domingo, 18 de noviembre de 2012

Torrijos-Madrid-Torrijos

No suelo ver mucho la televisión y reconozco que tampoco me gusta demasiado leer. Pero por contra me entretiene bastante escribir; y si además acepto que me fascina la geografía, me interesa la informática y me apasiona la bicicleta; no me queda otra opción que confirmar que me estoy convirtiendo un adicto a esto que mis compañeros de fatigas empiezan a llamar las "MoreLobadas".

Las "MoreLobadas" no son otra cosa que pequeños retos o motivaciones que surgen en mi cabeza; a las cuales les doy forma durante mi tiempo libre(con la ayuda de los monstruosos programas Google Earth y Wikiloc) para disfrutarlas en compañía de otros locos apasionados como yo y, más tarde, compartirlas con todos vosotros por si en alguna ocasión os animáis a realizarlas.
En la Plaza Mayor
Así, una tarde cualquiera se me pasó por la cabeza la idea de llegar hasta Madrid por caminos. No dudé en visitar las páginas que de costumbre suelen mordisquear mi tiempo libre para darme cuenta de que tal reto no era imposible.

Apenas 80 km era la distancia, cuando en otros retos habíamos pasado la centena, y no mucho desnivel. Entonces, ¿por qué no hacerlo de ida y vuelta, y circular? Así abriríamos dos rutas, y no caeríamos en la monotonía en una posible ida y vuelta por el mismo lugar.

Tenía un eje; el río Guadarrama. Tenía dos caminos a seguir; autovía de Extremadura A-5 y autovía de Toledo A-42. Pues manos a la obra.

Tras algunas tardes codeándome con GPS, SigPac, Google Earth y Wikiloc; llegué a la conclusión. 167km y 1100m d+. Reto factible si lo comparamos con algunas de las etapas de nuestro reciente Camino de Santiago desde Torrijos. Pero con dos polémicos agravantes en las fechas actuales: las pocas horas de luz y el estado de los caminos por las lluvias de la época otoñal.

Pincha aquí para ver la ruta en la web wikiloc.



El proyecto estaba hecho, faltaba sacarlo a la luz. Era plenamente consciente de lo arriesgado de la ruta por las razones anteriores y así me lo hicieron saber algunos compañeros que, mostrando un correcto sentido común, se negaron a acompañarnos. A todos les llamaba la atención el proyecto, pero no para realizarlo en estas fechas.

La luz verde se encendió cuando Juanjo me dijo "¡More, yo voy!". La respuesta de Javi a mis dudas fue "¡Ya sabes lo que pienso!". Y Tomás, sabía que no me fallaría a pesar de poner en riesgo su horario laboral y en vez de preguntar a qué hora llegaríamos para no entrar tarde a currar, su pregunta fue "¿A qué hora salimos?"

Son increíbles estos chicos, apodados ya como los "Solteros de Oro". Pero mi sensatez aún me dejaba dudas por las lluvias, sobre todo en el tramo por la arcillosa comarca de La Sagra, donde cuatro gotas forman rápidamente un perfecto barrizal.

Las previsiones durante la semana daban chubascos para el viernes y sábado. Advertí a los compañeros que si llovía debíamos abortar la idea. Pero poco a poco me fueron contagiando su entusiasmo. Es por ello que modifiqué ciertos puntos de la ruta para autoconvencerme de que sería posible. Por esa razón modifiqué el sentido de la ruta, haciendo la ida por la comarca del Retamar y la vuelta por La Sagra para encontrarnos el supuesto fango a la vuelta, y no tener que abortarlo a la ida.

La lluvia que esperábamos para el viernes no apareció y el aguacero del sábado se convirtió en un tímido txirimiri. La previsión para el domingo era de tiempo calmado y alternancia de nubes y claros. Parecía que el tiempo nos iba a respetar.

No obstante les comuniqué la noche antes de salir que si los caminos no se encontraban bien, abortábamos la ruta sobre la marcha para quedarnos por la zona.

Por tanto, quedaba más o menos claro las soluciones para la primera preocupación, el estado de los caminos.

Respecto a nuestro segundo problema, las horas justas de sol, la solución era evidente. Salir al amanecer, que por estas fechas del año nos obligaron a quedar a las 7:20 de la mañana en la Plaza de España.

Así pues, el domingo suena el despertador. Son las 6:45. Miro por la ventana y parece que la calle esta seca y no ha llovido, meto el chubasquero por si acaso, que a la postré no necesité. A las 7:00 primer imprevisto. Juanjo nos comunica que va a llegar un poco tarde.

A las 7:30 estamos todos en la Plaza. Javi nervioso, yo preocupado y Tomás dormido. Diez minutos más tarde llamamos a Juanjo que nos confirma que tardará mínimo 15 minutos más. A este chico hay que educarle, así que decidimos marchar sin él.
Saliendo de Torrijos por la Cañada Real
Salimos por la Cañada Real hacia Portillo, de noche, pero antes de llegar al cruce con la carretera de Novés ya ha amanecido. El sol aun no se deja ver, pero la claridad es perfecta así que Javi decide apagar su foco.

Rodamos tranquilos, el "chip" es diferente, hay que llegar. En las ondulaciones nadie se aprieta. Calentando poco a poco los músculos llegamos a la parte posterior de INDAS. Nuestra conciencia se nos viene removiendo desde la última vez que hablamos con Juanjo. Javi le vuelve a llamar y nos comunica que viene por detrás de nosotros a la altura de la fábrica de tarimas de Novés.

Evidentemente, decidimos esperarle. En Portillo, rodando parque arriba y parque abajo para no quedarnos fríos Javi me comenta que le va a meter mucha caña a Juanjo cuando llegue. Yo también estaba algo molesto por su actitud, y le digo a Javi que él haga de padre duro cuando llegue y que yo más adelante le hablaría más pausado, haciendo de padre bueno. Mientras tanto, Tomás se ha dado la media vuelta va ir en su busca.
Aburrimiento esperando a Juanjo en Portillo.
Al llegar, el ambiente es tenso. Pero una jornada como la de hoy y una camaredería como la que se respira con este grupo, no puede estropear el momento; así que pronto nos ponemos a sudar y a olvidar el inicio de la ruta.

La Cañada al pasar entre Portillo y Fuensalida se adentra en un curioso retamar que da nombre a la comarca que transitamos. El tramo es ondulado pero prevalece el ascenso de cotas.

Rodamos en busca del arroyo del Cantalgallo (arroyo de Arcicóllar), el cual hay que cruzar sin ayuda de puente ni piso hormigonado, lo que crea cierta tensión por el desconocimiento de su estado.

En la primera bajada pronunciada de la Cañada la tentativa es de cruzar defrente el arroyo (vado que nos llevaría hacia Camarena), pero no debemos tomar este paso y sí seguirlo paralelo, aguas arriba por su margen derecho durante unos metros hasta encontrar un nuevo vadeo. Sitiado este por las casas de Tio Sánchez a lo alto en la izquierda.
Por el Retamar, amaneciendo.
El paso se hace sin problemas y se toma el camino de la izquierda que nos llevara hasta Ventas de Retamosa. El camino se presenta en sus primeros metros muy empinado pero poco a poco va suavizando sin dejar de tener un leve porcentaje de subida hasta llegar a Ventas.

En Ventas, saldremos por el Cordel de Hormigos con un pequeño respiro en descenso que, no obstante, nos obliga a seguir pedaleando puesto que el piso está húmedo y resulta pesado incluso hasta para bajar. Cruzamos un pequeño encharcamiento sin problemas para después ascender y cruzar la intransitada autovía de La Sagra, CM-41.

Desde este cruce un nuevo, pero corto, descenso nos deja a los pies del Arroyo de Vallehermoso, el cual nos da paso a la fatigosa subida de El Cebadero.

Durante este tramo nos encontramos con la preciosa estampa de galgos corriendo tras liebres, aunque con mucha precaución, pues en cualquier giro brusco de este animal podría dirigir a la jauría contra nosotros. "¡¡¡Al menos sabemos que si hay galgos, no hay escopetas!!!"- se tranquilizaba alguno de los componentes de la expedición. Otros maldecían a los cazadores por soltar a los canes entre los viñedos. "¡¡¡Sabemos hasta de galgos!!!"- se reían otros...

Tal vez por esta razón, la subida se hizo muy amena, presentándonos en Casarrubios en la hora establecida donde disfrutamos de las vistas de su castillo, ahora en remodelación.

Salimos en busca del mismo camino del Cordel de Hormigos. Al igual que el anterior pueblo, Casarrubios se haya en una pequeña loma de unos 610msnm. Eso, unido a una mañana completamente abierta y radiante, y a las lluvias de días anteriores; nos permitieron divisar por primera vez en toda la mañana un leve skyline de la ciudad de Madrid con sus inconfundibles rascacielos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid.
Salida de Casarrubios.
Esto nos dio una curiosa sensación de que nuestras pedaladas no eran el balde y aumentó nuestra motivación para continuar. Nos aproximábamos a Madrid y ya sabíamos que la próxima localidad sería perteneciente a la comunidad de Madrid, El Álamo.

Antes de llegar a ella, un par de arroyos nos pusieron a prueba. El primero, el arroyo de las Posturas, nos obligó a bajarnos de la bici y abordarlo por un lateral en busca de la vegetación que sujetaba el terreno y evitaba zonas embarradas. Y un segundo, el Arroyo de la Cuesta Blanca, al que Javi menospreció su profundidad y cruzó sin pensárselo, lo que nos hizo tenerlo más respeto a los que veníamos detrás y vadearlo con mucho más cuidado del que éste había tenido.

Tras ello, dejamos la Urbanizacion Catorro, aún en término municipal casarrubueleño, para adentrarnos en territorio de la Comunidad de Madrid. Así lo confirmaban los verdes autobuses interurbanos.

Tan solo había hecho falta rodar 40 km para salir de nuestra provincia toledana. Eran las 10 de la mañana y marchábamos sobre la hora prevista con una media de 20 km/h, aunque con el margen de tiempo para posibles averías ya comido por el retraso de nuestro querido Juanjo.

Salimos en descenso por el polígono industrial la Ermita hasta llegar al Arroyo de los Vegones y así adentrarnos en el término municipal de Navalcarnero, como bien nos informaban los grandes hitos de granito.

Poco a poco vamos percibiendo que la densidad de población de esta comunidad también se plasma por los caminos. No nos habíamos cruzado con ningún biker hasta esta localidad y fue traspasar la frontera madrileña y empezar a adelantar y cruzarnos con decenas y cientos de bikers, todos muy bien equipados.

Más de uno comentaba jocosamente que no habíamos adelantado a ninguno sin guardabarros. En el estado que ya íbamos, no se quien podría reírse de quien; si ellos de nosotros o nosotros de ellos.

Empezamos a saludar a todos los compañeros con los que nos encotrábamos. "¡Pero mira que son antipáticos aquí en Madrid! Ni uno saluda". Al cabo de unos cuantos kilómetros comprendimos el por qué. No habíamos parado de saludar en la media hora que llevábamos rodando por tierras madrileñas así que decidimos dejar de saludar.

Definitivamente observamos el cauce del río Guadarrama. A la otra orilla, como un oasis de vegetación en medio de la urbanización y el hormigón, se encontraba el Monte Batres, protegido como Parque Regional del Curso Medio del Guadarrama.

Llegamos hasta a vega del río y tomamos el Carril Toledano. Camino muy bien adecentado (como el resto de los caminos marcados como vías pecuarias en esta comunidad) que sube paralelo al cauce por su margen derecha.

Cruzamos la R-5 y más adelante la A-5, poco a poco vamos viendo las huellas de la humanidad a modo de basura a raudales, tristes estampas junto a la vega de este río. Algunas construcciones abandonadas y mujeres pintándose el ojo con algo de frío.

Al llegar a la altura de la autovía de Extremadura, cruzamos el asfalto por debajo y salimos a una calle urbanizada que seguiremos con algo de tráfico, aún paralelo al cauce hasta encontranos a nuestra derecha el puente de hierro que da paso sobre el Guadarrama e inicia la Vía Verde con el mismo nombre, que nos conducirá hasta el parque del Soto de Móstoles.
Puente de hierro sobre el río Guadarrama.
Por esta vía iniciamos el ascenso definitivo hasta la cota más alta de la ruta, y pasar desde los 550m actuales hasta los 710m, en 15km. Lo primeros 5 por esta hipertransitada vía donde llega a ser incómodo el rodar ya que era la hora punta de la mañana, sobre las 11:00 y estaba llena de ciclistas, corredores, padres con niños y parejas paseando. Paralelos había una carretera que tal vez hubiese sido una alternativa bastante correcta.

Javi llama a su primo que nos hará una visita en la puerta del Zoo, nosotros mientras vamos observando como adelantar a la muchedumbre y poco a poco llegamos al fin de la vía justo en el Parque del Soto donde se sitúa la extensa depuradora de aguas residuales de la gran urbe de Móstoles, junto a los campos de fútbol de Iker Casillas.
Depuradora y campos de fútbol de Móstoles.
Cruzamos de nuevo la A-5 para entrar en la ciudad y realizar cuatro kilómetros de callejeo por detrás del Carrefour. Por amplias avenidas lejos del núcleo urbano pasamos casi de puntillas por la zona oeste de Móstoles, no sin antes hacernos sufrir por la empinada calle de Tulipán, dejando a nuestra izquierda la universidad Rey Juan Carlos y el hospital. La subida concluye justo al lado de la conocida plaza de toros mostoleña.
Plaza de toros de Mósotoles
La conexión de Móstoles con Alcorcón sería por el parque Prados Ovejero. El cual me surgía dudas por si hubiese conexión o no, ya que las imágenes del Google Earth no me lo confirmaban. Así se lo hice saber a Javi. Pero sea por suerte o intuición, la calle cortada que se veía en las fotos de satélite se había transformado en una peatonal calle con una buen carril bici que nos ofrecía un eficaz paso subterráneo bajo la M-50 y M-506 para dejarnos en el Parque Oeste de Alcorcón, junto al Leroy Merlin, Ikea y el Hospital Sur de Alcorcón.

Por sus calles nos desplazamos paralelos a la vía de cercanías C-5 desde su estación de Las Retamas hasta la de Alcorcón Central.

Un vuelco a mi corazón sentí al saber que al otro lado de la vía férrea se encontraba lo que fue mi residencia en el Colegio Amanecer en mi época futbolística. Allá por los años 98/99 y 99/00, cursando BUP y COU y entrenando por los campos del sur de Madrid. Por mi cabeza pasaron los incontables paseos con macuto a la espalda por esta avenida para coger el tren e ir a entrenar.  Por aquel entonces, con 16 añitos, creía estar muy alejado de mi hogar y ahora había llegado rodando desde la propia puerta de mi casa. La vida a veces te regala momentos que nunca jamás hubieses podido imaginar.

Ensimismado en estos pensamientos salimos de Alcorcón por encima de nuevo de la A-5 y cruzando la carretera de San Martín de Valdeiglesias junto al CC Tres Aguas.

Una vez cruzado, el asfalto termina y debemos buscar el camino de Carrolomillo que nos hará rodar por unos aparentemente olvidados, pobres y feos campos que son los propuestos por la Comunidad de Madrid para la polémica construcción de la ciudad EuroVegas.

El camino gira levemente hacia la derecha en busca de un pinar que nos dejará en el centro hípico de Venta de la Rubia. Aquí nos llama la atención la cantidad de gente que se congrega para la práctica o paseo en caballo por esta zona.
Centro hípico Venta de La Rubia.
Al salir de esta venta tomamos el camino a izquierdas por la Vereda de Castilla, para pocos metros después girara a la derecha y cruzar la M-40 y situarnos en la cota más alta de la ruta desde donde podremos observar, ahora si, un perfecto skyline de la capital nacional.
Skyline de Madrid desde la cota más alta de la ruta.
Rodamos ahora por zona militar. A nuestra derecha, una alambrada nos separa de la colonia militar de Cuatro Vientos, y a la izquierda podemos observar a media distancia la Ciudad de la Imagen con el Kinépolis y los estudios de Telemdrid, al fondo.

Descendemos hasta cruzar el arroyo Meaques que más adelante vertebrará y dará sus aguas a la casa de campo y su famoso lago.

Tras salir de la vaguada del arroyo llegamos a la Colonia Jardín. Un ciclista que rueda con nosotros tiene pinta de buscar nuestro mismo destino y lo seguimos, me olvido del GPS y así es. Tras él, cruzamos la M-502 justo en su transición en convertirse la extensa Avenida de los Poblados por un paso de peatones. Roamos por un entramado de calles hasta situarnos en la Puerta de Zarzón que nos da paso a la extensa y visitada Casa de Campo de Madrid.
Entrando en la Casa de Campo.

Por fin pisábamos suelo madrileño como tal. Adelantamos al ocasional guía y ponemos rumbo a la puerta del Zoo donde Javi había quedado con su primo. Espectacular moto con la que se presenta éste, que nos deja a todos anodadados. Unas fotos y a continuar la ruta.
En la puerta del Zoo de Madrid.
Dentro de la Casa de Campo seguimos el itinerario marcado por el Anillo Verde Ciclista de Madrid que nos hace pasar por el lago y nos deja una espectacular estampa otoñal por el Paseo de los Castaños. Idílico e increíble pensar que estábamos a penas a 4 km de la Puerta del Sol.
Paseo de los Castaños, Casa de Campo de Madrid.

Gran ambiente familiar y deportivo el que se respiraba en este entorno madrileño.

Salimos por el Palacio de los Vargas para cruzar el puente sobre el río Manzanares y observar la espectacular obra de urbanismo de Madrid Río. Sin perder tiempo, subimos hacia la rotonda de Príncipe Pío para, con cuidado, cruzar unos pasos de peatones que nos dejarán en la acera de la Cuesta de San Vicente, junto a los Jardines de Sabatini del Palacio Real.
Subiendo la Cuesta de San Vicente.
Curioso verse rodar junto a viandantes y turistas en sigway. En el cruce con la calle Bailén giramos a la derecha para pasar frente al Senado español y llegar a la peatonal Plaza de Oriente, a las puertas del Palacio, la Catedral de la Almudena y de la Ópera de Madrid.
Palacio de Oriente.
Con mucho cuidado, por la calle Arenal, nos aproximamos a la Puerta del Sol. Estábamos en el centro de Madrid. La sensación era de incredulidad, completamente descontextualizados al vernos cuatro locos montados en bicis de campo en medio de la ciudad embarrados hasta las cejas.
En la Puerta del Sol.
Nosotros hacíamos fotos, pero mas de un fotógrafo nos los hacia a nosotros también.

El paseo por la calle Postas hasta la plaza Mayor fue un ejercicio de equilibrio y coordinación sobre las dos ruedas. Tanto es así que algunos tuvimos que bajarnos para marchar andando para no molestar a los viandantes. El entrar a la plaza Mayor en plena ebullición de domingo a la una del medio día, casi consiguió emocionarme. Me hizo recordar cuando era joven y venia con mis padres a pasar el día en familia a Madrid.

Eran las 13:00 y ahí estábamos los cuatro jinetes en busca de nuestro verdadero objetivo. ¡¡¡Un bocadillo de calamares!!! Salimos por la calle de Toledo observando lugares para disfrutar de nuestro trofeo. Bicis aparcadas, mesa, comida, refrescos y a descansar lo justo porque el día comenzaba a nublarse. En media hora habíamos comido y habíamos sido el centro de atención de los cientos de turista que por allí transitaban.
Degustando el típico bocadillo de calamares.
Javi incluso llegó a pensar que podría sacar algún céntimo de esta situación, haciendo competencia a la cantidad de artistas que dan vida a estas céntricas calles de Madrid con sus mimos y adornos.

El postre, un batido de plátano con chocolate y yogourt helado. Un aporte calórico más que justificable para ponernos de nuevo manos a la obra.

De nuevo sobre nuestras monturas, nos disponíamos a salir de nuestra capital nacional. En esta ocasión, éramos conscientes de que la salida sería más peligrosa de lo que había sido la entrada. La Casa de Campo, la ancha acera de la Cuesta de San Vicente y la peatonalidad de los aledaños del Palacio de Oriente y centro de la ciudad quedarían en el recuerdo en contraposición de las largas avenidas de la ampliación del casco histórico madrileño.

Por la calle de Toledo llegamos a la bulliciosa zona de La Latina, dejando la Plaza de la Cebada y las calles Cava Baja y Alta a nuestra derecha. Estamos transitando por el día y hora de mayor afluencia a este popular barrio, muy visitado para las tradicionales "cañas" españolas.

Un agente de movilidad prohíbe el paso motorizado por la Calle de Toledo por motivo de "El Rastro". Una mirada cómplice entre ambos me indica que nos permite el paso para descender esta larga calle, apenas sin tránsito rodado por este motivo. Por sus calles aledañas a nuestra izquierda se celebra, todos los domingos por la mañana, el popular mercadillo ambulante que hoy obviamos disfrutar.

En la glorieta de la Puerta de Toledo, nos damos de bruces con el denso tráfico rodado de la capital. Con mucho cuidado lo cruzamos y seguimos descendiendo hasta la Glorieta de Pirámides con gran precaución. El largo y empinado descenso hasta el río Manzanares nos permite tomar una velocidad tal que no nos hace desentonar con los vehículos motorizados.

Utilizaremos el puente peatonal de Toledo para vadear el cauce y convertirnos momentáneamente en viandantes.

La imagen que se nos muestra a nuestra derecha me toca el alma. El estadio Vicente Calderón hace emocionarme al recordar de nuevo mi pasado atlético. Un contraste de sensaciones me inundaron la cabeza. Hoy en bici rodaba junto al estadio donde en mi adolescencia había jugado y entrenado, en ilusionantes tardes de fútbol. La historia de mi vida volvía a unirse gracias a dos deportes a los que les debo muchas amistades y experiencias.
Sobre el Manzanares, al fondo el Vicente Calderón.
Volviendo a la realidad llegamos a la Glorieta de Marqués de Vadillo, sabía que nos enfrentábamos al tramo más peligroso de la jornada. Cinco kilómetros de subida por unas de las vías más largas y transitadas de Madrid; la calle General Ricardos.

"Chicos bien juntitos como si fuésemos un único vehículo, sin hacer movimientos bruscos y respetando toda la señalización"-impuse a los compañeros. Un cargo de responsabilidad, junto a un gran estado de alerta y miedo rondaron por mi cabeza durante estos largos kilómetros.

Usamos el carril bus para ir algo protegidos de la circulación. Pero un autobús transitaba por este carril a la par que nosotros. Sus incesantes paradas a lo largo de la kilométrica calle nos obligaba a adelantarnos mutuamente con el consiguiente peligro que ello acarreaba.

"¡¡¡Id lo más rápido posible chicos, para acabar cuanto antes con este tramo!!!"-les animaba. "¡¡¡Jode More, acabamos de iniciar, tenemos las piernas frías y estamos subiendo!!!"- me contestaban. Les entendía perfectamente, pero lo que ellos no sabían es que iba acongojado por la seguridad del grupo.

Al cruzar la estación de metro de Oporto, justo en la intersección de la Calle de la Oca, se sitúa el mítico campo de fútbol del Puerta Bonita, donde muchas veces vine a jugar con el Atleti. Su presencia y mis recuerdos me hicieron despistarme por segundos de la unión del grupo. Y fue aquí, en este cruce, donde tuvimos el mayor susto de la jornada. Tomás, que venía el último en el grupo fue avasallado por un impaciente conductor madrileños que casi le hacen caer al suelo.

Para reponernos del susto, nos detuvimos a los pocos metros en la acera. Nos reagruparnos y aprovechamos a comprar agua para la vuelta. Es aquí donde nos dimos cuenta que existe un perfecto y señalado Carril Bici para toda esta interminable avenida.

Tras el susto, no dudamos de seguir el trazado rojo del carril exclusivo para ciclistas que nos lleva hasta la Avenida de Eugenia de Montijo por el madrileño barrio de Carabanchel Bajo.

Pronto nos topamos con el cruce de la Avda. de los Poblados donde abandonamos la acera para volver al asfalto. De nuevo ponemos la alarma a nuestros sentidos para cruzar la zona de Carabanchel Alto.

Siguiendo la Calle de Joaquin Turina, pasamos por el desaparecido Campo de Amorós, ahora transformado en un espectacular Centro Deportivo. Otra vez volvía a pasar por un lugar que despertaba mis emociones. En esta instalación pasé muchas tardes de alegrías y penas. Miguel Bastón, Antonio Seseña, Manolo Briñas... Grandes personas, que hicieron que un chico de pueblo, aprendiese a desenvolverse en la ciudad, a madurar por medio del fútbol. Todos ellos, con el permiso de mis padres, intervinieron en mi educación durante estos años de formación en la capital

Un giro a la izquierda para seguir el perímetro del antiguo campo de fútbol nos lleva por la Calle de las Cruces. Aquí es cuando me doy cuenta que el paso del tiempo no perdona a seres ni lugares. Aquellas explanadas donde se colaban los balones durante los partidos o entrenamientos, ahora eran nuevos edificios residenciales. Ensimismado en este evidente pensamiento cruzamos la Calle del Jacobeo y de la Peseta.

"¡¡¡Mira los pisos modulares de 30m2 que promocionaron años atrás en Madrid!!!"- observó Tomás.

Estábamos a punto de salir definitivamente de Madrid, así lo hicimos por el bonito Pinar de San José, que limita al sur con la M-40.
Tomás sobre la A-40.
Una pasarela sobre a autovía nos deja en el término municipal de Leganés, concretamente en su Barrio de la Fortuna.

Un carril bici paralelo a la carretera de la Fortuna, pasa bajo la R-5 y nos lleva por su Ronda Norte para aproximarnos al núcleo urbano de Leganés.

Antes de llegar al centro urbano, ascendemos por la ténebre Calle de la Física hasta la ermita de Ntra. Sra. de Butarque. Siempre recto pasamos por la Calle de la Química dejando el Barrio de San Nicasio a nuestra derecha y cruzamos la vía del tren para adentrarnos en la Universidad Carlos III.

Nuevamente los sentimientos a flor de piel. Hacía 10 años que no había vuelto por aquí. Mi carrera de Magisterio siempre tapó mi verdadera vocación. La ingeniería. Aquí intenté compaginar durante dos años, los intensos entrenamientos de fútbol con la exigente carrera de Ingeniería Técnica Industrial por su rama Mecánica. No pude con ello. Me superó. Desistí. Me fuí. Y desde entonces no había vuelto a pisar este patio/plaza a los pies del edificio Sabatini. Sensaciones. Miles. Positivas y negativas.
En el campus universitarios de Leganés
Pero no había tiempo para entretenerse. El sol no para. Así que me llevé todos esos recuerdos que se me venían a la cabeza mientras rodaba por las calles de Leganés. Tal vez por ello me despistase para encontrar el camino correcto marcado en el GPS. Pero una rápida interpretación a la información del aparato, me hizo rectificar y encontrar el camino marcado.

Un trazado zigzagueante para salir de esta gran urbe hasta su parque de Polvoranca, nos obligó a atravesar la línea de cercanías y la transitada M-406 por pasos metálicos elevados sobre ambas vías de comunicación.

Esto lo conseguimos bordeando los barrios de Valdeplayo, por el sur, y el residencial Polvoranca, por el norte. Tras ello, llegamos a una peligrosa rotonda para salvar la M-407, que nos deja en el parque de Polvoranca. Volvemos pues, a pisar tierra desde que entramos a Madrid por la casa de campo, hacía ya bastantes kilómetros atrás.

Este recinto lo transitamos por su perímetro sureste hasta llegar a las ruinas de la ermita de Polvoranca, en evidente estado de abandono.
Ermita de Polvoranca.
Tomamos la vereda de la Moraleja, el que parece ser el único camino de la zona que la enorme expansión de este lugar ha respetado su trazado . Así pues, conseguimos cruzar la M-50, una zona urbanizada sin edificios de Fuenlabrada, la M-407, el polígono industrial Uranga de esta misma ciudad (con la espectacular planta logística de Coca-Cola España) y la M-506.

Me atrevería a decir, el tramo más feo de toda la jornada. No obstante, dejamos durante este sector, la ciudad de Fuenlabrada a nuestra izquierda, muy próximos a su zona noroeste, donde residí mis dos últimos años de aquella maravillosa época juvenil.

Nuca olvidaré la avenida de las Provincias y su estación de cercanías de La Serna, donde al igual que en Alcorcón, transitaba a diario macuto a la espalda y mochila con apuntes, ahora ya universitarios.

Primeros asfaltos donde residió mi "ibicita". Grandes compañeros, amigos y futbolistas. Todo me vino de nuevo a la mente, consiguiendo evadirme de la poca o nula belleza de los parajes por los que transitábamos en este momento.

De nuevo debíamos cruzar la M-407 para rodar por el barrio satélite de Loranca, en su perímetro sureste, aún en término municipal fuenlabreño.

Es desde aquí donde tomamos el Cordel de la Carrera para llegar a Moraleja de en Medio, paralelos a la M-407, que transita a nuestra izquierda.

Pasamos casi de puntillas por esta localidad, dejando el núcleo urbano a nuestra derecha. Continuamos con la referencia de la M-407, que poco más adelante cruzamos, muy próximo a su intersección con la M-410, que también cruzaremos, seguidamente.

Una liebre pasa junto a nosotros en el puente, y tras ella un grupo de galgos, salvando la autovía por el mismo paso elevado por el que transitamos.

-"!!!Jodó, como se nota que estamos aún en la ciudad, hasta los animalitos se conocen los pasos para evitar el asfalto!!!" - comentaba jocosamente Tomás.

Tras esta dupla de pasos elevados, la vía pecuaria que tomamos nos deja junto a la línea de ferrocarril que une Madrid con Lisboa y que casualmente es la misma que pasa por nuestro, aún lejano, Torrijos.

- "¡¡¡Chicos, si seguimos la vía no hay pérdida hasta casa!!!", intentaba dar un esbozo de proximidad a nuestro hogar.

Paralelos a ella, llegamos a Griñon, que lo cruzamos por la vereda Toledana. Vereda que seguiríamos hasta casi llegar a Yunclillos con un, más que considerable, descenso de cotas. Lo que nos facilitaría el camino, ya con las piernas bastante cargadas de kilómetros.

La salida nos sitúa paralelos a la M-415, que se transforma en CM-4008 al entrar en nuestra comunidad. Exactamente cuando el camino se empieza a separar del trazado asfaltado.

Dejamos la Urbanización El Llano de Carranque y tomamos recto una trifurcación de caminos que nos evita pasar por el núcleo de esta localidad, dejándola a nuestra derecha y haciendo nuestro camino lo más rectilíneo posible. Cruzamos la CM-4008.

El camino se transforma en asfalto con un cuidado carril bici al pasar por la urb. Oliva Veleta de Carranque, donde encontramos una fuente de agua potable que aprovechamos para reponer líquidos.

Retomamos nuestra marcha con cuidado de nos pasarnos un camino a nuestra izquierda que se bifurca de la carretera, bien señalizado como "Camino del Quijote". Así cruzaremos la AP-41 y nos aproximamos a El Viso de San Juan, pequeña localidad rodeada de multitudes y pequeñas urbanizaciones, a la que no entramos y dejamos a la derecha de nuestra marcha.

Estábamos adentrándonos en la peligrosa comarca de La Sagra. Zona muy conocida por sus grandes empresas de ladrillos obtenidos de esta rica tierra arcillosa, pero tan temida por los ciclistas de montaña.

Llegamos a Cedillo del Condado, localidad por la que salimos con un empinado descenso hasta el arroyo de la fuente.

La salida de esta vaguada nos pone de frente a la autovía de La Sagra CM-41. Tras cruzarla, el color del suelo pasa de marrón a rojizo. Acabábamos de entrar en la "boca del lobo", solo nos quedaba rezar.

El vadeo de tres cauces de arroyos antes de llegar a la carretera de Lominchar, nos puso en evidencia. Los dos primeros fueron salvados con maestría y amor propio. El tercero fue "chapapote" puro y duro. Esto acababa de empezar.

Tras cruzar la carretera, un nuevo arroyo nos obligó a desempolvar las dotes de equilibrio y habilidad sobre la bicicleta. Potencia sobre la tracción trasera, y rápidas decisiones sobre el trazado delantero impidieron echar pie a tierra. Aunque no consiguieron que la tracción, bielas, cambios y toda la mecánica de la bicicleta quedara completamente "noqueada".

Y si eso no fuera poco, los tacos de la rueda parecían inexistentes; lo que conllevaba patinar constantemente.

El paso por una zona de olivos, a la altura de la carretera de Recas, hizo que el terreno se endureciese. Esto permitió que se limpiasen las cubiertas, saltando barro por todos lados de una forma incómoda para nuestra vista. En este momento los ojos estaban expuestos a que cualquier trozo de arena entrase en ellos.

Unos metros más adelante giramos noventa grados para ascender una pequeña loma que nos dejaría en Yunclillos, donde una parada nos sirvió para recomponernos de esta mal tramo por la temida comarca de La Sagra.

El definitivo descenso hasta el Guadarrama lo hicimos por un camino mal asfaltado y resquebrajado que sentimos de gloria. Sabía que al otro lado el estado de los camino sería húmedo, pero no tan preocupante como lo que acabábamos de cruzar.

Un pequeño desborde del río con un ancho vadeo hormigonado nos ayudó a limpiar levemente los bajos de las bicicletas.

Se nos presentaba hasta Torrijos leves ascensos para salvar varios arroyos de la zona.

Una subida y rápida bajada para cruzar el arroyo de los Tributillos. para depués cruzar la CM-4003 junto a unas canteras. Volver a ascender y descender al arroyo de Camarenilla, que se vadea justo antes de llegar  las Casas de Belvis. De nuevo un ascenso a una loma algo más larga que nos dejará en lo alto con vistas muy familiares ya de los cerros de las Cabezas de Villamiel y de la Mesa de Rielves.

Solo quedaba descensder hasta esta primera localidad, cruzar su arroyo Renales y acometer la última subida a la Mesa de Rielves. Larga y pesada, más aún con los kilómetros que teníamos en nuestras piernas.

Al contrario que nuestros cuerpos, la mente estaba limpia, sabíamos que tras esta pequeña loma veríamos al fondo nuestra localidad. Subimos ligeros, pero muy pesados de piernas. Descendimos a Rielves

Tomamos la decisión de llegar a Torrijos por el trazado más recto ahora posible desde esta localidad, utilizando los caminos de servicio de la nueva autovía A-40 y entrar a nuestro hogar por el conocido "paseo del colesterol".

El sol aún no había caído del todo, el reloj marcaba las 17:30 y el cuentakilómetros 170km. 1100m d+ y un nuevo reto superado.

Manguerazo a las bicis y a descancar. Buenos estiramientos bajo el agua caliente de la ducha...

¿Cual sera la próxima?

Pincha aquí para ver las fotos.

9 comentarios:

  1. Grande una vez más. Leído y releido. No dejas de sorprenderme.

    ResponderEliminar
  2. Una ruta fantástica, una aventura única, y la crónica es lo mejor, parece que uno va allí pedaleando con vosotros. Haces unas crónicas estupendas David, eres un máquina planteando rutas y escribiéndolas. Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. "Allá donde se cruzan los caminos...Pongamos, que hablo de Madrid". Para un Madrileño de nacimiento y de pensamiento, la lectura de esta crónica,ha supuesto una acumulación de sentimientos...NOSTALGIA, PASIÓN, AVENTURA, ESFUERZO, VELOCIDAD, CAMINO, TIEMPO, AMANECER, SENTIMIENTO, CORAZÓN, ASFALTO, ROJIBLANCO, PUEBLO, CIUDAD...Que gozada. FANTASTICO. Gracias DAVID. Ha sido una vez más FABULOSO. Gracias TOMAS, JAVI y JUANJO, por este fabuloso viaje "sin escalas", a traves, de vuestro esfuerzo e imaginación. FELICIDADES. Fdo ANGEL CARRILLO - Club Ciclista Torrijeño.

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias a los 4 por comentar y por leer esta, a veces, insufrible crónica.
    Pablo, tú si que haces rutones, que te sigo por el face y vaya fotitos que te marcas...
    Jesús, cuando quieras, propón ruta que se busca y se hace, por muy loca que sea.
    Ángel, me acordé mucho de ti según íbamos de camino. Estos comentaban: "Cuando se entere Angel de la locura que estamos haciendo, va a flipar!!" jejeje.
    Gracias María, ya sabes que cuando quieras estás invitada a cualquier ruta, todo un honor.

    ResponderEliminar
  5. David, cuando estoy en España, me encanta salir con la bici. Pero no estoy acustumbrado de encontrar perros en el campo, aunque no he tenido ningun problema (una vez en la Sierra de Madrid, hemos encontrado con 15 perros grandes que habian escapado de una perrera). Puedes dar consejo en tu blog sobre lo que se debe hacer?

    ResponderEliminar
  6. Pedazo de ruta!!!me ha encantado....vivo en Madrid entre semana y en Torrijos los findes, y de verdad que os admiro por la cantidad de km que haceis....como me gustaria ir con vosotros...Saludos!!!!Mar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ayer fui de Leganes a Torrijos utilizando tu ruta , muchas gracias por compartirla

      Eliminar
  7. hola david soy rian me encanta tu pagina

    ResponderEliminar