jueves, 3 de diciembre de 2015

Parque Natural de Anaga y pueblos del noreste tinerfeños

El primer día, nada más aterrizar en La Laguna de un madrugador vuelo desde Madrid, tomamos el coche de alquiler para dirigirnos a Cruz del Carmen. Allí dejamos el coche en el parking y disfrutamos de un relajado desayuno previo paso por el centro de interpretación del parque natural.

La ruta elegida es la Hija Cambada, nombre que resulta de los árboles de laurisilva caídos y que vuelven a brotar.



Es una ruta muy sencilla, apta para cualquier persona capaz de andar una distancia de 6 kilómetros. Corta, pero que nos permitirá disfrutar de los típicos bosques de laurisilvas canarios. Su frondosidad y caos natural nos transportará a conocidos escenarios cinematográficos.
Bosque de laurisilva.
En los primeros compases nos toparemos con algunos ejemplares caídos sobre el mismo sendero, donde podremos observar los brotes que surgen sobre ellos.

Tras cruzar la carretera por segunda vez, el sendero se torna ancho y en ascenso para llegar hasta el cortafuegos de la cuerda del cabezo Zapata. Desde aquí, el bosque es conquistado por inmensos helechos que ponen de manifiesto la humedad de su clima. En descenso, y con cuidado de no tener resbalones, llegamos hasta la pista de las hiedras.
Humedad en Anaga.
Ahora el camino se encarama a la falda y transita cómodo, paralelo a las curvas de nivel. El bosque se abre por momentos y nos permite disfrutar de hipnotizantes vistas al pausado mar.
El Batán, desde la senda de las hiedras.
Al llegar a un cruce de caminos, debemos tomar el cortado por la barrera para comenzar el tramo final; recuperando así, el desnivel perdido. Es la parte más dura de la ruta. Perderemos de vista el infinito mar para volver a adentrarnos en un nuevo bosque de laurisilvas, donde nuestra imaginación entrará en acción.
Imaginación... 
Embelesados con este bonito bosque y su espectacular entramado de ramas, troncos y raíces, llegaremos al punto de inicio con la sensación de haber conocido una pequeña, pero suficiente, porción de este rincón tinerfeño.

Tras el pateo, de no más de dos horas, volvimos al asfalto. Cerca de allí se ubica el Pico del Inglés. Merecerá la pena acercarse y divisar desde allí el "otro" mar, la otra vertiente de este peculiar parque natural; así como la llanura de La Laguna con el Teide al fondo, velando todos y cada uno de los rincones de la isla.
Vistas desde el Pico del Inglés.
Continuando con el coche, podemos visitar Taborno para "familiarizarnos" con las carreteras tinerfeñas. Es esta una visita que podemos obviar en favor de otra localidad de la zona, Taganana.

Por la carretera TF-12 llegaremos hasta el mirador del Roque Suárez (desvío de un km por la TF-123). Desde arriba, contemplaremos la serpenteante carretera que desciende hasta Taganana. Merecerá la pena bajar del coche para disfrutar de las vistas.
Taganana, desde el Roque Suárez.
Para bajar hasta esta localidad, deberemos volver al cruce y retomar la carretera que traíamos que desciende hacia Sta Cruz para tomar el desvío, pasar un túnel y "disfrutar" del descenso.

Una vez en la línea de costa, seguiremos hasta el final del asfalto. Benijo. Allá donde los acantilados vencen a la carretera. "Obligados" a usar el parking de un restaurante y comer.
Playa Benijo desde el restaurante.
Las vistas de esta playa son de portada de libros turísticos. Con sus peculiares roques que irrumpen en la oscura arena, hacen de la velada un momento especial. Fritura de pescado y papas con mojo.

La vuelta sobre la misma carretera, ahora en busca de la capital. Sta Cruz. Carreteras proyectadas para conductores pacientes, que gustan de una conducción pausada para poder disfrutar del paisaje.

Playa de la Teresitas, artificial. Ciudad urbana. Huimos de ello. Autovía de camino a nuestro olvidado hotel en Puerto de la Cruz.

Pero antes parada en La Victoria del Acentejo en busca de algún Guachinche. Sí, bares caseros en bajos de casas privadas donde poder degustar productos típicos de la isla. Toda una alegoría a la simbiosis con los lugareños.

Ya en el Pto de la Cruz, paseo por los Lagos Martianez. Artificial.

Y cena, y sorpresa, y ron-miel.

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