos lugares. Sin darnos cuenta nos presentamos ante un tramo en curva de unos 50 metros con el mayor desnivel que jamás haya ascendido con la bicicleta. Resultaba realmente difícil mantener el equilibrio sobre ella a pesar del buen estado del firme hormigonado y es que, como diría el compañero bloguero Zinatzli “¡¡¡El hormigón no engaña!!!”.

Salimos así por el camino de Casillas en busca del collado que nos dejaría de nuevo en el valle de la garganta de la Yedra. Ascenso por un denso castañar asfaltado de inicio con pendiente suaves pero que ya queman en nuestras piernas.

El camino asciende pero gira a la derecha y nosotros tomamos de frente para rodar por un paraje de continuo subeybaja muy bonito y divertido de densa vegetación, que motiva los ánimos y nos hace aumentar el ritmo.



Este tramo acaba con una fuerte pendiente de apenas 20 metros que nos deja en lo alto de la tercera y última cima. Ya solo quedaba descender hasta El Tiemblo, 14 kilómetros de propina que nos habíamos ganado a pulso durante toda la jornada. Tocaba ahora disfrutar y relajarse respecto al esfuerzo, que no a la atención, porque transitaríamos por la zona mas senderista de todo el recorrido; el famoso Castañar de El Tiemblo.



Las hojas cubrían literalmente el suelo, la humedad y la desconfianza de lo que hubiese bajo ellas nos obligaba a trazar la rodada con cuidado. Salimos a una pequeña pradera para tomar el bucólico camino paralelo al arroyo de la Yedra que no guía hasta el centenario e imponente castaño “El Abuelo”. De aquí y tras las oportunas fotos continuamos el descenso entre las hojas hasta el parking de los senderistas para tomar una nueva pista forestal, por el margen derecho del arroyo que nos evitará circular junto al tráfico de coches que visitan esta ruta senderista.



De nuevo rápido descenso por la pista acondicionada con algunas revueltas en las que debemos tener especial precaución que desemboca en la caseta de control que previamente habíamos transitado esta mañana y nos dejaba definitivamente en la localidad de El Tiemblo. Alli esperamos al resto del grupo hasta que vimos las tasas que debíamos haber pagado los ciclistas de 3€ y que no pagamos. Por tanto, propusimos una espera un tanto más alejado de la zona de “control”, por si las moscas…




Todos llegamos sanos y salvos a punto de inicio. Sorprendidos con el rendimiento de algunos componentes del grupo. Unas jarras de cerveza, unas raciones y de vuelta a casa con una nueva experiencia en nuestras piernas.

RUTA PARA GPS PINCHANDO AQUÍ