martes, 17 de enero de 2017

Como disfrutar de Andorra... sin saber esquiar.

Pues eso... que Andorra es un país que se ha adaptado perfectamente al turismo del esquí. Creando infinidad de remontes, pistas y estaciones para el disfrute de la nieve bajo esta modalidad.

El problema se presenta cuando dos personas llegan a un lugar creado por y para los esquiadores... sin saber esquiar.

Pues bien, aquí os voy a proponer algunas de las actividades que podéis disfrutar en este coqueto país, sin la necesidad de calzaros un par de esquíes.
Puerta del Hotel Iglú
Pero antes de llegar a los Pirineos, es aconsejable realizar un breve parada en el camino (si os pilla de paso, por su puesto) en uno de los lugares más peculiares y desconocidos de España. El desierto de las Bárdenas Reales, situado en el sureste de Navarra, alberga diferentes obras naturales talladas y cinceladas por el viento y el agua.

Muy próximas al impetuoso Moncayo, podemos recorrer un circuito en coche de unos 35km, (una hora aproximadamente) para disfrutar de las caprichosas formas que el viento ha moldeado en este paraje de areniscas. El afamado Castildeterra, es acompañado por las siluetas del Sanchicorrota, Rallón o Piskerra.
Castildeterra, Bárdenas Reales.
Para los amantes de las caravanas, disponen de un perfecto lugar habilitado para la pernoctación en la localidad de Arguedas, bajo unas peculiares cuevas iluminadas que nos llaman la atención.

El camino debe continuar hacia el objetivo principal del viaje. A media tarde llegamos a Andorra y lo cruzamos completamente hasta llegar a la estación de esquí de Grau Roig. Allí comeremos, tomaremos un café a pie de pista y haremos tiempo para que lleguen las siete de la tarde. Hora prevista para el inicio real de la experiencia.

La recepción con una copita de cava nos permite hacer tiempo hasta que la expedición esté completa. Treinta minutos más tarde nos esperaba una máquina pisanieves para subir al grupo a lo alto de las pistas de esquí en medio de una noche estrellada.
Máquina pisanieves
Un trayecto de poco más de 15 minutos nos sitúa en las proximidades de Hotel Iglú donde pernoctaríamos esta especial noche de reyes. Allí arriba disfrutaríamos de una peculiar velada rodeados de nieve, montañas y un gran puñado de estrellas que asomaban tras los recortados horizontes.

Un paseo con raquetas nos permitiría entrar en calor. No fue más de 30 minutos, pero sí los suficientes para adentrarnos en la oscuridad y poder divisar con total nitidez el precioso cielo estrellado.
Paseo nocturno de raquetas
A la vuelta, realizamos la acomodación en el iglú. Sí, sí el iglú. Una especie de cabaña de nieve compuesta por dos habitaciones, un pasillo y unas decoraciones de hielo tallado de las que impresionan. Es el momento de ubicarse, de buscar, de mirar, de hacer propia tu estancia. Alucinante.
Habitación iglú
Era el turno de la cena. Ésta se realizaría en un iglú anexo (este sí artificial a modo de carpa) donde disfrutaríamos de una atención excepcional y una calidad de comida aún mejor. La botella de vino cayó por completo, por supuesto, para evitar perder el calor mantenido en nuestro cuerpo. Una velada tranquila, placentera y completamente descontextualizada.
Restaurante iglú
Tras la cena, tocaba el momento por excelencia de la noche. Y este no era otro que el de disfrutar del jacuzzi y la sauna en plena montaña.
Un barracón anexo nos permitiría cambiarnos el bañador para adentrarnos en el jacuzzi con paredes de nieve y techo descubierto. Flipante. Las estrellas sobre nuestros hombros. El agua caliente y la sensación de frío en la cara.
Jacuzzi iglú
Pero uno de los momentos más divertidos (y único de frío en toda la jornada) fue cuando decidimos visitar la sauna. Una especie de tonel de madera en medio de la nieve, separada apenas por una decena de metros de la sauna y a la que debíamos llegar en chanclas y bañador; dentro de la noche en medio de la nieve.
Sauna iglú
Tras la curiosa experiencia, tocaba el turno de la ducha caliente y ponernos el pijama para adentrarnos en el objetivo principal del viaje. Dormir a 0º entre paredes de nieve, eso sí, con unos sacos de dormir que resistían hasta los -20º. Y allí que nos metimos. Junto con un padre e hijo francés y dos amigas mejicanas. Comentando lo irreal de la situación y lo bonito de esta peculiar experiencia.
Decoración en hielo
Por la noche... Calor, sí, calor. Incluso llegamos a sudar. Lo prometo. El despertador se adelantó al amanecer. No era momento de "perder" el tiempo durmiendo si podía disfrutar de un amanecer en la montaña. Salimos fuera. Y la luz fue poco a poco ganando la batalla a la oscuridad. Tonos naranjas, rosas y morados se enredaban tras la silueta del Pic Blanc. Abajo, la estación de esqui Grau Roig, aún con la iluminación nocturna.
Amanece en Grandvalira
Casi una hora dando vueltas queriendo parar al mundo. La nieve reciente, la huella, el frescor en la cara, las vistas... y la soledad del lugar. A penas quedaba media hora para que lo telesillas comenzasen a funcionar y llenar de gente el lugar. Justo en ese momento, fuimos nosotros los que las utilizamos para abandonar el lugar y descender hasta la estación de esquí.
Bajada en telesilla
Un variado desayuno nos esperaba en el restaurante a pie de pista con todo lujo de detalles. Sería necesario reponer energías de cara a las actividades que realizaríamos durante el día que previamente habían sido reservadas en un paquete con la empresa Grandvalira.

Entre otras, las más destacadas fueron la excursión en moto de nieve. Interesante el poder montar controlar y conducir estos "tractores de invierno" por un circuito entre abetos con diferentes pasos de habilidad.
Ruta en moto de nieve
Y la segunda actividad, la cual teníamos especial motivación por realizar, pero que durante el trayecto no fue tan de nuestro agrado. Me esto refiriendo al Mushing, o trineo tirado por perros. Es bonito ver como el trabajo en equipo de los animalitos permiten ese desplazamiento por la nieve. Pero, sinceramente, sufrimos los dos por el sentirnos causantes de su esfuerzo.
Mushing
Tras la intensa jornada, volvimos a pie de pista para comer algo y disfrutar de una placentera tarde con el sol contrastando la sensación térmica de nuestro cuerpo. Observando las habilidades de los que bajaban las pistas rojas y negras que por allí se sitúan.
Apurando el día
Con la cerveza en la mano, el sol se ocultaba tras las mismas montañas que esta mañana le habían visto aparecer. Nosotros seguíamos en el mismo lugar, pero un poco más abajo que en el amanecer. En uno u otro sitio ambos momentos fueron idílicos.

Tocaba desplazarse hasta el hotel donde pasaríamos las dos noches restantes. Un barato y normal hotel Bisset sería nuestro cuartel general para la segunda parte nuestra escapada a Andorra.

Un paseo por las calles andorranas, una buena cena; y el cuerpo no da para más. Una retirada a tiempo es una victoria. Aún nos quedaba un completo día por delante.

A la mañana siguiente, tocaba visita a Naturlandia, una especie de parque de atracciones para niños combinado con un pequeño zoo donde destacan principalmente dos actividades.

El recinto esta dividido en dos partes (cota 1600 y cota 2000) unidas ambas por el trineo alpino más largo de Europa. Es ésta la atracción estrella que permitirá descender por unos raíles surcando el bosque de abetos a velocidades que tú puedes controlar con los frenos. Diversión asegurada y mucha adrenalina.
Trineo alpino
La segunda atracción  con interés para los adultos es el Airtreck, una especie de estructura artificial que asemeja a una vía ferrata con múltiples pasos que pondrán a prueba tus habilidades y equilibrio para cruzar de un pilar a otro. Con tres pisos donde elegir, su salida final se realiza mediante una tirolina de casi 200m de longitud.
Airtrek
Después una visita a la cota 2000 para visitar el zoo entre otras actividades donde se hayan lobos, alces, osos y algunos animales más. Llama espacial atención la simpática familia de osos que allí conviven. Existen más actividades en esta segunda zona, pero en nuestro caso, tras la visita del zoo y una breve experiencia con el tubbin (lanzarse con una rueda por la nieve); pasamos por el restaurante para comer, tener una grata coincidencia y marcharnos al segundo plan del día
Oso en Naturlandia
Tras un calentito café en la calle principal de Andorra y un leve paseo para realizar alguna compra. Nos esperaba la superficie acuático-lúdica más impresionante que jamas haya visitado.

Caldea es un espacio de ocio donde las aguas termales son el principal protagonista. Con jacuzzis por varios sitios, saunas y demás ambientes acuáticos dispuestos para el disfrute y relax de todos los allí presentes. Incluso es posible un paseo por el agua al exterior del edificio para sentir sensaciones similares a las ya disfrutadas la noche anterior.

Todo un acierto el disfrutar de este espacio, donde si quieres puedes ampliar con masaje y acceso a la zona VIP.
Caldea
Una manera perfecta para terminar una escapada llena de diferentes actividades. Todas ellas sin necesidad de contratar un forfait.

Al día siguiente, rápida visita al pequeño, pero coqueto puente romano de Ordino para despedirnos de este amable país vecino.

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