viernes, 4 de diciembre de 2015

Playas negras, Parque Nacional del Teide y punta del Teno

El segundo día tocaba abusar de coche. Dividiríamos la jornada en tres partes bien diferenciadas: playas negras por la mañana, ascenso al Teide a medio día y atardecer en punta del Teno.

Las playas negras de Bollullo, Ancón y Patos están muy próximas al Pto de la Cruz donde estábamos hospedados. Todas se hallan en el paraje conocido como El Rincón. Nuestra intención era solo de visitarlas, hacer unas fotos y pasar la mañana con leves paseos. Nada de atuendos playeros.
Playa de Bollullo
Para visitar la primera de ellas tenemos la posibilidad de dejar el coche lejos, junto a una parada de bus, con facilidad de aparcamiento. La otra opción es arriesgarnos a descender por una retorcida y estrecha calle hasta el resturante o parking junto a la playa. Escogimos la segunda opción por ser temporada baja, pero no es nada recomendable hacerlo en días de tránsito veraniego.

Las otras dos, Patos y Ancón, se encuentras unidas por un pequeño saliente. Ambas están ubicadas hacia el lado opuesto de la susodicha parada de bus. Nuevamente usamos el coche hasta que una tapia nos corta el paso (igualmente, nada recomendable para días de tránsito).
Playa Ancón
Un pasadizo entre dos tapias nos lleva directos a la playa de Patos y un camino junto a una barandilla continúa hacia la de Ancón. Algunas fotos para justificar nuestra presencia y desandamos el camino hacia el coche.

Aquí tenéis un enlace con más información y ubicación de las playas.

Tocaba ahora volver al coche y ascender todo el valle de la Orotava por la TF-21 hasta llegar al teleférico del Teide.

Un largo, curioso y bonito viaje que nos permitía ascender desde el nivel del mar hasta los 2300 m sobre los que se sitúa la base del teleférico que da acceso al Teide.

Entre medias; bellos pinares, la piedra margarita, un sinfín de miradores, las cañadas del Teide. Lluvia en los primeros metros, nubes en su mitad y sol radiante en su final. Cambios de temperatura. Presión auditiva. Vegetación abusiva al principio y ausencia total deella al final.

Los carteles informativos de altitud pasaban delante de nuestros ojos con la misma facilidad que los hitos kilométricos.

Todo un viaje por carretera que te hace sentir que te teletransportas en una máquina del tiempo.

Una vez en la base del teleférico. Dejamos el coche en el parking y esperamos nuestro turno para ascender hasta su parte superior, La Rambleta, a 3550 m de altura.
Cañadas del Teide
Si rápido nos pareció el ascenso en coche; el superar más de 1200m de desnivel en menos de 7 minutos, nos hace plantearnos si es saludable este viaje de hoy.

Pero las vistas que obtenemos mientras el teleférico hace su trabajo, nos permite evadirnos de esos dubitativos pensamientos. Las cañadas se muestras imponentes bajo nuestros ojos y el mar de nubes le da un toque dulce a la postal. Nos estropeará las vistas hacia el resto de las islas, pero le dará ese toque épico de ascenso "por encima de las nubes".
Mar de nubes
Una vez arriba, en la Rambleta, el descenso de temperatura se hace patente. Existen varias opciones una vez llegado a este punto. Disfrutar de las vistas y bajar. O realizar una de las tres rutas estipuladas dentro de este espacio protegido. Dos de ellas no necesitan permiso especial. La otra, la que asciende hasta el punto más alto de nuestro país, sí. Con algo más de un mes de antelación lo reservamos gratuitamente en esta página oficial.

Un acertado control que restringe el acceso a solo 150 personas por día. Permiso valido para únicamente dos horas.

Y como somos así, pues arriba que fuimos... Pero ahora la naturaleza nos recordó que nuestro ímpetu debe estar acompañado de sentido común. La rapidez con la que habíamos ascendido desde el nivel del mar y la falta de oxígeno nos ató de pies y manos.
El Teide desde La Rambleta
Una sensación incómoda la de tener el corazón que casi se sale del pecho con tan solo estar ahí. Sofocado sin haber hecho ningún esfuerzo físico. Y por delante, "tan solo" 200 m de desnivel concentrados en un kilómetro.

Y no solo eso, la precipitación de que en menos de una hora el teleférico dejaba de funcionar.

Fueron varias las paradas realizadas hasta llegar a lo más alto. El olor a azufre penetraba en nuestros orificios nasales a la vez que pequeñas fumarolas calentaban nuestros pies.

Sensación tan rara como satisfactoria, la de estar en lo alto de un volcán "relativamente" activo, en su mismo cráter. En el punto más alto de España. 3718 metros más alto de donde habíamos estado hacía unas pocas horas.
Tocando el punto más alto de España.
Un buen bocadillo de la "mami" mientras disfrutamos del poco tiempo de descanso que disponíamos. Mientras, la cabeza no paraba de girar hacia todos los puntos cardinales. La Gomera nos saludaba en el suroeste, las cañadas al este, el viejo Teide al sur y el mar de nubes al norte.

Queríamos grabar en la retina todo lo que se pudiese antes de emprender la bajada. Pero la cabeza parecía como fallar, con leves mareos. Sensaciones interesantes, curiosas... Tal vez insensatas.

Tomamos el último pase de bajada del teleférico. Seguiríamos nuestro día en busca de nuevos rincones.

Pero no podíamos despedirnos del Teide sin visitar su inseparable Roque García. Todo un homenaje a nuestra antigua moneda.
Roques de García
Tras el paso por la rectilínea carretera del malpaís comenzamos el largo descenso hasta Tamaimo. Seguidamente recuperamos altura hasta Santiago del Teide para adentrarnos en el Parque Natural del Teno.
Santiago del Teide, el Teide al fondo
La carretera tomaba matices serios, increíbles. Masca. Esa localidad que quiere recordarnos a Machu Pichu peruano. Ubicado en las entrañas de esos imponentes acantilados de los Gigantes. Solo haríamos una breve pasada. Nuestro destino hoy era la punta del Teno.
Masca
La carretera hasta Buenavista del Norte nos permite observar La Gomera, hoy con una boina de nubes que nos llama la atención. Carretera que pasa de la vertiente sur a la norte tras coronar las cumbres de Carrizal.
La Gomera desde las cumbres del Carrizal
Desde Buenavista tomaremos la carretera TF-445 hacia el faro del Teno, recién abierta al tráfico desde julio del 2015,  Carretera sometida a las bravas actividades de la mar que nos permitirá el acceso al lugar más bello de la isla para disfrutar de una romántica puesta de sol.

Esperando a la caída de este, podemos observas las paredes verticales de los acantilados de los Gigantes, aproximarnos al faro o simplemente divisar la silueta de la cercana isla de La Gomera.
Faro de la punta del Teno
Con la noche una vez echada encima, tan solo nos quedaba volver por la vía más rápida hacia nuestro lugar de descanso en Pto de la Cruz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario