jueves, 6 de julio de 2017

San Petersburgo

¿San Petersburgo en tres días...? ¿Y por qué no?

Viajes exprés, viajes relámpago, viajes intensos. Viajes exprimidos al máximo. Es lo que nos gusta...

¿Por qué no?

Y si además tienes la suerte de que tu familia rusa te va a acompañar en esta escapada programada desde hace ya dos años que visitásemos Moscú, todo sería mucho más fácil y sencillo. SPACIBO.
San Salvador de la Sangre Derramada

Viernes.

Llegada a San Petersburgo a las 9:00 de la mañana, previa inquietante conexión aérea en Moscú, te permite aprovechar el día por completo. Más si cabe, cuando Olga y Andrei te esperan en la puerta para llevarte hasta el hotel ubicado muy próximo a la estación de tren, y justo en frente del pub de los hinchas del Zenit.

Abrazos, reencuentros, emociones. Y conversaciones, largas conversaciones. Es increíble como Olga mantiene el buen nivel de español hablado. Andrei marcha delante, no hay comunicación entre nosotros, pero es increiblemente servicial con nosotros.

Ya ubicados, y habiendo tomado un rápido café en un acogedor local de la misma calle del hotel, tomamos un taxi que nos lleva a conocer la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. Origen de esta bella ciudad. Al otro lado del río Neva.
Fortaleza de San Pedro y San Pablo.
Un paseo por esta ciudadela nos permite conocer la catedral que lleva el mismo nombre, un curioso museo de la tortura, un agradable paso por lo alto de la muralla con vistas al Neva, así como un curioso pasadizo que se introducía estratégicamente dentro de la fortaleza. Una bella exposición de fotos de San Pertersburgo dio por finalizada la visita a este histórico emplazamiento.

La vuelta andando por el Puente Triniti, cruzando los Campos de Marte hacia la impresionante Iglesia de San Salvador de la Sangre Derramada. Espectacular silueta exterior, pero más impresionante su decoración interior a base de mosaicos.
Interior de San Salvador
A la salida compra del típico souvenir y marchamos a cambiar euros por rublos en un banco cercano con la ayuda de Andrei. Llegábamos así al ecuador del día con un sol que no debíamos subestimar.

La esquina que forma el bonito edificio Singer con la calle principal Nevsky nos saca a la muchedumbre de una ciudad cosmopolita. Era momento de buscar un lugar para comer y tomar la primera cerveza del día.
Comiendo en la calle Nevsky
Tras la reposición de energías visitamos la cercana y peculiar Catedral de Kazan donde tuvimos la suerte de poder coincidir con una boda ortodoxa.

La siguiente parada sería la Catedral de San Isaac, casi una copia de la de San Pedro de Londres. Hasta ella llegamos paseando por la concurrida Avenida Nevsky.
Catedral del Kazan
Su interior nos sobrecoge el alma, monumentalidad es lo que se viene a la cabeza al levantar la vista sobre tus hombros. Y si a ello le unimos la visita a su cúpula donde debes ascender más de 200 escalones, resulta una experiencia muy recomendable. Desde arriba, la panorámica de la ciudad te sorprenderá.
Catedral de Isaac
Las energías decaían después de toda la noche viajando. Era momento de la siesta. Siesta, o descanso que decidimos hacer con una ruta en barca por los canales de San Petersburgo. Así pues seguiríamos recorriendo la ciudad pero sin esfuerzo. Todo un acierto.
Vistas desde la cúpula de San Isaac
Tras el barco, tocaba ahora volver al hotel, pero antes deberíamos parar a cenar en un peculiar restaurante español "Las Torres" en plena avenida Nevsky. Cena de fusión con comida española pero bebida rusa... Aquí el vodka se bebe como quien bebe vino, pero rebajado con zumo (para los españolitos como nosotros). Así pues botella de vodka en mesa y cada vez que quisiese beber, chupito de vodka y acto seguido de zumo para rebajar el sabor. Que no el alcohol, porque de allí nos levantamos bailando sevillanas y hablando con Andrei...
Comida española y bebida rusa
El paseo hasta el hotel, sirvió para despejar la cabeza y confirmar el fenómeno de las noches blancas de San Pertersburgo. Donde el sol no llegaba a desaparecer por completo en estos finales del mes de mayo.

Botellón a las 00:00, observa el cielo
Un breve descanso fue suficiente para ducharnos, dormir una horita y volver a salir. Ahora entrando en el local de los aficionados del Zenit y tomar un ron, en el país del vodka. Ya había tenido suficiente en la cena... Botellón encubierto esperando al taxi que nos llevara de nuevo al canal para visitar en barco el espectáculo de los puentes a la 1:00 de la madrugada. Donde los dos pasos más importantes de la ciudad sobre el río Neva abren paso a los barcos deteniendo el tráfico rodado de la ciudad.
Puentes elevadizos de San Petersburgo
Tras ello, vuelta definitiva al hotel de cara a descansar para el día siguiente.

Sábado.

Tocaba visita al Museo Hermitage (al cual no pudimos entrar), la columna de Alejandro y la visita al Palacio de Invierno. Todo ello desde la misma plaza que nos recordaba a la monumental plaza roja de Moscu.
Museo Hermitage al fondo.
La visita fue rápida porque el objetivo principal de hoy era el Palacio de Peterhof. Un paseo en barco nos llevó durante media hora hasta el embarcadero de este palacio residencial que nos recordaba a La Granja de Segovia. Parques kilométricos con impresionantes fuentes. Un canal de agua que vertebra toda esta arquitectura. Y todo ello con una gratísima sorpresa. Puesto que el día de la visita era la inauguración oficial de la temporada de verano donde siempre se hace una fiesta temática dedicada a algún país, que en esta ocasión fue España.
Palacio de Peterhof
Nos sentimos importantes y como en casa. Otro acierto por parte de Olga y Andrei. Gracias de nuevo.

A la vuelta quedaban pocas fuerzas. El metro de San Petersburgo es el más profundo del mundo y también de los más bonitos. Se dice que fue decorado como el Palacio del Pueblo. Bien merece la pena su uso solo por adentrarte en esta otra atracción de la ciudad.
Metro de San Petersburgo
Una pizza  en el hotel fue lo único que quedaba por descubrir este día. El cuerpo no aguantaba mas.

Domingo 21.
Día de traslados. Pero también interesante por el hecho de realizar una jornada fuera del ambiente turista y adentrarte dentro de la población rusa.

A las cuatro de la mañana ya era de día, por eso de las Noches Blancas. El AVE ruso nos esperaba en la cercana estación para llevarnos hasta Moscú en una línea directa entre las ciudades más importantes del país (algo así como Madrid-Barcelona).

Tras cuatro horas de viaje. Tocaba usar el metro para aproximarnos a la zona de residencia de Andrei y Olga.

Por último un microbus hasta la puerta de su casa, en el cinturón industrial de Moscú. Visita al pequeño de la casa con el que pudimos jugar a la vez que la madre de Olga nos preparaba un plato típico. Una casa típica. Un barrio típico. Esto también es turismo. Además del verdadero. Del de la vida real de las personas.

Quedaba volver al aeropuerto. Ahora en el coche de Andrei, del cual también se disfruta del tipo de conducción real. La autopista y la forma de conducir. Hasta la misma puerta del Aeropuerto.

Con el traductor de google le pude agradcer toda la hospitalidad recibida. Él se excusó diciendo que es su forma de ser. Hospitalarios. Desde luego, no me queda la menor duda.

Terminaba el viaje con la sensación de que cuando nos devuelvan la visita poder estar al nivel de su hospitalidad en España. Clichés... esos que se ponen a las culturas sin conocerlas.

Os esperamos SPACIBO

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