jueves, 6 de julio de 2017

Irati Xtrem 2017

La Irati Xtrem es diferente al resto de las marchas que he asistido durante estos últimos años, es especial. No es una prueba, ni una carrera al uso. Es una MARCHA ORGANIZADA, así con mayúsculas, donde no existen tiempos de salida ni llegada. Ni listas de tiempos, ni medallas, ni cajones de salida. Es más, durante los dos primeros kilómetros el pelotón va a rueda de los Txikis.

El ritmo es de marcheta; cómodos, disfrutando, charlando... Una filosofía que cuadra a la perfección con el cicloturismo.

Una organización excepcional por y para el ciclista; antes, durante y tras la marcha, que en todo momento te hace sentir protegido, cuidado y mimado. El avituallamiento del Km 0 a modo de desayuno es toda una declaración de intenciones.

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La ruta transcurre rodeando la espectacular Selva de Irati en el Pirine Navarro, cruzando a terreno francés por unos carreterines asfaltados (casi camino rurales) que se pierden por lo más profundo de esta cordillera. Es un trazado que casi roza el MTB.

Ocho puertos y un muro que suman 128km  y casi 3.700m de desnivel positivo. Con especial protagonismo de dos colosos; uno tristemente conocido por el ciclismo español, el Puerto de Larrau, del que dicen, es el más duro de Pirineos. El otro, un desconocido Col de Errozate que con sus 10 km a casi el 10% de media nos obliga a prestarle nuestros máximos respetos.

¿Los paisajes? Mejor ir a conocerlo "in situ", porque aquí ni si quiera "una imagen vale más que mil palabras".

Una edición, la de este año, demasiado calurosa; pero con unos cielos despejados que nos permitieron disfrutar de horizontes infinitos; precio que tuvimos que pagar con temperaturas excesivamente altas a las acostumbradas en estos lares.

¿El picante de la marcha? El cronometraje de Larrau. Allí donde Induráin sucumbió hace más de 20 años.

Ya en ruta, y tras los dos primeros kms cómodos hasta Ezcaroz, donde nos dejaban los Txikis, comenzaban los tres primeros ascensos de la jornada. Tan suaves como cómodos. Ya sabemos que esto del ciclismo a veces es tan duro como tú te lo quieras tomar. Y aquí la gente se lo toma con tranquilidad. Hay mucha "chicha" por delante.

Jaurrieta, Remendía y Abaurreagaina, de 6, 3 y 5 km cada uno a una media que no llega al 4% nos permite ir conociendo la zona y mimetizarnos con ella en tan solo 15 km de marcha.

Tras ellos, una parte cómoda que permite rodar por verdes pastos a la vez que la ruta gira hacia el norte en busca de la frontera francesa. Garaioa, Aribe, Orbara y Orbaizeta dan paso al siguiente escollo. El muro.

Una rampa de casi un kilómetro por cemento hormigonado donde se acumula un gentío en torno al tortuoso zigzag que, eso sí, le da tiempo a darnos un leve respiro a mitad de él.

Este nos sitúa en la Fábrica de Orbaizeta donde se halla el primer avituallamiento. Espectacular. De todo. Mejor cuidados que en nuestras propias casas. Alimentos por un lado y aljibes de agua por otro.

Se inicia el puerto de Azpegui  (3km al 7%) que nos sacará de España con pendientes suaves que van endureciendo a medida que nos aproximamos al país vecino.

El denso bosque se abre para dar paso a extensos prados repletos de reses, y estos a sus vez dan paso a una explosión de paisaje. Infinito se nos presentaba Fancia. Verde, recortada, expléndida.

El descenso debe hacerse con especial precaución, gravilla suelta y asfalto irregular; suelo húmedo por la umbría producida por el denso bosque. Es el precio que debemos pagar por estar por las entrañas más escondidas del Pirineo. Merece la pena.

Abajo un avituallamiento especial de agua (ya he mencionado lo bien cuiadados y mimados que nos sentimos los ciclistas). El el km 51 comienza la fiesta.

Tras una curva muy cerrada a derechas se nos presenta el desconocido, temido y respetado Errozate. Sin anestesia, un 12%.

Un puerto de 10km al 10% de media no necesita ser explicado. Necesita ser subido. Un rosario de ciclistas, cada uno con su propio calvario. Una subida que pone a cada uno en su lugar. No se puede ir ni más rápido ni más lento.

De vez en cunado alguna mirada de reojo al paisaje que nos brinda la zona y, sobre todo, la climatología, nos permite evadirnos del esfuerzo y "disfrutar" de la ascensión. Desarrollos del 32 no quedarían en desuso en algunas zonas como la del eterno km 59. Ese donde un grafitti en el suelo te recuerda hasta en tres ocasiones que ruedas por una rampa del 20%, la última de ellas incluso te saca una "sonrisa" con su guiño al ciclista.

En el calvario, poco antes de coronar, existe una salida de arrepentidos que es obligada a usar a todo aquel que llegue a este punto más tarde de la una de la tarde.

Errozate ha sucumbido, solo queda parar un minuto y disfrutar de las vistas que normalmente no suelen permitir las nubes. Éramos unos privilegiados y lo aprovechamos.

La bajada, idéntica a la de Azpegui, pero con asfalto seco. Con miradas de reojo a las zetas que traza el asfalto sobre los verdes prados.

Tras un par de rampitas llegamos al segundo avituallamiento. Muy necesario. El calor se hace presente, se siente en lo profundo del valle.

Nunca pensé en tomar un pincho de tortilla en un avituallamiento, pero lo hice. Y repetí. Me sentó bien. Otro acierto.


El cómodo puerto de Surzai Lepoa (7km al 4%) nos vuelve a unir con el corte de arrepentidos de Errozate (los cuales se ven obligados a obviar este segundo avituallamiento).

Km 78 y nueva opción para abandonar, autobús en el Chalet Pedro. En el inicio de la subida a Bagargui/Irati. Un puerto muy cómodo en su inicio con un bello lago, que comienza a zigzaguear a medida que se aproxima su final 6km al 6%, pero ojo, mal repartidos entre la primera y al segunda mitad.

En lo alto, un nuevo avituallamiento y tras él una nueva explosión de paisaje. Las vistas más bonitas de la ruta (ten en cuenta que toda la ruta es preciosa...) y un descenso largo que nos dejará a los pies de Larrau.

El ascenso a Larrau (15km al 8%, dicen...) empieza tres kilómetros antes de llegar al pueblo, que es donde se inicia el cronometraje.

Relleno de bidones y a sufrir lo menos posible. Si Errozate era desconocido, Larrau es archiconocido. Lo cual, personalmente, me resulta más incómodo mentalmente hablando porque siempre sé lo que me viene por delante.

La sombra se agradecía tanto como un sorbo de agua o una reducción de porcentaje que parecía no llegar nunca.

Compañeros bajados, tirados, empujando... Sufriendo. Los cuads de la organización atendiendo y preocupándose por su estado. De nuevo, de 10.

Existen tres kms mortales a mitad de ascenso donde la media no baja de 10. La mente es muy importante en este punto. Pronto llegará el descanso para afrontar los dos kms finales.

Y así, sufriendo, se consigue la recompensa. El descanso llega tarde o temprano. Un llaneo de casi dos kms dan paso a la parte fina.

Miras arriba, oyes gritos de ánimo, te preparas, pero... ¿Hasta allí arriba solo hay dos kms? ¡Es un muro! Es imposible que haya solo dos km. Los hay. Así que cabeza a bajo y a "disfrutar".

Una vez arriba, la emoción se desata. Pasas por la alfombra de cronometraje, si quieres. Y es obligatorio bajarse de la bici y mirar atrás para ver que sí, que había dos kms pero que la gente que espera y anima en lo alto te ha llevado en volandas.

Solo queda descender casi 20km hasta Otxagavía para disfrutar de la ducha, de la comida de la pasta, del concierto y del ambiente que rodea el pueblo. Un pueblo organizado por y para los ciclistas.

GRACIAS.



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