lunes, 24 de febrero de 2014

Las dehesas de la Sierra de San Vicente

Preciosa, dura y completa ruta que transita por el suroeste de la Sierra de San Vicente, y que coincide con gran parte del GR-63, también conocido como "Senda de Viriato".

En ella podremos disfrutar de variedad de pistas rodadoras, divertidos caminos, técnicas trialeras o entretenidas veredas. Todo ello dentro del paraje de una espectacular dehesa mediterránea.
Unos de los caminos de la ruta
Solo un pero, debemos evitar realizar esta ruta en épocas de lluvia o días posteriores, si no queremos encontrarnos con arroyos excesivamente crecidos o caminos completamente anegados de agua; que si bien le dan a la ruta un punto épico y aventurero, puede llegar a ser molesto para los bikers menos "beteteros".



La ruta parte desde Cazalegas, nosotros concretamente lo hicimos desde su campo de fútbol donde hay una gran explanada para dejar los coches.

Comenzaremos los primeros metros descendiendo hasta la presa del embalse que retiene las aguas del Alberche, por donde cruzaremos el propio río.

En esta ocasión, pudimos disfrutar del espectáculo que nos ofrecía el desembalse de agua, con una gran caída artificial que nos haría presagiar lo que sería la tónica general de esta jornada tras la gran temporada de lluvias de este invierno.
Desembalse de agua en Cazalegas.
Llevaremos tres kilómetros cuando nos desviamos hacia la macrourbanización de "Serranillos Playa", una corta subida nos tensará las piernas y dará paso a unas leves ondulaciones que iniciarán oficialmente el calentamiento.

Durante estos primeros kilómetros pedalearemos rodeados de chalets que poco a poco nos irán dando paso a la extensa dehesa por la que transitaremos durante toda esta jornada.

A los nueve kilómetros habremos llegado a San Román de los Montes, siempre por un rugoso asfalto desde el inicio, donde podremos dar por concluido nuestro calentamiento.
Llegando a San Román
Tras cruzar la carretera CM-5001, tomaremos el camino de la izquierda que nos introducirá hacia el interior de una verde, tupida y extensa vaguada salpicada de encinas. Este camino es cruzado perpendicularmente por continuos regatos y arroyos. Tal vez, en épocas de lluvia serán incómodos de cruzar, pero en fechas calurosas pueden resultar bastante refrescantes.

El principal de ellos, el arroyo de la Moraleda, nos lo encontraremos tan solo un kilómetro después del inicio de este tramo. Es aquí donde seguro mojaremos nuestras piernas.

El resto de este sector, hasta llegar a la carretera TO-1275, discurre por cómodas ondulaciones con centenarias encinas que quedan a nuestra izquierda y que nos protegerán del sol; a la derecha, extensos prados con ganado vacuno pastararán libres a nuestro paso. No tengáis miedo, son completamente mansos.
Rodando por la dehesa.
A los 15 km de ruta cruzaremos perpendicularmente la carretera de Pepino, por el Área de Descanso que dará el pistoletazo de salida a la rampa más dura de la jornada. Un 23% de desnivel que se nos muestra ante nosotros poniendo a prueba nuestras aún frescas piernas. Afortunadamente, este tramo no supera el kilómetro y tiene un piso bastante bueno, por lo que pronto estaremos en el Alto de la Fuente Nueva para poder descender hasta la localidad de Pepino.

A la salida de esta población, un rápido tramo en leve descenso nos dirige hasta el peligroso cruce con la CM-5100. Debemos prestar especial atención en este punto ya que se encuentra en pleno cambio de rasante de la carretera.

El camino continúa por el tramo que tal vez sea el menos agraciado del recorrido. Durante unos pocos metros estaremos rodeados de pequeñas canteras abiertas.

Un giro brusco a derechas, nos obliga a descender por una vereda dejando atrás este poco agraciado paisaje; lo haremos con mucha precaución debido a la cantidad de roderas y su pendiente negativa. Es un divertido tramo que nos dejará de nuevo en una zona baja con cantidad de regatos que vadear.

Pronto llegaremos a la cola del pequeño embalse de La Portiña; pasaremos de un margen a otro gracias al puente de la carretera que desciende desde Segurilla.

Entramos ahora en un nuevo tramo muy divertido y completamente llano que bordea el perímetro sur de este pequeño embalse. El pinar que lo guarda nos permite disfrutar de un camino con pequeñas veredas que nos regala unas vistas muy interesantes de este lugar.
Pinos y encinas en la vega de la Portiña.
Descenderemos por delante de la presa que retiene las aguas para poder continuar bordeando su perímetro, ahora por el norte, y preparándonos mentalmente para el primer ascenso serio de la jornada.

Tras cruzar una barrera, se gira a la izquierda para acometer el ascenso hasta Segurilla. Marcaremos nuestra mirada en lo más alto entre las antenas de telecomunicación y su atalaya. Comenzamos a elevarnos sobre un campo de retamas que poco a poco va complicándose técnicamente a medida que vamos tomando altura.

Casi arriba, volveremos a cruzarnos con el mismo asfalto que unos kilómetros antes nos permitió el paso sobre la cola de este pantano.

Es ahora cuando el ascenso se vuelve duro y técnico. Pero poco a poco, según nos aproximamos a las antenas, el cariz cambia para dar un descanso a nuestras piernas. No obstante, el ascenso no habrá concluido aún hasta que hayamos vuelto a cruzar de nuevo la misma carretera por tercera vez, para llegar a la segunda y definitiva antena.

Ahora ya tenemos Segurilla al alcance de nuestros ojos, una rápida bajada nos dejará en sus calles.

La salida de esta localidad la haremos su bella ermita, tomando una ancha y cómoda pista ondulada que nos dirige sin contemplaciones al vadeo del caudaloso arroyo Marrupejo.

Una vez en la vaguada del arroyo, encontramos unas piedras linealmente ubicadas a modo de corredoira gallega, que nos permite el paso sin mojar nuestros pies.
Cruzando el arroyo Marrupejo.
Tras su vadeo, a la izquierda quedan unas bellas vistas de este cauce encajonado entre berruecos y donde está situado un bonito y abandonado molino de agua.

En el ascenso, el camino va desapareciendo, encajonándose entre muros de piedras que hacen de linde para separar ganados. Es este tramo el más bonito y aventurero de toda la ruta. Muy técnico, y anegado de agua en esta ocasión.
Escondida vereda
Convertido el camino en un estrecho sendero entre muros y reses, le debemos sumar la presencia de encinas que se adentran en el camino dándole a este una áurea muy especial. Tal vez debamos echar pie a tierra en algún momento, pero ello no quitará belleza al lugar, es más, se lo sumará.

Pronto, y dentro de este mismo sendero, el camino desciende. Debemos poner especial atención para no salirnos del trazado que serpentea entre las encinas e intenta esquivar las piedras que brotan del suelo. Concentración y habilidad deben ir de la mano. Momento perfecto para disfrutar plenamente de una bicicleta de doble suspensión, sintiendo una auténtica simbiosis con la naturaleza.
Saliendo del tramo técnico.
Un camino marcado sale a nuestro encuentro para dirigirnos hacia la Cañada de las Merinas, que tomaremos hacia la derecha.

Pista ésta ancha, rodadora y bien adecentada que nos permitirá descansar mentalmente del tramo que acabamos de recorrer. Nos conducirá directos hacia Sotillo de las Palomas en un leve ascenso en su primer tramo, pero que se endurece a medida que nos aproximamos a la localidad.
Cañada de la Merinas.
En Sotillo podemos hacer una pequeña parada para retomar agua y oxigenar las piernas. También podremos disfrutar de sus gentes, orgullosos de en sus pueblos de visitas como las nuestras. Gentes muy agradecidas y hospitalarias las que habitan por estos lares, tristemente tan olvidados.
Descanso en Sotillo de las Palomas.
La salida de este pueblo está algo escondida, pero no tiene pérdida; eso sí, nos desafía con un corto pero duro ascenso entre encinas que a su vez nos proporciona una sombra que en épocas de calor será muy agradecida.

Es a penas un kilómetro y medio, que compensará nuestro esfuerzo con una bonita y rápida bajada entre un camino delimitado por muros de piedra que distribuyen el ganado a uno y otro lado del trazado.
Camino saliendo de Sotillo
Debemos poner especial atención con el siguiente desvío. El giro es obligatorio a la izquierda, pero tenemos dos opciones; una por camino y otra por sendero. El primero no tiene pérdida pues se ve a simple vista. El segundo está muy escondido, y nace en un trozo de muro semiderruido unos pocos metros antes de llegar al susodicho camino. Incluso llevando GPS, costará encontrarlo, pero merece la pena perder tiempo en buscar esta vereda que transcurre paralela al camino unos cuantos metros más arriba.
Sendero escondido.
Serpenteará entre encinas y recorrerá un bonito prado que nos conduce directos a Marrupe. Muy cómodo y fácil de seguir una vez que estás en él. La parte final es posible que esté anegada y debamos recurrir a la potencia de piernas para salir del tramo sin echar pie a tierra.
Merece más la pena que el camino.
Saldremos de la vereda a un camino que nos obliga a cruzar una nueva carretera y entrar a Marrupe por su "campo de fútbol" y un bonito paso sobre el arroyo Marrupejo.

Tranquila y apacigüe localidad que dará inicio al ascenso final de la jornada. La salida por una pista hormigonada nos va a llevar hasta la cota más alta de la ruta. Siempre serpenteando entre encinas irá tomando altura paulatinamente. Es posible que en este punto las fuerzas empiecen a flaquear.
Ascenso hormigonado de camino a Hinojosa
Son tres kilómetros de ascenso, a lo que se unirán a unas ondulaciones en lo más alto que podrán rematar tus piernas si no has llegado a este momento con reservas.

No obstante, las vistas que nos ofrece este sector, nos puede servir de opio para ellas. Un mirador nos ofrecerá un descanso para disfrutar de un claro ejemplo de dehesa típica mediterránea.
Vistas de la dehesa desde el mirador
Desde el mirador comenzará una rapidísima bajada hacia el arroyo de las Tenebreras, en la que tenemos que poner especial cuidado si no queremos salirnos del estrecho trazado hormigonado; aprovecharemos para disfrutar y descansar puesto que este descenso culminará con un repentino y traidor ascenso hasta Hinojosa.

Será ya en esta localidad, a falta de 20 km para concluir, cuando podamos decir que el 90% de lo que resta de ruta, es en bajada.

Y prácticamente así será; eso sí con especial cuidado, pues la velocidad puede hacernos jugar una mala pasada. Es un camino que poco a poco se va ensuciando de piedras sueltas, llegando al final a un tramo puramente trialero, muy divertido y exclusivo para los más atrevidos.
Tramo muy trialero.
Tras este peligroso y ameno descenso llegaremos al cruce de la carretera que une San Román con Castillo de Bayuela, el cual tomaremos unos poco metros para volver a salir a una pista asfaltada que nos permitirá pasar el arroyo Guadamora con un nuevo y corto ascenso hasta llegar a la carretera de Cardiel.

/Es aquí donde debimos recortar y tomar el tramo de carretera hasta cruzar el Alberche para recortar tiempo, pero la ruta original llega a Cardiel por un bonito sendero paralelo al arroyo Saucedoso que parte desde este mismo cruce de carreteras/

Tras cruzar la cola del pantano de Cazalegas por la carretera, giramos hacia el oeste en busca de esta localidad que pondría el punto y final a esta gran ruta. Aunque ante de finalizar, la ruta nos ofrece una última trampa a modo de "leve" ascenso hasta llegar a lo alto de este pueblo.
En el embalse de la Portiña.

4 comentarios:

  1. Nos la apuntamos en el "debe" para repetirla con menos agua y para hacerla 100% camino.

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  2. Gran ruta, y perfectamente explicada, con todo tipo de detalles. Habláis de hacerla, con menos agua, pero , no creéis, que ahí, radica el "espíritu aventurero del mountain bike"????. Agua, barro, me bajo, me subo en la bici, sorpresas, etc,etc...a lo mejor Alberto y David...en terreno seco, la sensación es diferente. Magnífica ruta, y magníficas fotografías. Fdo ANGEL CARRILLO

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  3. Bueno. Un poco menos agua. A los 30 minutos de ruta, 10 de la mañana con 3/4 grados, habíamos metido las patas hasta la rodilla dos veces.

    Pero sí. Fue toda una verdadera aventura.

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  4. Yo disfruto de estas rutas... Me conoces bien Ángel, es lo que me gusta, puro BTT. Sufrí por los demás, no por mí. Pero sí, volveremos con menos agua...

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