martes, 29 de noviembre de 2016

Microreserva Garganta de Las Lanchas

Los vetustos y, cada vez más, privatizados Montes de Toledo guardan aún escondidos y públicos rincones para el disfrute libre por parte de senderistas. Es este el caso de la bonita microrreserva natural situada en la ladera norte de la Sierra de Sevilleja; una de las múltiples y desordenadas elevaciones que componen este modesto sistema montañoso.

Las Hunfrías, de donde parte esta ruta, es una humilde pedanía de la localidad Robledo del Mazo. Situado en la cabecera del nacimiento del río Gévalo, está enclavado en el suroeste de la provincia toledana. Una zona tranquila y con un encanto especial para pasar una bonita jornada de senderismo.

Primera chorrera
La ruta recorre de manera lineal la Garganta de las Lanchas, que nos presenta orgullosa sus cinco chorreras estacionarias. Es por ello que es recomendable visitarlas tras épocas de lluvia para poder disfrutar en plenitud de su bella exuberancia.

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La ruta se inicia junto al cementerio, por una ancha y cómoda pista forestal que nos introducirá en busca de la microreserva. Un cuidado pinar y varios cortafuegos nos indican que nos encontramos en una zona de intenso trabajo forestal.

Antes de llegar al tercer kilómetro de camino, veremos una caseta que nos da la bienvenida al verdadero objetivo de la ruta.

Justo a sus espaldas, y tras cruzar el propio cauce del arroyo, sale un desvío a la izquierda que nos aproxima a la base de la primera chorrera.
Acceso a la primera chorrera
Atónitos nos quedamos al oír como el agua caía tras la densa vegetación que en su base se concentraba, pero más estupefactos nos sentimos aún cuando llegamos a tener el contacto visual directo con ella.

Las aguas de las lluvias de la última semana traían un caudal casi irrepetible. Para ser sinceros, aún seguía lloviendo el mismo día de realización de la ruta, dato que nos permitiría disfrutar aún más de este bello paraje que manaba agua por doquier.

Tras el embelesamiento al que fuimos sometidos, volvimos sobre nuestros pasos para continuar en busca de la segunda chorrera. La pista la debemos abandonar definitivamente, tomando ya un bonito sendero indicado que sale a nuestra izquierda flanqueado por jaras y encinas.

Poco más adelante, y tras cruzar un bonito pasadizo natural entre rocas, la senda nos deja en un idílico lugar donde confluyen la base de la segunda chorrera con la parte superior de la primera que pocos minutos antes habíamos disfrutado desde su base.
Segunda chorrera
Tan solo habremos andado poco más de tres kms y ya habremos disfrutado de estos dos lugares excepcionales. Continuaremos nuestro trayecto en búsqueda de la siguiente parada.

El camino se transforma en un bonito sendero. Unos hitos de madera confirman el trazado que debemos seguir.

La senda serpentea entre robles, helechos, jaras y alguna desorientada encina. El otoño hace acto de presencia con una mezcla de colores donde esta diversa vegetación pigmenta el paisaje. Así pues, los tramos de una a otra caída de agua son amenizados con estos bellos parajes.
Meza de colores otoñales
El cauce siempre nos acompañará a nuestra izquierda. Aproximadamente a los 4km de ruta llegaremos a un enorme canchal, típicos de estos montes. Paramos, y oímos el rugir del agua que fluye bajo nuestros pies, filtrado entre las rocas. No lo vemos, pero lo sentimos.

Seguimos con nuestra mirada lo que nuestros oídos nos indican y encontramos un sendero que desciende de manera abrupta hacia el cauce. Debemos, pues, abandonar el camino y descender ayudados de una valla cinegética que queda justo a nuestra derecha y la cual debemos bordear.
En busca de la base de la tercera chorrera
Una vez en el cauce, buscamos agua arriba la base de la tercera cascada. Un bello rincón nos hechiza nuestros pasos. La vegetación de ribera y la humedad existente crea un áurea digna de otras latitudes.

El sonido nos guiará nuestros pasos para asombrarnos con un "tríptico en caída". Un zigzag que hipnotiza. Izquierda, derecha, izquierda. ¿Estamos en Toledo?
Tercera chorrera
Al otro lado del cauce, justo en un voladizo de la montaña, existe un libro de visitas situado allí, dicen por la familia de un joven de la cercana localidad de Robledo del Mazo que sufrió un accidente en este lugar.

El instinto nos lleva a intentar ascender para aproximarnos a la parte superior de esta espectacular cascada. Por su derecha, y siempre pegados a la pared, accederemos por un estrecho paso que nos deja en la parte alta de esta caída de agua.
Parte superior de la tercera chorrera
Volveremos sobre nuestros pasos en este bonito rincón de la ruta con la que ya podemos darnos por satisfechos. La subida de nuevo al trayecto original bordeando la valla, ahora a nuestra izquierda, nos permite dudar sobre si es suficiente por hoy, o no.

La fina lluvia no incomoda, pero nos mantiene en alerta. Hasta aquí no habremos llegado a los 5km de ruta aún. Pero es un día excepcional para ver las otras dos chorreras restantes con agua. Tienen menos grandiosidad que las primeras, la gente suele volver sobre sus pasos, sobre todo si vamos en familia; pero bien merecerá la pena el continuar hasta el final.
Camino pedregoso entre robles
El camino desde aquí tiende a desaparecer. Pero unos hitos a modo de pirámides de guijos nos guiarán en nuestro camino.

Si decidimos seguir, como fue nuestro caso echando un órdago al tiempo, llegaremos a la cuarta cascada antes de llegar a los seis kms de ruta. El desnivel es muy suave y cómodo, pero el piso se torna pedregoso. La posibilidad de perderse es nula teniendo en cuenta que debemos seguir aguas arriba el arroyo, quedando este siempre a nuestra izquierda.

La doble chorrera que presenta este cuarto punto de interés de la garganta puede observarse desde el propio camino, sobre una lancha de granito que invita a observarla desde cierta distancia.
Cuarta cascada, observada desde el camino
Medio km más allá llegaremos a la quinta y definitiva caída de agua. Con un total de 6 km de distancia desde el inicio de la ruta habremos llegado al final de la ruta. La base de esta caída se encuentra escondida entre la vegetación que deberemos apartar con cuidado para disfrutar de el contacto total con la naturaleza.

Podemos rodear la caída y ascender los 4 m de esta humilde chorrera para observar desde la enorme lancha que presenta su parte superior.
Quinta chorrera
Habremos conseguido nuestro objetivo. Tocaba ahora desandar nuestros pasos con ligereza ya que la lluvia comenzaba a ganar el pulso al que le habíamos sometido.

Con premura, y con la sensación de haber disfrutado de una jornada exclusiva en la zona por la cantidad de aguas que manaban por doquier. Nos dirigimos sin paradas hacia el coche.

11 km y tan solo 400m de desnivel acumulado son los datos para esta ruta; muy recomendable realizar tras periodos de lluvias. Tampoco es necesario ser tan agonías e ir un mismo día de lluvias, pero es lo que pasa cuando tienes un amigo en Canarias y te pide por favor que echa de menos la lluvia y el frío.

Todo sea por los amigos...

1 comentario:

  1. Ruta muy bonita. Así contada invita a realizarla mañana mismo.

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