sábado, 4 de marzo de 2017

Toulousse: La Occitania francesa, región de Midi-Pyrenees.

Visita durante 5 días de la región administrativa más grande de Francia, el Midi-Pyrenees. Perteneciente a la región de Occitania, es un territorio donde tradicionalmente se ha hablado occitano junto con el valle de Arán en Cataluña, los valles occitanos del Piamonte italiano y el Principado de Mónaco. Una especie de Euskal Herria, más extensa pero menos conocida.

Toulousse fue la ciudad elegida como cuartel general para recorrer estas tierras a los pies de lo Pirineos. El Hotel Le Capitole, en pleno centro de la villa, fue nuestro hogar durante los días de la visita. Económico y limpio.

Primera ronda por las calles aledañas al hotel en busca de cervecerías donde poder degustar algunas cervezas y vinos franceses. Las cercanías de la plaza de Victor Hugo, donde se encuentra el mayor mercado cubierto de Toulousse, fue el primer lugar donde degustar sus zumos de cebada, caros eso sí.

Por sus calles aledañas deambulamos hasta toparnos con un curioso restaurante donde no existe menú, y todo el mundo come los mismo, "L´entrecotte". Una especie de restaurante con un único plato basado en una bandeja de un exquisito entrecot cocinándose en el centro de la mesa, con una buena ración de patatas fritas y un único entrante de una ensalada de nueces. Curioso.

Ya con el estómago lleno y esta primera toma de contacto con la ciudad, fuimos al hotel a descansar y prepararnos de cara a la primera jornada de viaje.
Carcasone
80km al este de Toulosse se halla Carcasonne, una ciudadela amurallada que es Patrimonio de la Humanidad desde 1997. Es impresionante lo bien cuidada/restaurada que está, y es escenario de muchas películas medievales. Su visita bien merece la pena para perderse entre sus laberínticas calles y disfrutar de su bella arquitectura.

De allí nos desplazamos a Narbonne, 65 km más al este, donde disfrutamos de su Catedral de Saint-Just-et-Saint-Pasteur, cuyos 41 metros la convierten en la tercera catedral más alta de Francia. Prácticamente al lado se halla la plaza del Ayuntamiento, donde podemos observar los restos de la antigua Vía Domitia, la primera gran ruta romana; y desde allí, puedes ir a ver los canales que transcurren por la ciudad, principalmente el canal de la Robinne.

Narbone
Se nos echaba la noche encima cuando de nuevo tomamos el coche para ir Beziers, donde pudimos contemplar la catedral de Saint-Nazare, la iglesia de la Madeleine, la Plateau de les Poetes y el Point Vieux. La oscuridad nos desanimó para visitar las nueves esclusas del Canal du Midi. Una breve cena y un viaje de unas dos horas era el precio que debíamos pagar para volver al hotel.

El siguiente día, decidimos empezar por el pueblo más alejado para ir acercándonos y no tener que sufrir la tortuosa vuelta del día anterior. Así pues, la primera parada sería en Rocamadour, una ciudad enclavada en la montaña del Causse con preciosas vistas al valle del río Alzou. No sabría descatar un sitio concreto de esta bella localidad, porque todo su enclave en sí es alucinante: sus casas, calles, entorno natural... Si acaso, su peculiar santuario de la Virgen de la Negra podría distinguirse del resto de los demás edificios.
Rocamadour
Completamente embobados, y después de haber degustado patés y quesos locales, partimos hacia Ceneviers, lugar que resultó un autentico fiasco. Un único castillo del que no pudimos dar buena cuenta. Tan solo resaltar el tramo de carretera sinuoso que nos condujo hasta allí siguiendo el trazado del río Lot, que de alguna manera compensó el tiempo invertido en este punto del viaje.

Continuando el plan de viaje llegamos a Saint-Cirq-Lapopie, a orillas del citado río, en pleno corazón del Parque Natural des Cassues du Quercy y clasificada en la categoría de "Le plus beaux villages de France". En definitiva, un pueblo precioso del que merece la pena callejear y perderse por sus rincones con una atalaya que controla el meandro del río Lot.
Saint-Criq-Lapopie
De aquí terminamos nuestra viaje diario visitando Cahors, previo paso por su mirador de Le Mont Sain Cyr. Una vez en la ciudad, ya echada la noche, pudimos visitar su puente de Valentré y la Catedral de St-Etienne.
Cahors
El siguiente día lo dedicamos a recorrer Toulousse de arriba a bajo y ver sus principales monumentos: Plaza du Capitole, Pont Neuf, las basílicas, su catedral... No es la ciudad más bonita de Francia, pero para pasar un día, no está mal. Podríamos destacar el bar La Tireuse, con una barra interminable repleta de grifos de cerveza. Y también el restaurante Terrasses de St Rome, completamente frecuentado por paisanos y donde tuvimos la ocurrencia de cenar el plato típico tolosano, el Cassoulet, un contundente guiso de alubias, salsa de tomate, cerdo, salchichas, grasa de oca y pato que nos llevo rodando al hotel.
Toulousse
El último día, y aprovechando que el vuelo salía por la tarde, utilizamos el coche de alquiler para visitar Albí, a las orillas del río Tarn, que nos asombrará por su imponente Catedral de Santa Cecilia y el Palacio de la Berbie, antiguo palacio episcopal y actual sede del Museo Toulousse-Lautec.
Albí
También nos dio tiempo a visitar Cordes-sur-Ciel, impresionante pueblo medieval construido sobre una colina y con cuatro murallas concéntricas que protegen un conjunto de calles laberínticas. Imprescindible visitar.
Cordes-sur-Ciel
De allí, solo nos quedaba devolver el coche de alquiler en la terminal del aeropuerto y relajarnos en el corto viaje a Madrid de estos cinco intensos días por la cercana localidad francesa y sus interesantes lugares que la rodean en esta región de la Occitania Francesa de Midi-Pyrenees.

Texto adaptado del original de Julio Vegas para el fanzine Creatura

martes, 17 de enero de 2017

Como disfrutar de Andorra... sin saber esquiar.

Pues eso... que Andorra es un país que se ha adaptado perfectamente al turismo del esquí. Creando infinidad de remontes, pistas y estaciones para el disfrute de la nieve bajo esta modalidad.

El problema se presenta cuando dos personas llegan a un lugar creado por y para los esquiadores... sin saber esquiar.

Pues bien, aquí os voy a proponer algunas de las actividades que podéis disfrutar en este coqueto país, sin la necesidad de calzaros un par de esquíes.
Puerta del Hotel Iglú
Pero antes de llegar a los Pirineos, es aconsejable realizar un breve parada en el camino (si os pilla de paso, por su puesto) en uno de los lugares más peculiares y desconocidos de España. El desierto de las Bárdenas Reales, situado en el sureste de Navarra, alberga diferentes obras naturales talladas y cinceladas por el viento y el agua.

Muy próximas al impetuoso Moncayo, podemos recorrer un circuito en coche de unos 35km, (una hora aproximadamente) para disfrutar de las caprichosas formas que el viento ha moldeado en este paraje de areniscas. El afamado Castildeterra, es acompañado por las siluetas del Sanchicorrota, Rallón o Piskerra.
Castildeterra, Bárdenas Reales.
Para los amantes de las caravanas, disponen de un perfecto lugar habilitado para la pernoctación en la localidad de Arguedas, bajo unas peculiares cuevas iluminadas que nos llaman la atención.

El camino debe continuar hacia el objetivo principal del viaje. A media tarde llegamos a Andorra y lo cruzamos completamente hasta llegar a la estación de esquí de Grau Roig. Allí comeremos, tomaremos un café a pie de pista y haremos tiempo para que lleguen las siete de la tarde. Hora prevista para el inicio real de la experiencia.

La recepción con una copita de cava nos permite hacer tiempo hasta que la expedición esté completa. Treinta minutos más tarde nos esperaba una máquina pisanieves para subir al grupo a lo alto de las pistas de esquí en medio de una noche estrellada.
Máquina pisanieves
Un trayecto de poco más de 15 minutos nos sitúa en las proximidades de Hotel Iglú donde pernoctaríamos esta especial noche de reyes. Allí arriba disfrutaríamos de una peculiar velada rodeados de nieve, montañas y un gran puñado de estrellas que asomaban tras los recortados horizontes.

Un paseo con raquetas nos permitiría entrar en calor. No fue más de 30 minutos, pero sí los suficientes para adentrarnos en la oscuridad y poder divisar con total nitidez el precioso cielo estrellado.
Paseo nocturno de raquetas
A la vuelta, realizamos la acomodación en el iglú. Sí, sí el iglú. Una especie de cabaña de nieve compuesta por dos habitaciones, un pasillo y unas decoraciones de hielo tallado de las que impresionan. Es el momento de ubicarse, de buscar, de mirar, de hacer propia tu estancia. Alucinante.
Habitación iglú
Era el turno de la cena. Ésta se realizaría en un iglú anexo (este sí artificial a modo de carpa) donde disfrutaríamos de una atención excepcional y una calidad de comida aún mejor. La botella de vino cayó por completo, por supuesto, para evitar perder el calor mantenido en nuestro cuerpo. Una velada tranquila, placentera y completamente descontextualizada.
Restaurante iglú
Tras la cena, tocaba el momento por excelencia de la noche. Y este no era otro que el de disfrutar del jacuzzi y la sauna en plena montaña.
Un barracón anexo nos permitiría cambiarnos el bañador para adentrarnos en el jacuzzi con paredes de nieve y techo descubierto. Flipante. Las estrellas sobre nuestros hombros. El agua caliente y la sensación de frío en la cara.
Jacuzzi iglú
Pero uno de los momentos más divertidos (y único de frío en toda la jornada) fue cuando decidimos visitar la sauna. Una especie de tonel de madera en medio de la nieve, separada apenas por una decena de metros de la sauna y a la que debíamos llegar en chanclas y bañador; dentro de la noche en medio de la nieve.
Sauna iglú
Tras la curiosa experiencia, tocaba el turno de la ducha caliente y ponernos el pijama para adentrarnos en el objetivo principal del viaje. Dormir a 0º entre paredes de nieve, eso sí, con unos sacos de dormir que resistían hasta los -20º. Y allí que nos metimos. Junto con un padre e hijo francés y dos amigas mejicanas. Comentando lo irreal de la situación y lo bonito de esta peculiar experiencia.
Decoración en hielo
Por la noche... Calor, sí, calor. Incluso llegamos a sudar. Lo prometo. El despertador se adelantó al amanecer. No era momento de "perder" el tiempo durmiendo si podía disfrutar de un amanecer en la montaña. Salimos fuera. Y la luz fue poco a poco ganando la batalla a la oscuridad. Tonos naranjas, rosas y morados se enredaban tras la silueta del Pic Blanc. Abajo, la estación de esqui Grau Roig, aún con la iluminación nocturna.
Amanece en Grandvalira
Casi una hora dando vueltas queriendo parar al mundo. La nieve reciente, la huella, el frescor en la cara, las vistas... y la soledad del lugar. A penas quedaba media hora para que lo telesillas comenzasen a funcionar y llenar de gente el lugar. Justo en ese momento, fuimos nosotros los que las utilizamos para abandonar el lugar y descender hasta la estación de esquí.
Bajada en telesilla
Un variado desayuno nos esperaba en el restaurante a pie de pista con todo lujo de detalles. Sería necesario reponer energías de cara a las actividades que realizaríamos durante el día que previamente habían sido reservadas en un paquete con la empresa Grandvalira.

Entre otras, las más destacadas fueron la excursión en moto de nieve. Interesante el poder montar controlar y conducir estos "tractores de invierno" por un circuito entre abetos con diferentes pasos de habilidad.
Ruta en moto de nieve
Y la segunda actividad, la cual teníamos especial motivación por realizar, pero que durante el trayecto no fue tan de nuestro agrado. Me esto refiriendo al Mushing, o trineo tirado por perros. Es bonito ver como el trabajo en equipo de los animalitos permiten ese desplazamiento por la nieve. Pero, sinceramente, sufrimos los dos por el sentirnos causantes de su esfuerzo.
Mushing
Tras la intensa jornada, volvimos a pie de pista para comer algo y disfrutar de una placentera tarde con el sol contrastando la sensación térmica de nuestro cuerpo. Observando las habilidades de los que bajaban las pistas rojas y negras que por allí se sitúan.
Apurando el día
Con la cerveza en la mano, el sol se ocultaba tras las mismas montañas que esta mañana le habían visto aparecer. Nosotros seguíamos en el mismo lugar, pero un poco más abajo que en el amanecer. En uno u otro sitio ambos momentos fueron idílicos.

Tocaba desplazarse hasta el hotel donde pasaríamos las dos noches restantes. Un barato y normal hotel Bisset sería nuestro cuartel general para la segunda parte nuestra escapada a Andorra.

Un paseo por las calles andorranas, una buena cena; y el cuerpo no da para más. Una retirada a tiempo es una victoria. Aún nos quedaba un completo día por delante.

A la mañana siguiente, tocaba visita a Naturlandia, una especie de parque de atracciones para niños combinado con un pequeño zoo donde destacan principalmente dos actividades.

El recinto esta dividido en dos partes (cota 1600 y cota 2000) unidas ambas por el trineo alpino más largo de Europa. Es ésta la atracción estrella que permitirá descender por unos raíles surcando el bosque de abetos a velocidades que tú puedes controlar con los frenos. Diversión asegurada y mucha adrenalina.
Trineo alpino
La segunda atracción  con interés para los adultos es el Airtreck, una especie de estructura artificial que asemeja a una vía ferrata con múltiples pasos que pondrán a prueba tus habilidades y equilibrio para cruzar de un pilar a otro. Con tres pisos donde elegir, su salida final se realiza mediante una tirolina de casi 200m de longitud.
Airtrek
Después una visita a la cota 2000 para visitar el zoo entre otras actividades donde se hayan lobos, alces, osos y algunos animales más. Llama espacial atención la simpática familia de osos que allí conviven. Existen más actividades en esta segunda zona, pero en nuestro caso, tras la visita del zoo y una breve experiencia con el tubbin (lanzarse con una rueda por la nieve); pasamos por el restaurante para comer, tener una grata coincidencia y marcharnos al segundo plan del día
Oso en Naturlandia
Tras un calentito café en la calle principal de Andorra y un leve paseo para realizar alguna compra. Nos esperaba la superficie acuático-lúdica más impresionante que jamas haya visitado.

Caldea es un espacio de ocio donde las aguas termales son el principal protagonista. Con jacuzzis por varios sitios, saunas y demás ambientes acuáticos dispuestos para el disfrute y relax de todos los allí presentes. Incluso es posible un paseo por el agua al exterior del edificio para sentir sensaciones similares a las ya disfrutadas la noche anterior.

Todo un acierto el disfrutar de este espacio, donde si quieres puedes ampliar con masaje y acceso a la zona VIP.
Caldea
Una manera perfecta para terminar una escapada llena de diferentes actividades. Todas ellas sin necesidad de contratar un forfait.

Al día siguiente, rápida visita al pequeño, pero coqueto puente romano de Ordino para despedirnos de este amable país vecino.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Curso medio del Júcar. Jorquera, Alcalá y Cofrentes.

El río Júcar, con sus casi 500km de longitud, nace en los Montes Universales para morir en la mediterránea localidad de Cullera. Entre medias araña las tierras de La Manchuela encajonándose incisivamente en la llanura.

Su curso medio surca las tierras orientales de Albacete donde crea unos meandros perforando una planicie que parece cincelada por la acción erosiva de su cauce. Es Alcalá del Júcar la localidad que representa un bello ejemplo de la simbiosis del hombre con este tipo de orografía tan particular.
Alcalá del Júcar
Tal vez sea esta una de los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha que además dispone de una amplia oferta de ocio activo. Lugar perfecto para elegirlo como centro neurálgico de nuestro viaje.

Su remodelado castillo, su peculiar plaza de toros o sus laberínticas cuevas le dan un especial interés turístico. Si a eso le añadimos la particularidad de sus calles, que permiten distribuir la población verticalmente, podremos decir que bien merece la pena una visita simplemente a esta localidad.
Vistas desde el pinar; Ruta Carciolito
Pero a nosotros nos gusta ir un poco más allá y conocer estos destinos turísticos con diferentes perspectvas. Es por ello que proponemos estas dos sencillas rutas para poder disfrutar de esta localidad desde otros puntos de vista.

La primera es la Ruta del Carciolito, de a penas 5 km de longitud que asciende a las Casas del Cerro, hacia el sur, por una bonita senda en zigzag que nos saca de la hoz que forma el río Júcar.


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Desde la playa fluvial que crea el propio cauce seguiremos un sendero que lo acompaña aguas arriba por su vertiente derecha.
Paseo inicial; Ruta Carciolito
El camino sale del cauce para elevarse por la pared que forma la hoz en varios zigzag hasta dejarnos en las Casas del Cerro desde donde obtendremos unas maravillosas vistas de la localidad. Antes de bajar merecerá la pena tomar un descanso mientras disfrutamos de las vistas en las alturas.
Descenso hacia Alcalá; Ruta Carciolito
En la bajada nos introduciremos en un pinar que nos dejará en la carretera, justo al lado del mirador de la localidad y por donde volveremos con cuidado hasta el inicio de la ruta.

Otra ruta muy sencilla que podemos realizar, con inicio en el mismo punto que la anterior, es la Ruta del Batán, de tan solo 3km.


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Nosotros la realizamos con carácter nocturno para poder disfrutar de la bella imagen de la localidad iluminada por la noche. Conseguir la imagen del spot publicitario de Nescafé para las navidades de 1988 bien merece la pena un frontal y una pizca de ganas de aventura (tantas como precaución)
Canal del Júca en la localidad
Hermana gemela de la anterior, puesto que nos saca de la hoz del río, en esta ocasión por el este hasta las casas agrícolas del Monedero, para regalarnos unas navideñas vistas de la localidad.

El inicio se realiza por el canal de agua que acompaña al río por las calles de la población, para después iniciar el ascenso por las calles del Batán. Será divertido buscar el sendero que nos dirigirá a un pequeño balcón donde haremos una parada técnica antes de seguir el camino hasta lo más alto de la ruta.
Alcalá en el Balcón del Batán
Una vez arriba, el sendero desemboca en un camino ancho que bordea la arista de la hoz. Camino de abandonaremos a la altura de las casas de Monedero para descender por un escondido sendero que sale a nuestra derecha con intención de volver en busca de la localidad con la que por unos momentos habremos perdido contacto visual.
Senderismo nocturno
El sendero, donde debemos extremar precaución y agudizar la vista, desembocará en los depósitos de agua, dando paso a la plaza de toros de la localidad.

Para el segundo día, tenemos la opción de coger el coche y recorrer el cauce del río hacia dos puntos con especial belleza. Cofrentes y Jorquera.
Castillo de Cofrentes
A primera hora de la mañana nos desplazamos hasta la vecina localidad de Cofrentes, ya en la Comunidad Valenciana. Allí el río Júcar sigue haciendo de las suyas para invitarnos a disfrutar de unas espectaculares vistas de los cañones que ha ido creando a lo largo de su vida.

Cofrentes nos recibe con su emblemático castillo, situado en una estratégica posición sobre el meandro que el río crea en esta parte de su curso.
Embarcadero embalse de Pallás
Debemos tomar un carreterín en busca del embarcadero fluvial. Sería de esta manera de la que hoy disfrutaríamos del río.

Un viaje en barco por las tranquilas aguas del embalse de Cortés de Pallás, donde un alegre capitán nos iría informando de la riqueza paisajística e histórica de la zona.
Aguas del Júcar
Las aguas hacen de verdadero espejo sobre los cortados donde se sitúa el castillo de Chirel. Todo un viaje completamente recomendable que debes reservar con antelación en esta página web.

Camino de ida y vuelta donde tendrás una segunda oportunidad para disfrutar de todo aquello que se haya escapado a tu atención en la ida.
Castillo de Chirel sobre el cortado
Tras este interesante paseo fluvial deberemos desandar nuestros pasos, de nuevo hacia el interior peninsular en busca de la localidad de Jorquera. Otro de los desconocidos enclaves que guarda esta zona con interesantes paisajes.

El pueblo en sí no guarda demasiado interés, tan solo el de un ligero paseo para bajar la intensa comida en uno de sus bares y llegar hasta lo más alto donde guarda un castillo casi desaparecido.

La belleza surge cuando abandonamos la localidad en busca de su mirador en la carretera que nos saca de la hoz. Guardando un parecido razonable con las vistas de la imperial Toledo. Guardando las distancias, evidentemente.
Jorquera
Ahora volveríamos por una pintoresca carretera que circula paralela al río, fiel a su trazado hasta llegar a Alcalá del Júcar donde acabaremos la jornada en lo alto de su restaurante El Mirador, con acceso desde la localidad de Las Eras.
Alcalá desde el Restaurante El Mirador.
El tercer y definitivo día, si aún tienes ganas de explorar y te quedan ganas de conducir. Puedes visitar el nacimiento del río Mundo en Riópar, que no queda relativamente cerca, pero que ya que estamos... ¿Por qué no? Si decidieses realizar este desvío de camino a casa, cercionate de que ha habido una época de lluvias previa para poder disfrutar de un espectáculo natural que depende mucho de las lluvias para poder disfrutarlo como se merece.



viernes, 23 de diciembre de 2016

Cascada del Purgatorio

La ruta de la Cascada del Purgatorio sitúa su inicio en la madrileña localidad de Rascafría, junto al Monasterio de Sta. María del Paular, que da nombre al propio valle donde nos situamos.

Un valle que es dibujado por el río Lozoya y vigilado por las altas cumbres de Peñalara, que posan orgullosas sus cimas para el disfrute de todos.

Es esta una ruta muy sencilla, para toda la familia; pero también muy transitada. Es por ello que se recomienda realizarla en las primeras horas de la mañana.

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La ruta comienza desde el propio parking del Monasterio, para cruzar la carretera que baja del puerto de Cotos (cuidado, suele tener tráfico). El puente del Perdón, que salva las aguas del río Lozoya, nos dará el banderazo de salida.
Pista en los primeros kms
Iniciaremos así un plácido paseo por una amplia pista donde podemos encontrarnos con algunos coches de servicio. El asfalto pronto desaparece para desembocar en un pista de tierra justo al pasar por la apacible área recreativa de Las Presillas.

El robledal comienza a cerrarse sobre nuestros pasos mientras que las cimas del Peñalara comienzan a desaparecer de nuestras vistas. Para entonces, el aún joven Lozoya captará nuestra atención.
Cimas del Peñalara entre el robledal
Un desvío en la pista a nuestra izquierda nos introducirá de lleno en el robledal del que no saldremos hasta el final de la ruta.

A los 5km de paseo, el camino nos regala un descanso a modo de descenso hacia el cauce del arroyo que baja sus aguas tras el salto del Purgatorio.
En busca de la cascada
Cruzaremos un puente que nos permitirá el paso al lado opuesto. Lugar donde a la vuelta nos desviaremos de camino al final de ruta. Es aquí donde se establece el límite del Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama, en el cual nos introducimos.

Se inicia ahora la parte más bonita de la jornada. Un sendero paralelo al cauce del arroyo nos entretendrá con las vistas y sonidos producidos por el caudal del agua. Creando pozas y pequeños saltos que merecen la pena ser disfrutados.
El cauce nos acompañará hasta el final
Poco antes de llegar al punto de mayor interés, el camino se tornará algo técnico, pero completamente salvable. Estaremos llegando a la Cascada del Purgatorio.

Poco más adelante, tras un paso entre rocas, encontraremos la plataforma que nos permite divisar esta pequeña caída de agua. Si realizas la ruta tras días de lluvia, serás recompensado con más belleza aún.
Cascada del Puergatorio
Desde aquí parte un camino no homologado, que necesita algo de trepa para llegar a una segunda cascada, río arriba. Nosotros intentamos llegar a ella, pero las lluvias de días previos junto con la umbría de la zona, dejaban la pedriza que debíamos salvar con mucha humedad y muy resbaladiza, por lo que desistimos en nuestra empresa.

El camino de vuelta se realiza por el mismo sendero que acompaña el arroyo. Personalmente, el tramo más bonito de la ruta, incluso superando al propio salto de agua que da nombre a la ruta.
Camino paralelo al arroyo
Al llegar al puente que cruza el arroyo, no lo pasaremos y seguiremos de frente. Abriremos una cancela que deberemos volver a cerrar.

El arroyo permanecerá a nuestra izquierda. Evitaremos así el cruce con un mayor número de personas y disfrutaremos de un bonito robledal. Por contra, es posible que nos encontremos a nuestro paso ganado manso, sin más peligro que el de sus propias excreciones.
Camino opcional de vuelta
A falta de dos km para concluir la ruta, desembocaremos en la pista inicial de la jornada donde ya solo queda comentar la jornada y decidir el lugar para disfrutar del picnic que Carol nos había preparado.

El área recreativa de las Presillas era una seria opción. Pero optamos por coger el coche y de camino a Cotos tomar un desvío a derechas que nos llevaría por un carreterín a un bello mirador en homenaje al guarda forestal donde repondríamos las fuerzas gastadas en esta ruta de hoy.
Picnic contería de Carol

domingo, 18 de diciembre de 2016

Montes de Toledo Occidentales


Esta escapada a los Montes de Toledo occidentales recorre una de las zonas más desconocidas de este anárquico sistema montañoso. Un lugar apacible que merece la pena visitar donde encontraremos cómodas pistas, pero también caminos retorcidos y algún que otro cortafuegos picantón.

Montes de Toledo
Rodaremos al cobijo de bellos y cerrados encinares, pinares y robledales... Divisaremos algún despistado castaño, y mucha jara. Todo ello salpicado por los característicos canchales, taludes de grandes extensiones de piedra suelta sobre las propias laderas. O incluso, si tenemos suerte, algunos de los cervatillos que por aquí moran en libertad.

Y como escenario de todo ello, los ondulados horizontes que forman estas elevaciones que salpican sin orden aparente estos parajes toledanos llenos de magia y misterio.

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La ruta comienza desde la sosegada localidad de Robledo del Buey por la carretera que sale hacia la vecina localidad de Robledo del Mazo. El río Pusa nos acompaña en estas primeras pedaladas que bien sirven para calentar nuestras piernas.

A los tres kms  de ruta salimos del asfalto para coger un camino que nos introduciría de bruces en las entrañas de estos misteriosos montes. Una pequeña cadena atravesada impide el paso de cualquier vehículo motorizado (ojo porque nos encontraremos varias de ellas a lo largo de nuestra jornada)

Durante los tres siguientes kms habrá que apretar los dientes para poder salvar el desnivel que dista de la zona de la vega del arroyo Marañosa (cauce que cruzaremos en dos ocasiones) hasta el collado Vallecasar.

Un bello encinar flanqueará  nuestro camino con ayuda de jarales que impregnarán su particular fragancia en nuestras pituitarias mientras exigimos el máximo rendimiento a nuestro cuerpo en estoss primeros kms.
Jaras y encinas en el primer ascenso
Un inicio de jornada, tan bonito como duro. Dará un toque de atención a todos aquellos que osen subestimar estos montes con suaves horizontes. El tramo final consta de un pequeño cortafuegos que obligará a sacar lo mejor de tu habilidad y potencia para salvar el paso.

Una vez en lo alto del collado las vistas recompensarán el esfuerzo realizado, pero aún quedará una pequeña propina antes de completar definitivamente el primer ascenso. A mano derecha queda el risco del Castillazo. Risco que debemos ascender y bordear por su flanco sur para poder decir que habíamos terminado el primer puerto de la jornada.
En el Castillazo
La primera parte del descenso que viene a continuación nos obliga a extremar las precauciones. Es un camino bonito y muy divertido que exige nuestra total concentración en él. Las vistas que van quedando a nuestra derecha, hacia el sur, bien merecen la pena una pequeña y responsable parada.

Una vez en el collado del Arco, el descenso se torna suave y seguro. Nos habremos adentrado en un denso y cuidado pinar mientras aún seguimos descendiendo cotas, preparándonos para la segunda batalla de la jornada.

Tras varios cruces y giros estaremos listos para iniciar el ascenso hasta el collado Ñañas. Otros cuatro kms para ascender por un camino duro y algo roto al principio; y una ancha pista con menos desnivel después.
Por Vallecasar, hacia el collado Ñañas
Los inicios de esta parte son bonitos, rodando por junto al cauce del un arroyo en su umbría que nos dará paso, tras cruzar una cadena, a la pista forestal que nos dejará en lo alto del collado Ñañas. Un bonito mirador sale a la derecha para observar la prominencia del risco Ñañas en un primer plano y una sierra de Gredos al fondo; al otro lado de la gran llanura.

Tocaba ahora rodar descendiendo, ojo nueva cadena, por esta ancha pista durante una decena de kms. bordeando la ladera de esta solana que nos deja en una vetusta carretera que continúa el descenso hasta llegar a las proximidades de Espinoso del Rey.

Un cambio de asfalto, no a mucho mejor, nos sitúa en la parte más alejada del punto de inicio y con 16 kms de ascenso muy suave en sus primeros kms hasta  el pico Aljibes.

Tocaremos de refilón la raña para adentrarnos de nuevo hacia el interior de los montes. Primero encinas, luego pinos y por último robles irán cambiando el escenario a medida que vamos tomando altura hasta llegar al collado del Garduño que nos permitirá un leve respiro a nuestras piernas.
Llegando al Collado Garduño
Un cómodo tramo nos espera ahora por delante, pista que bordea la loma de la montaña sin ganar ni perder desnivel. Zona propicia para la recolección de níscalos hasta que nos topamos de nuevo con la misma carretera a la que habíamos salido kms atrás.

Una pequeña subida nos dejará en la umbría de la fuente de la Teja. Un rinconcito curioso donde reponer aguas y refrescar nuestro cuerpo. Ya quedaba menos para coronar el puerto del Pan y Queso.
Fuente la Teja
Es aquí donde dejamos caer la carretera, para nosotros seguir en busca del vértice geodésico más alto del lugar. Cinco kms de cómoda subida con bonitas vistas por esta zona de solana que se agradecía en estos perfectos días anticiclónicos donde el otoño expira.
Solana de camino al Pico Aljibes
Tras cruzar el collado de los Asnos el pinar pide su protagonismo para acompañarnos hasta lo más alto de esta montaña, jugando al escondite con uno de los múltiples cortafuegos que hay en estas zonas.

Ya en lo más alto del Pico Aljibes, nos deleitaremos con las vistas que nos ofrece antes de pasar a la acción con la parte más peligrosa y complicada de la jornada.
Pico Aljibes
Tocaba un descenso por un peligroso cortafuegos con piedra suelta y desnivel negativo que pasaba la treintena. Divertido para los más habilidosos y temerario para todo aquel que tuviese un sano juicio.

Pero solo se trataba de 500m donde el bajarse de la bicicleta en zona puntuales puede ser la mejor opción para no acabar esta bella ruta con un sabor amargo.

Tras este tramo, volvimos al encinar inicial por que empezamos nuestra jornada de hoy, desandando nuestros propios pasos por el arroyo Marañosa. Lugar que invitaba al descanso en alguna de las pozas naturales que su cauce creaba.
Pozas del arroyo Marañosa
Tan solo restaban los tres kms de asfalto hasta Robledo del Buey, lugar de partida donde nos esperaba un auténtico picnic de lujo, de la mano de los compañeros que siempre piensan en los demás.