miércoles, 5 de junio de 2013

Parque Natural de Cabo de Gata

Esta es la historia de una gran experiencia, y mejor aventura, realizada con dos grandes amigos y compañeros de fatigas. Los tres unimos ese amor incondicional por la bicicleta que nos ha llevado a programar estas vacaciones del puente del Corpus y de la Comunidad de Castilla La Mancha con nuestras inseparables máquinas de rodar.

Llevaba mucho tiempo queriendo hacer una escapada con una autocaravana. Varias y diferentes opiniones son las que recibí acerca de la comodidad y practicidad de este peculiar vehículo. Pero necesitaba la mía propia. Estos cuatro días, de finales de mayo y principios de julio, eran perfectos para ello.

La idea tomó forma con bastantes meses de antelación. Después de muchas idas y venidas de gente que por compromisos o trabajo no pudo acompañarnos, quedamos definitivamente tres mosqueteros; Juanjo "Zapatitos", Alfonso "Brother" y el que escribe.
Los tres mosqueteros.
Durante este tiempo, hasta el mismo día de partida,  fuimos realizando diferentes gestiones como el alquiler de la autocaravana, la búsqueda de campings o la edición de rutas por la zona a recorrer, que en un principio fue Asturias. Fuente De, Lagos de Covadonga, Angliru... A falta de unos días todo estaba preparado para que nos diese el visto bueno las previsiones metereológicas.

Estas previsiones no nos permitieron tomar rumbo norte, así que dos días antes de partir decidimos cambiar  hacia el sur, asegurándonos el buen tiempo, gracias a la flexibiliad que te permite viajar en autocaravana.
Nuestro "motorhome"
El problema era localizar lugares de interés natural y cultural, y editar rutas adaptadas a nuestro nivel en tan poco tiempo. Después de dos estresantes tardes tenía un "tríptico más uno" de rutas. Cabo de Gata, Desierto de Tabernas-Sierra de la Alhamilla y La Alpujarra. A las que se uniría una participación el último día en la IV Marcha "Los Cañoneros" Memorial Elías Chaves organizado por el CD La Tormenta de Lanjarón, gracias a los contactos de un compañero de trabajo de Alfonso.

El viaje se nos hizo largo, ya que nuestra casa rodante fue más lenta de lo esperado. Por tanto llegaríamos a nuestro destino más tarde de media noche, lo que nos impediría hacer la recepción en el camping. Es por ello que decidimos cenar tranquilamente en una gasolinera de la A-7 y llegar con tranquilidad para hacer noche en el parking vigilado del camping
Preparando las torillas con piemento en algun lugar de la A-7

Nuestro lugar de partida es el Camping Cabo de Gata, situado en un camino que parte del punto kilométrico 9 de la carretera AL-3115.

La mañana amanece tranquila, no tenemos miedo a las temperaturas en esta época del año, que aún son benévolas, pero sí al viento tan característico de la zona. Este se mantendría tranquilo hasta las 15:00, momento en el que comenzaría a preocupar su presencia.

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Nos ponemos a rodar por una zona llana durante los primeros nueve kilómetros, que nos vendrían muy bien para calentar y poner en acción las piernas después del largo viaje del día anterior. Por unos caminos llegamos a Pujaire, de aquí un leve tramo de carretera para desviarnos de nuevo a una pista que bordearán las Salinas del Cabo de Gata por su perímetro norte. Es curioso como la altimetría del GPS te marca que ruedas a 4 metros negativos bajo el nivel del mar debido a la depresión de estas salinas.
Salinas del Cabo de Gata
Este tramo nos saca al núcleo de La Fabriquilla para rodar nuevamente por asfalto y dar por concluido el tramo de calentamiento. Ya estamos a los pies de las lejanas ondulaciones de origen volcánico que divisábamos al iniciar nuestra jornada de hoy. Éstas comenzaban a dificultarnos el terreno para llegar hasta el siguiente punto de interés. El faro del Cabo de Gata.
Aproximándonos al faro de Cabo de Gata
El azul intenso del mar, unido al azul suave del cielo, hacían de opio para nuestras piernas en estas primeras y duras rampas que se escarpaban entre la roca volcánica para acceder a este estratégico punto del sureste peninsular.

Al doblar a nuestra izquierda por primera vez, el elevado Cerro de San Miguel nos recompensó nuestro esfuerzo con una espectacular instantánea para los ojos. Nuestra cara reflejaba una contrapuesta sensación de esfuerzo y alegría conjunta al recoger nuestra primer regalo visual de los muchos que recibiríamos a lo largo de la ruta de hoy. El faro del Cabo de Gata.
Faro del Cabo de Gata
Pasamos junto al Arrefice de las Sirenas y el del Dedo. Peculiares salientes puntiagudos desde el fondo del mar y muy próximos a la costa, que llaman nuestra atención a nuestro paso. Rodábamos ahora tranquilos antes de batirnos en duelo con el próximo promontorio rocoso.

Arrefice del Dedo
Arrecife de las Sirenas
La siguiente batalla con este paraje volcánico lo acometimos contra el Collado de la Vela Blanca, y su imponente torre vigía convertida en la actualidad en antena de telecomunicación. Aquí es la primera vez que se rompe el grupo. Son apenas dos kilómetros de ascensión pero con desniveles cercanos la veintena porcentual. Juanjo por delante, Alfonso detrás y yo cerrando el grupo. Sería la tónica de todo el viaje.

Pero al igual que antes, todo esfuerzo supone una recompensa. Si miramos hacia detrás, estábamos dejando este espectacular paraje de Parque Naturall.
Vista atrás desde el collado de la Vela Blanca.
Aquí nos encontramos con una cadena que cortaba el paso a todo vehículo rodado a motor, impidiendo el tránsito a las célebres playas de San José. Una sinuosa, pero ancha, pista nos descendería hasta estas turísticas playas y calas, ahora desérticas.

Descenso hacia las playas.
Rodando de nuevo de manera calmada, transitamos por la Cala Carbón, Cala Media Luna y por la cinematográfica playa de Monsul donde se han rodado famosas películas como "Indiana Jones y la Última Cruzada".
Playa de Monsul.
Con cuidado de no pasarnos la salida a la derecha de la pista por un pequeño sendero, nos desviamos para aproximarnos a la espectacular playa de los Genoveses. Una amplia y kilométrica ensenada que el día de hoy se encuentra vacía pero que en los meses de verano es tomada por cientos  de turistas.
Playa de Genoveses
Bordeamos la playa sin introducirnos en la arena por un bonito pinar que la da acceso y tomamos rumbo hacia la Cala de los Amarillos para bordear el cerro del Ave María y acceder al primer núcleo de la jornada por un bonito sendero junto al mar. Pero antes debemos pagar el conseguir esta bella imagen con un leve tramo de empujabike de menos de 100m.

Ya en San José, una breve parada técnica y continuamos nuestro camino por su paseo marítimo para salir por la parte casi posterior de la localidad permitiéndonos bordear el Cerro de Enmedio.
Paseo marítimo de San José
Una buena pista nos dirige hacia la Cala Higuera. Una cadena vuelve a cortar el paso rodado a motor. En breve debemos tomar un desvío a izquierdas que empeora el piso y comienza a ascender. Se nota que es un tramo menos transitado que serpentea por la ladera del Cerro de la Higuera hasta llegar a un punto donde la pendiente pone a prueba de forma conjunta tanto nuestra habilidad como potencia sobre la bicicleta. Son apenas 50m, que a pesar de la buena tracción, consigue romper nuestro pedaleo.
Ascenso al cerro Higuera, al fondo la rampa inciclable,
De nuevo una preciosa recompensa a modo de horizonte azul. Con cinco kilómetros de nuevo paralelos al mar por una pedregosa y ancha pista bordeando la ladera del Cerro de los Frailes, que con sus 492msnm es el pico más elevado de todo el Parque Natural.

Es éste un tramo de leves ondulaciones, pero rápido. La velocidad nos obligaba a centrar nuestra atención en el piso para realizar trazadas seguras. Fue un sector de continua lucha de atención entre ambos objetivos oculares, el irregular piso y el impresionante horizonte. Tuvimos más de un susto innecesario. Pero era un delito no levantar la vista y observar la instantánea de estas escarpadas laderas muriendo de forma recortada en un suave y tranquilo mar mediterráneo a modo de calas y puntas.
Por la loma del Cerro del Fraile
De repente, casi sin darnos cuenta, la pista se convierte en un larga y recta bajada. Las escarpadas laderas desaparecen y dan paso a una llanura. La costa se hace rectilínea en la zona de Los Escullos, con su imponente castillo de San Felipe, ahora casi a nivel del mar. Rodamos paralelos a la playa de Piedra Galera. Zona de marcha veraniega con el afamado Bar de Joe, la discoteca Chaman y las Jaimas. Todo ello inactivo en estas fechas.
Los Escullos
La pista de tierra se convierte en un vetusto asfalto para dejarnos en la carretera AL-      por la que rodaremos a penas unos kilómetros para desviarnos por un escondido sendero que sale a la dercha de nuestra marcha y nos guiará hasta la localidad de la Isleta del Moro. Es un bonito tramo que zigzaguea para vadear un torrente seco y dejarnos definitivamente dentro de este nuevo núcleo urbano.

Para salir de este lugar tomamos el asfalto que lo une de nuevo con la carretera que habíamos tomado anteriormente, pero tomamos un atajo que nos permite ahorrar kilómetros de asfalto para sacarnos más adelante y enfrentarnos a la inevitable subida al Cerro de la Amatista con sus cortas, pero duras, rampas de subida que nos dejarán en su espectacular mirador, primero, y más tarde nos dará paso al extenso valle de la minera villa de Rodalquilar.
Valle de Rodalquilar
En la bajada por la carretera tenemos que estar atentos de no pasarnos el desvío a la derecha para adentrarnos en un tramo alejado del mar. Transitamos ahora por diferentes cortijos y zonas de cultivo imposible. Palmitos y cactus sitian el camino por el que rodamos. Un pequeño laberinto de caminos nos dirige hasta la cómoda pista hormigonada que da acceso a la turística playa de El playazo, previo paso por unas de las multitudinarias torres vigías existentes en la zona.

De nuevo volvíamos a divisar el intenso azul del mar. Llegábamos al parking de esta playa que ya por estas fechas tenía bastantes inquilinos a modo de caravanas y acampados.
El Playazo.
Nuestra ruta gira hacia la izquierda en busca del castillo defensivo de San Ramón desde donde podemos encontrar unas espectaculares vistas de esta playa a la que protege.

Entraremos en una zona que nos indica que es una propiedad privada y en la cual están sembrando cactus y vegetación de la zona para impedir el paso, muy próximo a la fortaleza. Pero si nos separamos un poco hacia el interior podemos encontrar el camino marcado como sendero local que une esta playa con el Camping de Las Negras, en la Cala del Cuervo; nuestro siguiente objetivo.
Hacia la cala del Cuervo
Deberemos empujar un tramo de a penas 10 metros para superar una rampa imposible de ciclar. Entraremos ahora en una parte complicada, no muy larga, pero que nos obliga a desempolvar nuestras habilidades sobre la bici. Es una zona donde no hay lugar a errores, ya que el directo acantilado hacia el mar es bastante respetable. En algún momento tuvimos que echar pie a tierra por precaución y para poder disfrutar de las vistas que este tramo nos ofrecía. Pero todas estas molestias bien merecen la pena.
Preciosas instantáneas.
El descenso hasta el Camping de la Caleta es por senderos donde deberemos descender con precaución por alguno de los diferentes senderos que bajan hasta la Caleta del Cuervo, donde está ubicado este camping.

Una vez abajo tomaremos el camino asfaltado que une esta ubicación con la población de Las Negras. Este sector es un tramo ancho, muy bien adecentado y cómodo que nos permite descansar de la aventura de los acantilados anteriores. Poco a poco, siempre con el mar a nuestra derecha, el promontorio de la Molatilla nos va presentando la pequeña y tranquila población de Las Negras.
Llegando a Las Negras
Un breve callejeo nos permite observar que se trata de un bohemio lugar de casas blancas y calles tranquilas, al menos en esta época del año. Buscamos el paseo marítimo y nos damos de bruces con la arena de la playa. Los edificios daban salida directa al mar, sin paseo que hiciese de forntera natural.

Tanto nos llamó la atención este bonito lugar que hicimos una parada obligatoria para reponer líquidos, energías y hacer una importante toma de decisiones.
Chiringuito en Las Negras
Coca-Cola en mano, era consciente de que lo más duro estaba por llegar. El acceso y, sobre todo, la salida de la Cala de San Pedro se me antojaba complicada por lo poco que pude investigar con el ordenador en el breve tiempo del que dispuse antes de partir.

La otra opción era tomar la carretera hasta Fernan Pérez y volver a nuestro camping por asfalto. No lo veía claro, pero era el primer día y teníamos muchas energías, ganas e ilusión. Decidimos seguir adelante, ignorantes de lo que nos esperaba.

(Se recomienda la opción de anular este tramo y tomar la carretera hasta Fernan Pérez para empalmar con la ruta original. El tramo de la Cala de San Pedro, no es nada aconsejable)

Salimos de Las Negras para tomar la pista de aproximación hasta la Cala de San Pedro. Tres kilómetros de acceso hasta una explanada a modo de parking desde la cual el trazado se convierte en estrecho sendero. Onubilados de lo que se nos asomaba frente a nuestros ojos, seguimos nuestros pasos, teniéndonos que bajar de la bici en momentos puntuales. De nuevo nos topábamos con un paraje excepcional, pero con una ruta que poco a poco se iba complicando a medida que nos acercábamos a esta incomunicada y escondida garganta, utilizada por los piratas como punto de actividades ilegales.
Cala de San Pedro
Mi mirada al frente, me hacía observar el Rellano de San Pedro, un altiplano de 200m sobre el nivel del mar con una falda casi perpendicular por donde supuestamente deberíamos hacer la salida de este lugar. Era el punto negro de la jornada, pero no sabía hasta que punto sería de complicado.

Más preocupado por este aspecto que por disfrutar del paisaje, llegamos hasta la playa obligándonos a separarnos de nuestra montura y pasar junto a una fuente donde podemos reponer agua.

Pendiente del GPS para buscar el temeroso ascenso, deambulamos por el fondo del barranco hasta que mis ojos ven lo que no querían encontrar. Un sendero roto, de montaña, con un desnivel imposible zigzagueando la loma.

Recordaba el comentario de la persona de la que tomé este tramo "es una pendiente donde tocará empujar mucho la bici"  ¡¡¡Mentira!!! No empujamos para nada la bici, la cargamos a nuestra espalda para ascender casi un kilómetro por un sendero donde ni siquiera con botas de montaña se ascendiese con seguridad.
Cala de San Pedro desde su rellano
Mil rayos, demonios, truenos y relámpagos pasaban por nuestras mentes. Sudor, calor, temblor. No me importa sufrir con la bici, pero esto era pasar un peldaño más, esto era penar con la bici.

Más de media hora nos llevo hacer este sufrido y desaconsejado tramo hasta que llegamos a lo más alto. Pudimos entonces rodar un poco hasta que llegó nuestra segunda e inesperada sorpresa. Ahora deberíamos bajar casi todo lo ascendido, de nuevo bajados de la bicicleta. A penas 500m mucho más rápidos que los anteriores que terminaron en una pista pedregosa donde Alfonoso se vio obligado a quitar presión de su amortiguación.  Rodábamos casi cresteando un precipicio a nuestra derecha del que poco a poco nos fuímios separando para adentrarnos en un sendero rápido.
Sendero pedregoso
La Cala del Plomo apareció ante nuestros pies, el descenso de nuevo muy técnico nos puso en evidencia en más de una ocasión. Agua Amarga quedaba apenas a unos kilómetros para concluir nuestro recorrido previsto, pero este último tramo había acabado con nuestra paciencia. Habíamos perdido más de dos horas para rodar poco menos de 10 kilómetros. Abortamos llegar hasta esta localidad y tomar la pista que parte desde la Cala de Plomo hasta la carretera que hubiésemos tomado en un principio. Un pequeño recorte por la Rambla del Plomo, que no varió los kilómetros finales .
Cala del Plomo, al fondo Agua Amarga.
Fue en este tramo donde me dio un bajón fisico. La falta de agua, el calor y la fatiga de portar la bici en demasía me pasó factura. Tanto es así que mi deseo solo era llegar al asfalto. Ignorante de mi tan solo estaba empezando mi tortura.

Diez sufridos kilómetros hasta que llegamos a Fernan Pérez, sin agua, sin fuerza y con un exceso de hora. Eran las tres del medio día, hora tope para llegar al punto final debido al aumento de vientos en la zona. Alfonso me ofrecía agua, y unos leves empujones para concluir el ascenso por el asfalto hasta el punto más alto de la ruta.

Fernan Pérez llegó como un oasis, botellas de agua fría tenían más valor que el oro. Apenas tenía saliva en la boca y me preocupada la deshidratación. Algo de comida y un relax en las piernas. Paramos para 10 minutos, pero estuvimos casi 45.

Cuando nos pusimos de nuevo en camino aun quedaban 25 km para llegar, el viento que se levantaba nos daba lateral, y debíamos descender hasta el nivel del mar, al menos en eso tuvimos suerte. Una fuerte ritmo impuesto por Juanjo y Alfonso me hicieron rodar con soltura.

Por caminos vecinales asfaltados pasamos por Los Martinez, Los Albaricoques y El Barranquete. Localidades de paso que marcaban una línea casi recta hacia nuestro camping.

En esta última nos desviamos paralelos al seco Barranco Morales que nos dejó en la carretera de acceso a la localidad de Cabo de Gata y en su kilómetro 9, el camino hacia nuestro camping.

A las 17:00, ocho horas más tarde, habíamos llegado a la caravana con 100 km en la piernas y unos demoledores 1500m d+ rompepiernas. Había merecido la pena. Todo, excepto el tramo de la Cala San Pedro.

Ahora quedaba hacer el ingreso en el camping, merendar, ducharnos y disfrutar del relax que nos ofrecia este casi vacío lugar.



CONTINÚA LA ESCAPADA EN "EL DESIERTO DE TABERNAS Y LA SIERRA DE ALHAMILLA"


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